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Estamos en Entretiempo, Otoño del año 217.
Últimos rumores: Durante el mes de Augurio la situación política de Oonindo dio una sacudida que casi causa una guerra. Uzumaki Gouna, la Cuarta Uzukage, murió durante una reunión de los tres líderes de las aldeas más importantes en Kusagakure. Ame acusó a Kusa, y Kusa acusó a Ame. Durante la mayor parte del mes, se creó un rencor entre los ninjas de ambas potencias al que finalmente puso fin la propia Uzushiogakure. Zoku, un traidor a la villa, se había hecho con el poder y asesinado a Gouna intentando inculpar a las otras dos aldeas. El orden fue restablecido por el Daimyo de la Espiral, y Uzushio emitió una disculpa pública. Circula el rumor de que Zoku selló a un bijuu en dos genin, pero sólo los uzujin conocen su identidad. Sólo se conoce que se hacen llamar los Hermanos del Desierto.

Uzushiogakure: el nuevo mandato de Sarutobi Hanabi como Quinto Uzukage legítimo ha sido recibido con los brazos abiertos, pero hay un sentimiento generalizado de temor a un nuevo cambio de líder. Sin embargo, la gestión de la aldea se está produciendo como debería, así que hay esperanza colectiva en que esta vez todo vaya bien. La relación con las demás aldeas se mantiene neutral, pero, sintiéndose debilitados, los shinobi consideran que tal vez podrían llegar a ser una amenaza, de modo que hay cierto clima de desconfianza hacia Kusagakure y Amegakure, al mismo tiempo de que todos saben que la culpa de todo la han tenido ellos mismos.

Kusagakure y Amegakure: la noticia de que la propia Uzushiogakure había sido la causante de la muerte de su propia líder fue recibida con algo de alivio, aunque inevitablemente algo de rencor, aunque sea muy ligero, ha penetrado en los shinobi de ambas aldeas para con las otras. Hacia una porque creían que habían traicionado al Pacto y hacia la otra porque la inestabilidad de su liderazgo les causa desconfianza, escépticos de que este nuevo líder no sea otro peligro.
[Misión D] Azul metálico
#1
Ya había llegado ya el invierno.

Al contrario que el clima de Viento Gris, los ánimos de Taeko se iban haciendo más y más cálidos. Claro, recordaba (con trabajo) aquella misión secreta de rango S con cierta amargura. La batalla contra aquel sujeto de rostro borroso, su fallo en el uso del Jiton y el sacrificio de Yubiwa.

”Y a Yota…”

No podía evitar sonrojarse levemente cada que lo recordaba. Era un rubor de pena y de enojo.

”¿Cómo se atrevió a…? ¿A…?”

Alzó la mirada. La recepción del edificio del Morikage se le hacía tan familiar ya, a pesar de ser la segunda vez de estar allí. Una sola misión la había azotado contra la realidad de ser ninja, pero a la vez le había animado a seguir esforzándose. Sus pasos apenas y sonaron sobre el suelo de madera. Su hanfu cian de flores blancas ondeó a cada movimiento mientras avanzaba en la recepción.

Se acercó al escritorio del lado derecho y a la persona que estaba sentada allí. Le dedicó una profunda reverencia a modo de saludo y le tendió una tarjeta. Era un pedazo de cartoncillo con una caligrafía fina a lo largo, como si se tratara de la más formal invitación.

≫Muy buenos días. Me llamo Kikazura Taeko. Quisiera solicitar una Misión rango D, si no es mucha molestia.

Esperaba de todo corazón que esta vez le asignaran una encomienda sencilla. Algo para practicar, pero que no conllevara a la decapitación de nadie.

Se llevó una mano al hombro izquierdo. Su herida ya había cerrado y comenzado a cicatrizar. Se preguntó si le quedaría algún rastro en el futuro, pues no había sido algo profundo.

”¿Quedará mi cuerpo marcado con una cicatriz de cada misión? ¿Cada batalla? Siempre que me quede energía para regresar a casa, supongo que no importa…”
SILENCE

〘When deed speaks, words are nothing.〙

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#2
Unos cuantos despachos mas abajo de donde el Morikage usualmente tenía su despacho, Kikasura Taeko se presentaba con una tarjeta de presentación, valga la redundancia. Sus labios permanecieron sellados, y su vista se clavó en un hombre de avanzada edad que se encontraba al otro lado. Su cabellera larga y su barba ya daban señal de su edad, las canas cubrían la mayor parte. Éste mostró una cordial sonrisa, y sin apuro tomó la nota que la chica había dejado sobre la mesa. El hombre, tras examinar la nota, la devolvió a la chica, ya que seguramente la necesitaría en una próxima ocasión.

