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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
Entre cerezos, pero sin flor
#1
Finalizada la primera prueba del examen de Chūnin, gran parte del peso que sentía se fue con las últimas palabras escritas. Pero no fue así con la ansiedad que sentía. Donde antes había estado el nerviosimo y el miedo a lo desconocido, ahora quedaba una profunda angustia hacia el resultado de la prueba.

«Mal. Todo mal.» Se repetía una y otra vez, torturándose a sí misma. «Todas mis respuestas estaban mal, seguro. Ojalá pudiera tener de nuevo el examen y cambiarlas. Ojalá pudiera... Ojalá pudiera...»

Pero nada de eso sucedería. Y, para su desgracia, Ayame lo sabía muy bien. Y encima no conocería el resultado del examen hasta varios días después...

—Espero que al menos a Daruu-kun le fuera mejor que a mí.

Por eso, buscando la paz que estaba muy lejos de sentir, sus pasos la condujeron hacia un lugar peculiar. El famoso Jardín de los Cerezos de Uzushiogakure, con cientos y cientos de árboles por doquier. Aunque para aquella estación del año en la que se encontraban las flores ya habían desaparecido, Ayame, en contraste con la gris y acerada ciudad de Amegakure, encontró el paisaje abrumadoramente bello.

—¡Qué bonito!

Y regocijándose en el cántico de los pajarillos y buscando guarecerse del intenso calor del verano, se sentó a la sombra de uno de los árboles más grandes, cerca de un estanque.
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#2
El día era tan radiante como el anterior en la hermosa villa de Uzushiogakure, los pájaros piaban, el agua mojaba y el viento silbaba entre las ramas de los desinteresados cerezos del Jardín de los Cerezos. Así que era el momento idóneo para ir a uno de los puestos del jardín a por un buen y fresquito helado para aliviar la emotiva expresión de tu querido perro emo.

Pero, pardiez, mayúscula fue mi sorpresa al ver que me habían robado mi sitio al volver al árbol bajo el cual me cobijaba. Se me hubiera caído el helado, si no fuera porque ya me lo había acabado. No es que aquel sitio estuviese precisamente cerca, ni que yo me hubiese dado mucha prisa, ni que el helado aguantase mucho con el calor que hacía. Volviendo al tema que nos ocupa. Una kunoichi extraña se había aposentado en MI sitio, bajo la sombra de MI árbol.

Me acerqué a ella ignorando los extraños bufidos de mi perro, que era su forma de decir "te lo dije" de forma sutil. Él había sugerido mear en el árbol para marcar que era nuestro. Lo cual, teniendo que sentarte después, ni a mí me apetecía.

Me planté ante ella, le señalé el suelo y aún con el palo del helado en la boca mostré mi indignación.

Ese es mi sitio
Nabi
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#3
Ayame se tumbó en el césped, con los brazos detrás de la nuca a modo de almohada y disfrutando de la brisa fresca que acariciaba su piel y que aliviaba la inclemencia del calor del verano. Al cabo de varios minutos creyó que podría dormirse en cualquier momento, de hecho ya notaba la sugerente pesadez en sus párpados...

Hasta que escuchó el crujir de la hierba junto a ella y se reincorporó como acto reflejo, alerta.

Se trataba de un chico de aproximadamente su misma edad. Realmente no había nada en él que llamara la atención, era el típico chico de tez algo bronceada, cabellos y ojos castaños. Si acaso, los dos colmillos rojos que llevaba tatuados en las mejillas. De hecho, el pequeño perro que le acompañaba parecía más interesante que él, y a Ayame le arrancó una sonrisa de ternura.

—Ese es mi sitio —dijo, con un tono de voz tan monótono que por un momento le recordó a la de cierto Uchiha. Dado que llevaba un palo en la boca, a Ayame le costó entenderle, pero terminó por hacerlo.

La kunoichi le miró de reojo, a juzgar por la bandana que llevaba anudada al cuello se trataba un shinobi de Uzushiogakure de rango bajo.

