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Estamos en Ceniza, Verano del año 218.
Últimos rumores: ¡Comienza el Examen de Chūnin! Uzushiogakure se viste con sus mejores galas para recibir a los invitados, y todos los participantes preparan los últimos detalles para enfrentarse a unas de las pruebas más duras durante sus carreras como shinobi.

Recomendamos estar atentos al tema del examen para no perder ningún detalle.

¡Segunda prueba en marcha!
Entre cerezos, pero sin flor
#1
Finalizada la primera prueba del examen de Chūnin, gran parte del peso que sentía se fue con las últimas palabras escritas. Pero no fue así con la ansiedad que sentía. Donde antes había estado el nerviosimo y el miedo a lo desconocido, ahora quedaba una profunda angustia hacia el resultado de la prueba.

«Mal. Todo mal.» Se repetía una y otra vez, torturándose a sí misma. «Todas mis respuestas estaban mal, seguro. Ojalá pudiera tener de nuevo el examen y cambiarlas. Ojalá pudiera... Ojalá pudiera...»

Pero nada de eso sucedería. Y, para su desgracia, Ayame lo sabía muy bien. Y encima no conocería el resultado del examen hasta varios días después...

—Espero que al menos a Daruu-kun le fuera mejor que a mí.

Por eso, buscando la paz que estaba muy lejos de sentir, sus pasos la condujeron hacia un lugar peculiar. El famoso Jardín de los Cerezos de Uzushiogakure, con cientos y cientos de árboles por doquier. Aunque para aquella estación del año en la que se encontraban las flores ya habían desaparecido, Ayame, en contraste con la gris y acerada ciudad de Amegakure, encontró el paisaje abrumadoramente bello.

—¡Qué bonito!

Y regocijándose en el cántico de los pajarillos y buscando guarecerse del intenso calor del verano, se sentó a la sombra de uno de los árboles más grandes, cerca de un estanque.
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Hecho por Wilnaah
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#2
El día era tan radiante como el anterior en la hermosa villa de Uzushiogakure, los pájaros piaban, el agua mojaba y el viento silbaba entre las ramas de los desinteresados cerezos del Jardín de los Cerezos. Así que era el momento idóneo para ir a uno de los puestos del jardín a por un buen y fresquito helado para aliviar la emotiva expresión de tu querido perro emo.

Pero, pardiez, mayúscula fue mi sorpresa al ver que me habían robado mi sitio al volver al árbol bajo el cual me cobijaba. Se me hubiera caído el helado, si no fuera porque ya me lo había acabado. No es que aquel sitio estuviese precisamente cerca, ni que yo me hubiese dado mucha prisa, ni que el helado aguantase mucho con el calor que hacía. Volviendo al tema que nos ocupa. Una kunoichi extraña se había aposentado en MI sitio, bajo la sombra de MI árbol.

Me acerqué a ella ignorando los extraños bufidos de mi perro, que era su forma de decir "te lo dije" de forma sutil. Él había sugerido mear en el árbol para marcar que era nuestro. Lo cual, teniendo que sentarte después, ni a mí me apetecía.

Me planté ante ella, le señalé el suelo y aún con el palo del helado en la boca mostré mi indignación.

Ese es mi sitio
Nabi
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#3
Ayame se tumbó en el césped, con los brazos detrás de la nuca a modo de almohada y disfrutando de la brisa fresca que acariciaba su piel y que aliviaba la inclemencia del calor del verano. Al cabo de varios minutos creyó que podría dormirse en cualquier momento, de hecho ya notaba la sugerente pesadez en sus párpados...

Hasta que escuchó el crujir de la hierba junto a ella y se reincorporó como acto reflejo, alerta.

Se trataba de un chico de aproximadamente su misma edad. Realmente no había nada en él que llamara la atención, era el típico chico de tez algo bronceada, cabellos y ojos castaños. Si acaso, los dos colmillos rojos que llevaba tatuados en las mejillas. De hecho, el pequeño perro que le acompañaba parecía más interesante que él, y a Ayame le arrancó una sonrisa de ternura.

—Ese es mi sitio —dijo, con un tono de voz tan monótono que por un momento le recordó a la de cierto Uchiha. Dado que llevaba un palo en la boca, a Ayame le costó entenderle, pero terminó por hacerlo.

La kunoichi le miró de reojo, a juzgar por la bandana que llevaba anudada al cuello se trataba un shinobi de Uzushiogakure de rango bajo.