Muy bueno días, señorita Taeko. —contestó con suma amabilidad. —No será ninguna molestia asignarle una misión. Tan solo me tomará un momento, disculpa por las molestias.

El hombre se movió con la silla giratoria hacia la parte posterior, donde numerosos archivadores daban cavidad a copias de la mayoría de historiales shinobis. Buscó por su ordenamiento alfabético, y tras un instante, abrió el mismo para comenzar a buscar entre las diferentes carpetas. En apenas un minuto, el hombre encontró lo que buscaba, el expediente de Taeko.

Aquí esta... —murmuró, para dar comienzo a un rápido vistazo.

Tras tomarse un par de minutos en inspeccionar el documento de arriba a abajo, hizo una anotación en el mismo, y volvió a dejarlo en su lugar. Volvió a girarse, y se acercó de nuevo al frontal del escritorio. Comenzó entonces a buscar entre los pergaminos que tenía arremolinados al costado, hasta que se topó con el número de serie que buscaba.

Tomó el pergamino, y se lo ofreció a la chica, al igual que antes le había entregado la tarjeta. —Aquí tiene, y disculpa por la espera. Suerte con el cumplimiento de la misión.

No demoraría mucho en comenzar a organizar sus asuntos, al hombre le quedaba aún mucho trabajo por delante... la gran cantidad de pergaminos y papeles sobre el escritorio eran muestra de ello.



Misión rango D.


Solicitante: Otoshino Mikasa.
Lugar: Biblioteca pública de Kusagakure.
Solicitud: La señora Otoshino, actual dueña de la biblioteca pública, ha solicitado ayuda en sus labores por un día. Su asistenta ha tenido que salir de viaje, y ella está enfermando, por lo que no puede asumir todas las responsabilidades. Hasta la finalización del horario habitual entre semana de la biblioteca, se requerirá de un genin para todos los cometidos que ésta le asigne.
[Imagen: 2UsPzKd.gif]
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#3
Taeko respondió con una gran sonrisa a la amabilidad de aquel recepcionista. Parecía haber mucho por hacer en aquel edificio, pues el señor se encontraba frente a un sinnúmero de papeles que rellenar, organizar, o lo que sea que les hicieran allí. El hombre buscó el expediente de la fémina, escribió algo en él y luego procedió a buscar otro documento.

”Me pregunto si será aburrido trabajar con tantos archivos… Más que nada ha de ser tedioso… Podrían usar algo de música para relajar a todos, creo.” pensó la peliplateada mientras el recepcionista le entregaba un pergamino.

¡Qué emoción! Su primera misión normal. Había escuchado que las misiones rango D eran siempre en la aldea, cosas comunes, pero cansadas, cosas sencillas. Nada de decapitaciones ni heridas, ni personas quedándose ciegas. Taeko buscó en su cinto un papelito doblado que había preparado de antemano. Lo desdobló y lo colocó sobre el escritorio, con una gran sonrisa en su infantil rostro. Luego dio media vuelta y se alejó de la recepción. El papelito decía ”¡Muchas gracias! ¡Pase un hermoso día!”, y estaba adornado con dos flores de tinta. Tal vez así le animaría ligeramente al tan amable señor recepcionista.

Mientras pasaba por el umbral del edificio del Morikage, se preguntó si estaba mal emocionarse por una misión. Era solo eso, una encomienda. Un trabajo. ¿Qué no había pensado en dejar de ser tan emocional? No podía dejarle nada bueno…

Su corazón se detuvo levemente cuando abrió el pergamino, pero reanudó su latir al ver la leyenda “Misión rango D” en su parte superior.

”Bien, veamos… Ayudar a Otoshino Mikasa-san en la biblioteca pública. Su asistente no está y ella está enferma… Oh, suena algo bonito. Aunque parece que me llevará todo el día. ¡En marcha, entonces!” pensó, comenzando a correr suavemente hacia la biblioteca.

Su paso era confiado y su andar alegre, pero cauto. No tardó en llegar a aquel edificio, grande y de apariencia muy vieja pero con aires de remodelación. Hacía años que Taeko no iba allí. Solía visitarla para investigar sobre algunas cosas, como ciertos tipos elementales con afinidades al metal, y ciudades antiguas llenas de arena.