—Pero... no pone tu nombre en ningún sitio —comentó, genuinamente confundida. Fue entonces cuando se acuclilló, con los brazos extendidos para llamar al animal que acompañaba al chico—. ¡Ven , perrito bonito! ¡Ay, pobrecito! ¿Le pasó algo en el ojo?
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#4
La kunoichi, para variar, me ignoró gratamente en favor de Stuffy. Ya había algo en ella que no me convencía, pero cuando habló, las piezas encajaron. Una kunoichi de Ame, con esas pintas, haciendo maldades y haciéndose la inocente. Estaba claro quien era. Claro como el agua clara.

—Pero... no pone tu nombre en ningún sitio ¡Ven , perrito bonito! ¡Ay, pobrecito! ¿Le pasó algo en el ojo?

La miré impasible. Stuffy, que era totalmente ajeno al conocimiento que yo poseía sobre aquella malevola persona, se acercó ante la promesa de ser acariciado hasta la saciedad. Aunque se acercó mirando para otro lado y soltando un bufido, pero poniéndole el lomo a Aotsuki Ayame para que le acariciase. Este maldito perro tenía menos sentido para detectar la maldad que una piedra sedimentaria.

Era una situación peliaguda. Estaba en mi árbol, haciendo de sus maldades por mi propia villa. Está claro que tenía que actuar, pero ¿cómo? Oh, dios, esto parecía una prueba del examen de Chunin. Usaría mi dialéctica para sacarle más de sus macabros planes.

Tú eres Aotsuki Ayame.

Bien por la dialéctica.

Quiero decir, creo que tenemos un conocido en común. No te sonará por casualidad, Uchiha Datsue, ¿no?

Hala, hemos intercambiado menos palabras que con un panadero cuando vas a por pan y ya estaban todas las cartas sobre la mesa. Le estaba diciendo claramente, sé lo que pasó, mala pécora. Así que ahora confiesa todos tus pecados y vete de mi árbol. Pero de momento solo podía esperar su reacción.
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#5
El animal se acercó a ella. Parecía algo receloso, pero le ofreció el lomo y Ayame enterró su mano en el pelaje, negro como el carbón del animal, comenzó a acariciarle con una bobalicona sonrisa de ilusión.

—¡Oh, pero qué perro más bonito! —comentó en voz alta, aunque se lo estaba diciendo directamente al animal mientras comenzaba a rascarle el lateral del cuello.

Y podría haber seguido así durante un buen tiempo, pero la voz del dueño del perro la sobresaltó.

—Tú eres Aotsuki Ayame.

Ayame alzó la mirada hacia él, genuinamente confundida.

—¿Nos... conocemos? —le preguntó, ladeando la cabeza, tratando de hacer memoria. Sabía que era un desastre para esas cosas, tanto para los nombres como para las caras, pero por mucho que pensara, no conseguía ubicar el rostro de aquel chico ni al perro que le acompañaba. entre sus recuerdos.

—Quiero decir, creo que tenemos un conocido en común —continuó—. No te sonará por casualidad, Uchiha Datsue, ¿no?

Y la pronunciación de aquel nombre congeló las facciones del rostro de Ayame, y la mano con la que estaba acariciando al animal.

—Sí. Le conozco —contestó, con voz lenta y cauta. Se reincorporó con lentitud, sus ojos entrecerrados clavados en él. Porque su tono de voz no auguraba nada bueno. Aquella pregunta había parecído una afirmación casi disfrazada de amenaza que una cuestión por mera curiosidad.
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#6
—Sí. Le conozco

La actitud de la chica cambió de inmediato. Como si acabase de coger la mascara de inocencia que llevaba puesta y la hubiese tirado al suelo para pisotearla y ahora me miraba directamente. Se reincorporó y ya vi por donde iban los tiros. Alcé una mano con la palma abierta mirando hacia ella tratando de calmarla de alguna forma mágica y misteriosa. Mientras con la otra mano alcanzaba mi portaobjetos por lo que pudiese pasar.

Preferiría evitar la violencia. Piensa bien qué haces, estamos en mitad del jardín, en pleno examen de chunin. Del que, supongo, eres participante. Cálmate y hablemos como compañeros de oficio. Con calma y buenas intenciones.