—Pero... no pone tu nombre en ningún sitio —comentó, genuinamente confundida. Fue entonces cuando se acuclilló, con los brazos extendidos para llamar al animal que acompañaba al chico—. ¡Ven , perrito bonito! ¡Ay, pobrecito! ¿Le pasó algo en el ojo?
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#4
La kunoichi, para variar, me ignoró gratamente en favor de Stuffy. Ya había algo en ella que no me convencía, pero cuando habló, las piezas encajaron. Una kunoichi de Ame, con esas pintas, haciendo maldades y haciéndose la inocente. Estaba claro quien era. Claro como el agua clara.

—Pero... no pone tu nombre en ningún sitio ¡Ven , perrito bonito! ¡Ay, pobrecito! ¿Le pasó algo en el ojo?

La miré impasible. Stuffy, que era totalmente ajeno al conocimiento que yo poseía sobre aquella malevola persona, se acercó ante la promesa de ser acariciado hasta la saciedad. Aunque se acercó mirando para otro lado y soltando un bufido, pero poniéndole el lomo a Aotsuki Ayame para que le acariciase. Este maldito perro tenía menos sentido para detectar la maldad que una piedra sedimentaria.

Era una situación peliaguda. Estaba en mi árbol, haciendo de sus maldades por mi propia villa. Está claro que tenía que actuar, pero ¿cómo? Oh, dios, esto parecía una prueba del examen de Chunin. Usaría mi dialéctica para sacarle más de sus macabros planes.

Tú eres Aotsuki Ayame.

Bien por la dialéctica.

Quiero decir, creo que tenemos un conocido en común. No te sonará por casualidad, Uchiha Datsue, ¿no?

Hala, hemos intercambiado menos palabras que con un panadero cuando vas a por pan y ya estaban todas las cartas sobre la mesa. Le estaba diciendo claramente, sé lo que pasó, mala pécora. Así que ahora confiesa todos tus pecados y vete de mi árbol. Pero de momento solo podía esperar su reacción.
Nabi
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#5
El animal se acercó a ella. Parecía algo receloso, pero le ofreció el lomo y Ayame enterró su mano en el pelaje, negro como el carbón del animal, comenzó a acariciarle con una bobalicona sonrisa de ilusión.

—¡Oh, pero qué perro más bonito! —comentó en voz alta, aunque se lo estaba diciendo directamente al animal mientras comenzaba a rascarle el lateral del cuello.

Y podría haber seguido así durante un buen tiempo, pero la voz del dueño del perro la sobresaltó.

—Tú eres Aotsuki Ayame.

Ayame alzó la mirada hacia él, genuinamente confundida.

—¿Nos... conocemos? —le preguntó, ladeando la cabeza, tratando de hacer memoria. Sabía que era un desastre para esas cosas, tanto para los nombres como para las caras, pero por mucho que pensara, no conseguía ubicar el rostro de aquel chico ni al perro que le acompañaba. entre sus recuerdos.

—Quiero decir, creo que tenemos un conocido en común —continuó—. No te sonará por casualidad, Uchiha Datsue, ¿no?

Y la pronunciación de aquel nombre congeló las facciones del rostro de Ayame, y la mano con la que estaba acariciando al animal.

—Sí. Le conozco —contestó, con voz lenta y cauta. Se reincorporó con lentitud, sus ojos entrecerrados clavados en él. Porque su tono de voz no auguraba nada bueno. Aquella pregunta había parecído una afirmación casi disfrazada de amenaza que una cuestión por mera curiosidad.
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#6
—Sí. Le conozco

La actitud de la chica cambió de inmediato. Como si acabase de coger la mascara de inocencia que llevaba puesta y la hubiese tirado al suelo para pisotearla y ahora me miraba directamente. Se reincorporó y ya vi por donde iban los tiros. Alcé una mano con la palma abierta mirando hacia ella tratando de calmarla de alguna forma mágica y misteriosa. Mientras con la otra mano alcanzaba mi portaobjetos por lo que pudiese pasar.

Preferiría evitar la violencia. Piensa bien qué haces, estamos en mitad del jardín, en pleno examen de chunin. Del que, supongo, eres participante. Cálmate y hablemos como compañeros de oficio. Con calma y buenas intenciones.

Ahí iba yo de nuevo, usando la diplomacia. ¿Por qué? Si no me había funcionado nunca. Stuffy estaba tumbado sobre la hierba como si la cosa no fuera con él, pero su atención se centraba en la situación que nos acontecía, a la espera de ver cómo se solucionaba.
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