”Al menos no tendré que preocuparme por guardar silencio…”

Entró, empujando la puerta doble con suavidad. Aquel olor a páginas viejas la llenó de melancolía, aunque el olor a polvo la hizo estornudar una vez. Frotándose la nariz, fue hasta el escritorio, sacó su libretita y escribió con pulcra letra:

≫Muy buenos días. Me llamo Kikazura Taeko. Soy la genin enviada para ayudar a Otoshino-san. Prometo esforzarme para ayudarla en todo lo posible, siempre que mi mudez no sea un estorbo. ¡Mucho gusto!

Acompañó la nota con el pergamino que se le había entregado, con una profunda reverencia y una enorme sonrisa.

¡Hola, Aiko! Espero que no me mates bajo una avalancha de libros :'D
SILENCE

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#4
¡Hola, Taeko! Risa

Tranquila, un sabio dijo una vez: "El peliglo no venil del liblo, shi no de quien lo lansha" (?)

Tras leer el pergamino de la misión, y darse cuenta de que en ésta ocasión no parecía irse de manos, la chica pareció respirar aliviada. Y es que no era para menos. Tras ello, comenzó a correr a trote hacia la biblioteca pública.

La distancia hasta el edificio no era una cosa del otro mundo, y tampoco daba opción a perderse en el camino. La mayoría de los Kusareños habían ido alguna que otra vez, pues es de los mejores lugares para ponerse al día con los estudios de la academia. A casi cualquier hora frecuentaban los alumnos de segundo y tercer curso de la academia, así como profesores. No era de extrañar que se encontrase con alguno de éstos a lo largo del día.

Tras abrir las puertas duales de ese emblemático y antiguo edificio, la chica pudo divisar un gran escritorio justo frente a ella, donde obviamente se encontraba la encargada. Ésta era una mujer de unos cuarenta y tantos años, quizás cincuenta y pocos. De porte elegante y distinguida, tez pálida y ojos finos. Sus orbes, apenas relucientes, desentonaban un lindo color verde, que contrastaban con el rojo de sus labios. Dos aretes de esmeralda en cada lóbulo, y una cabellera blanca y larga, recogida en un moño alto. Vestía un traje verde, de numerosos detalles violáceos. No llevaba mas joyería que los pendientes, ni mas complementos que una gafas finas, casi tan finas que parecían hechas para sus ojos.

Detrás de la mujer, la sala se extendía en una vasta planta baja, que se dividía en 7 pasillos por medio de 6 hileras de estanterías. A mitad de esas hileras había un espacio vacío, que había sido amueblado con una decena de grandes mesas y numerosas sillas de madera. A ambos lados de éste pequeño descansillo, unas escaleras de caracol, que daban a una segunda planta de dimensiones y estructura similar. La única diferencia, era que en esa planta no había recepción, y que en su lugar había una sala privada al público. Una puerta que ponía "solo personal autorizado" era la barrera física para ello. En el habitáculo solo había una entrada, la utilizada por la chica, y la mayoría de la luz que se adentraba en el sitio era por medio de unos enormes ventanales que se sucedían a lo largo de las paredes del edificio. Antes que la luminosidad, lo que destacaba era el total y completo silencio. Un silencio sepulcral.

La chica le entregó la nota a la mujer, y con ella el pergamino. Ésta no soltó palabra alguna, tomó tan solo la nota, y comenzó a leerla. Tras unos segundos, la mujer devolvió la nota, y tomó el pergamino. Puso el pergamino mas cerca de ella, pero no llegó a abrirlo, simplemente lo dejó entre dos columnas de libros que tenía a su vera.

Sin sonrisa alguna, pero tampoco de mala manera, la mujer tomó un papel y un bolígrafo, y pareció pasar tres pueblos de la chica. Tras un instante de silencio, un posiblemente incómodo silencio, la mujer terminó de escribir. Con parsimonia, le cedió el papel a la chica, deslizándolo por la mesa como bien había hecho con el anterior papel.

» Bienvenida a la blibliotéca. Yo soy Otoshino Mikasa, y lamento no darle la bienvenida con palabras, pero tengo la garganta destrozada. No puedo hablar, estoy totalmente afónica, a causa de requerir silencio ayer a la tarde. Agradezco tu ayuda. «

La mujer hizo un gesto con la mano, como pidiendo a la chica que girase el papel. Ante todo, cabía destacar que su caligrafía era impresionante, ostentosa y a la vez simple, una auténtica belleza.

» Si puedes hacerme el favor, ve ordenando el carrito que tienes aquí. Es mejor que adelantes trabajo, porque cuando empiece a llenarse de gente, será mas complicado. «

La mujer señaló el carrito que había al lado diestro del escritorio, un carro que estaba hasta los topes de libros que la gente seguramente había ido entregando. La cosa no pintaba demasiado difícil, pues los libros tenían un título, y la biblioteca estaba dividida por carteles de temáticas, y a su misma vez por orden alfabético.