Ahí iba yo de nuevo, usando la diplomacia. ¿Por qué? Si no me había funcionado nunca. Stuffy estaba tumbado sobre la hierba como si la cosa no fuera con él, pero su atención se centraba en la situación que nos acontecía, a la espera de ver cómo se solucionaba.
Nabi
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#7
El recién llegado había alzado una mano en señal reconciliadora; sin embargo, eso no era lo que decía su otra mano, más bélica, que había dirigido hacia su portaobjetos. Por eso, no se relajó.

— Preferiría evitar la violencia —dijo el chico, y Ayame alzó una ceja en un gesto cargado de sarcasmo—. Piensa bien qué haces, estamos en mitad del jardín, en pleno examen de chunin. Del que, supongo, eres participante. Cálmate y hablemos como compañeros de oficio. Con calma y buenas intenciones.

Desde luego, y tal y como afirmaba el chico, la situación estaba completamente en su contra. Ayame lo había sabido desde que había puesto el primer pie en Uzushiogakure, y por eso sabía bien que no debía hacer ninguna tontería mientras se encontrara en un terreno que no fuera el suyo y mientras participara en una prueba tan importante como aquella.

Y bastantes tonterías habían ocurrido ya con aquel Uchiha del demonio. No iba a permitir que le arrebatara también el chaleco y la placa plateada que estaba persiguiendo.

—No tengo ninguna intención de iniciar ninguna disputa —replicó, cruzándose de brazos y sacudiendo la cabeza con desdén—. Pero tampoco quiero saber nada más sobre ese Uchiha, así que no tengo nada que decir sobre él. Además —añadió, inclinando la barbilla ligeramente—, puede que tú conozcas mi nombre pero yo no sé el tuyo.
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#8
—No tengo ninguna intención de iniciar ninguna disputa. Pero tampoco quiero saber nada más sobre ese Uchiha, así que no tengo nada que decir sobre él. Además, puede que tú conozcas mi nombre pero yo no sé el tuyo.

Me relajé un poco viendo que la chica pareció repensarse lo de iniciar un combate en pleno jardín de la gran y todopoderosa Uzushiogakure. Aunque lo peor fue cuando dijo abiertamente que no tenía ni puñetera idea de quien era. Joder, vale, no es que yo fuese pregonando mi nombre ni cometiendo locuras como otros para buscar la fama, pero tampoco había que ir a hacer daño.

Inuzuka Nabi.

Es todo lo que dije a la espera de algo mejor que decir para cortar la tensión que había en el ambiente. Si tenía que esperar a algo mejor, podía seguir esperando. Lo único que ocupaba mi cabeza eran preguntas y acusaciones, con algunas preguntas acusadoras.

Entonces, ¿te ves capaz de tener una conversación conmigo sin tener que acabar a hostias?

Retiré la mano del portaobjetos, porque la verdad es que tampoco es que hubiese muchos recursos en él, pero sobretodo en señal de paz y amor.
Nabi
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#9
—Inuzuka Nabi —terminó por presentarse, pero Ayame no añadió nada al respecto.

No se movió, ni siquiera pestañeó. Dadas las circunstancias, no podía esbozar un "encantada" que sonara menos falso que una moneda de siete ryō.

—Entonces, ¿te ves capaz de tener una conversación conmigo sin tener que acabar a hostias?

Ayame exhaló un profundo suspiro de exasperación y volvió a sentarse con las piernas cruzadas sobre el césped.

—Ya te he dicho que no tengo ninguna intención de iniciar ninguna disputa —discutió, apoyando la espalda en el tronco del cerezo con aspecto relajado, disfrutando de la ligera brisa que peinaba sus cabellos. Pero no apartó los ojos del Inuzuka en ningún momento, sólo por si las moscas—. ¿De qué quieres hablar, Inuzuka-san?
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#10
—Ya te he dicho que no tengo ninguna intención de iniciar ninguna disputa

Seguro que a Datsue le dijo lo mismo, y Shiona-sama sepa a cuantos más que confiaron y cayeron en sus acebolladas garras. Pero yo no era como esos memos confiados ni un salido al que convencer con facilidad, yo era la roca que resiste a ser transformada en sedimentaria por las olas, yo era ese diamante curtido a presiones insondables para ser duro.

¿De qué quieres hablar, Inuzuka-san?

Me senté en frente de ella, a una distancia prudencial de un par de metros. Stuffy estaba tumbado exactamente en el mismo sitio, con la misma actitud de alienamiento situacional. Que efectivamente, no iba con él la cosa, la verdad es que ni conmigo tampoco. Esto iba de la dignidad de la villa, del sagrado derecho de todo compañero de armas a ser respetado y a no ser traicionado impunemente por una devora vegetales.

Hablemos de lo típico, no sé. ¿Cómo es Amegakure? ¿Qué diferencias hay con Uzushio? ¿Por qué le echas cebolla a las cosas que no deberían llevarla? No sé, típicos temas de conversación.
Nabi
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#11
Nabi se sentó frente a ella, aunque seguía manteniendo una distancia prudencial que Ayame agradeció para sus adentros. Por su parte, su perro seguía tumbado, completamente relajado, en la misma posición. Nada de aquello iba con él, y tampoco parecía tener el más mínimo interés.

—Hablemos de lo típico, no sé —replicó Nabi—. ¿Cómo es Amegakure? ¿Qué diferencias hay con Uzushio? ¿Por qué le echas cebolla a las cosas que no deberían llevarla? No sé, típicos temas de conversación.

Ayame había abierto la boca para responder a las primeras preguntas, pero las palabras quedaron atascadas en su garganta cuando llegó a la última.

—¿¿Eeeeehhh?? —fue lo único que atinó a responder, completamente confundida—. ¿De qué demonios estás hablando?
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#12
Todos mis conocidos tienen una imagen de mi ordenada y pulcra, porque eso soy yo, orden y pulcricidad hecha persona. Por eso decidí ir de menos a más con Aotsuki Ayame, primero con lo que menos me molestaba de su existencia, las disputas culinarias.

Sé la verdad, Ayame. Sé que le echas cebolla a la salsa carbonara. ¿Por qué haces eso? Si te parece poco con el bacon y el queso, pues echale más bacon, pero ¿cebolla? ¿Eres una espía de Kusagakure? Porque no hay otra explicación.

Estaba tranquilo, gesticulaba con las manos por la locura que parecía lo de la cebolla, pero ya. Juntar carne y cosas que salen del suelo no era bueno. Las vacas ya procesan esas cosas para que nosotros podamos comernoslas a ellas sin perder nutrientes, y ahora estos locos le quitan la comida a las vacas. Locos todos.
Nabi
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#13
—Sé la verdad, Ayame. Sé que le echas cebolla a la salsa carbonara. ¿Por qué haces eso? Si te parece poco con el bacon y el queso, pues echale más bacon, pero ¿cebolla? ¿Eres una espía de Kusagakure? Porque no hay otra explicación.

Ayame no daba crédito a lo que estaba escuchando. Aquel ninja de Uzushiogakure debía de estar loco, loco de remate, no había otra explicación para la sarta de tonterías que estaba saliendo de sus labios. Indecisa, y por primera vez replanteándose la idea de dejarle aquel hueco que tan fervientemente decía que era suyo y huir de la escena, ladeó la cabeza hacia un lado.

—Bueno... sí... me gusta la cebolla y se la echo a la carbonara... —murmuró, casi temiendo que en cualquier momento se le echara encima por lo que parecía ser una terrible afrenta hacia él—. ¿Pero qué tendrá que ver eso con ser una espía de Kusagakure? ¿Y como es que sabes eso de m...?

No llegó a completar la frase, porque los engranajes de su cerebro encajaron entre sí.

«Ese condenado Uchiha... ¿Qué narices le habrá contado?»

Y es que el tema de la cebolla y la carbonara había surgido un año atrás, cuando Ayame había interrumpido su escarceo amoroso con Aiko cuando acudió a su ayuda buscando uno de aquellos vegetales. Cuando había comenzado toda aquella historia absurda de venganza...
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#14
—Bueno... sí... me gusta la cebolla y se la echo a la carbonara... ¿Pero qué tendrá que ver eso con ser una espía de Kusagakure? ¿Y como es que sabes eso de m...?

Me lleve una mano a la cara sobrepasado por la situación que estaba viviendo. Pues no acababa de confesar que le gusta la cebolla, había que ser sinvergüenza y mala persona para hacer tal cosa como si nada. ¡Como si fuese lo más normal del mundo! Bueno, había cosas peores, sí, pero es que Ayame ya las había hecho todas.

A ver, si yo no digo que seas mala persona, que lo eres, pero no por lo de las cebollas, sino por la forma tan malvada en la que vas detrás del pobre Datsue haciendole la vida imposible y poniendo en riesgo su vida. ¡Y todo por un par de bromas! Tendrías que haberle visto cuando era joven, era día sí y día también. Además, que ya ha sufrido bastante. Tú no sabes la de lios de kages que hemos tenido, y encima tú pinchando más a un pobre uzureño de bien.

Estaba arrancado y a toda maquina, esa chica se merecía el mayor sermón que se hubiera dado nunca bajo mi árbol.

Que está claro que Uchiha Datsue no es el más bondadoso y bendito de todos los habitantes de la villa, ni mucho menos, aún así tampoco es para ir dandole por culo cada vez que lo ves, mujer. Dejale descansar. Pobrecito.

Ay, si es que al final, a Datsue se le quiere. Por lo menos más que a una desconocida.
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#15
Nabi se llevó una mano a la cabeza. Parecía exasperado, y Ayame no terminaba de comprender aquella reacción tan extraña hacia un simple e inofensivo vegetal como era la cebolla... Si es que dejaban a un lado las irreprimibles lágrimas que causaba a la hora de cortarla.

—A ver, si yo no digo que seas mala persona, que lo eres —replicó—, pero no por lo de las cebollas, sino por la forma tan malvada en la que vas detrás del pobre Datsue haciendole la vida imposible y poniendo en riesgo su vida. ¡Y todo por un par de bromas! Tendrías que haberle visto cuando era joven, era día sí y día también. Además, que ya ha sufrido bastante. Tú no sabes la de lios de kages que hemos tenido, y encima tú pinchando más a un pobre uzureño de bien.

Ayame no había intervenido en todo aquel discurso soltado por el Uzureño. Más bien al contrario, el silencio se arremolinó en torno a sus labios, frío, tenso como la cuerda de un arco a punto de disparar. La calma que precedía a la impestuosa tormenta.

—Que está claro que Uchiha Datsue no es el más bondadoso y bendito de todos los habitantes de la villa, ni mucho menos, aún así tampoco es para ir dandole por culo cada vez que lo ves, mujer —continuaba hablando, ajeno a la peligrosa sombra que oscurecía los ojos de la kunoichi—. Dejale descansar. Pobrecito.

Y aquella fue la gota que desbordó el pequeño vaso que representaba su paciencia. Como movida por un muelle, Ayame se levantó de golpe, sendos puños apretados a los lados de su cuerpo, pura ira destilando por cada poro de su piel.

—¿Pobrecito? ¡¿POBRECITO?! —gritó, e incluso los pájaros que habían estado cantando entre los árboles enmudecieron asustados—. ¡¿PERO QUÉ NARICES SABRÁS TÚ DE LO QUE PASÓ ENTRE NOSOTROS?! ¿Que yo voy detrás de él? ¡¿Que puse en riesgo su vida?! ¿¿Un par de bromas?? ¡OH, VAMOS, ES LO ÚLTIMO QUE ME FALTABA POR OÍR! ¡Por mí se puede pudrir en el infierno! —culminó, agitando un brazo en el aire, tratando de ahuyentar la metafórica y pesada mosca que no la dejaba en paz por mucho que se esforzara en ello.

Desde luego, no estaba dispuesta a escuchar tonterías sobre Uchiha Datsue y su versión de los hechos, por lo que, tras dirigirle una última mirada airada al Inuzuka, giró sobre sus talones.

—Lo has conseguido, toma tu sitio —escupió, echando a andar hacia ningún lugar en concreto.
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