Para cuando la chica se pusiese con su primera labor, la mujer continuaría rellenando formularios de entrega, y clasificándolos en su escritorio. Entre todo ese desorden, parecía tener un orden impecable.
[Imagen: 2UsPzKd.gif]
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#5
La recepcionista y encargada, la señora Otoshino, era una mujer guapa para su edad, y muy bien vestida. Se mostraba bastante calmada, y sin prisa alguna recibió la nota (la cual devolvió) y el pergamino de la misión. Luego se dispuso a escribir algo por un momento. No tardó mucho, pero el abismal silencio que había en ese momento en la biblioteca dio la impresión de que se había tomado más de media hora. Le extendió la nota a la genin.

”Su… ¡Su caligrafía es hermosa!” pensó la chica. Habiendo practicado shodō toda su vida, sabía apreciar una escritura tan fina como la de Otoshino. En su nota se presentaba y decía que no podría hablar por estar afónica. ”Esperemos que el silencio no nos aplaste…” se dijo, pues sería tan extraño trabajar con alguien que no pudiese hablarle, siendo que toda la vida había sido ella quien tenía que buscar otros métodos de comunicación.

La señora Otoshino también le escribió su primera instrucción como asistente temporal de biblioteca: acomodar todos los libros del carrito que tenía cerca. Taeko asintió con energía y una sonrisa muy positiva. Dejó entonces a la agradable, aunque muy silente, bibliotecaria y se fue a con el carrito. Su sonrisa amainó lentamente conforme se acercaba.

Un típico carrito de madera de la biblioteca de Kusagakure constaba de tres niveles, dos de los cuales estaban divididos en dos, proporcionando así cinco espacios para colocar los libros que los lectores fuesen usando. El carrito que Taeko debía acomodar estaba repleto: alrededor de veinte libros colocados de manera vertical en cada nivel lateral, todos de diferente tamaño y temática, y unos treinta en la parte superior, acostados. Tragó saliva.

”Y es… Y es solo el primero…” se dijo, aliviada al menos de estar a salvo en una biblioteca. Tenía la fuerte impresión de que debía de dejar de temer a la acción y a la pelea. Pero su primera misión había sido demasiado para ella…

Se volteó y le dedicó una sonrisa y un pulgar arriba a la señora Otoshino, quien parecía estar muy ocupada (aunque bastante ordenada), y se dispuso a trabajar.

Había visto al entrar los largos pasillos de la institución, cada uno con un letrero indicando los temas de sus libros. Éstos iban desde Literatura, Política e Historia hasta Cálculo, Biología y Química avanzada. Habían enormes compendios de justus básicos, guías de manejo de chakra y estudios profesionales de desarrollo de técnicas. Cosas que cualquier estudiante de la academia o investigador podría usar. Claramente, uno no podía encontrar cosas más estrictas como jutsus prohibidos, técnicas ocultas y secretos de la Aldea. Taeko supuso que estarían archivados en el edificio del Morikage.

Había entonces títulos como La historia de Genji Shimada, Valle Sin-Fin: Un poemario para Oonindo, Álgebra de Barudō, Cómo concentrar chakra para Bakas, Enciclopedia básica de Jutsus elementales, El Capital Ninja de Karuru Makusu, Relaciones políticas de antaño: una guía superintensiva y exhaustiva para los estudiosos de los pueblos de Oonindo, tomo IX, 16va edición, entre otros que Taeko no se animaría a leer.

De tenerlos, cada sección marcaba sus subtemas con un código de color. La peliplateada se fijó que había una etiquetita en el lomo de cada libro, donde se indicaba la sección y subsección, además de mostrar un código independiente de cada tomo, tal vez para identificarlos en el sistema bibliotecario.

Para no cometer error alguno, Taeko fue primero a una de las estanterías y se fijó en que, en efecto, los libros estaban organizados alfabéticamente dentro de cada subsección, y cada subsección alfabéticamente dentro de cada sección.

”No es tan complicado como parece… Creo…”

Se dedicó entonces a acomodar primero los libros en el carrito mismo, tomándose varios minutos en su tarea. Luego inhaló profundamente y, con una sonrisa animada de nuevo en los labios empujó el carrito, llevando los libros hacia los pasillos y comenzando a buscar sus lugares entre los estantes.
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#6
La chica, con ánimos y actitud, alzó el pulgar hacia la bibliotecaria, en pos de señalar que todo andaba bien. La señora Otoshino, pese a estar ocupada, realizó el mismo gesto, aunque sin sonrisa alguna en el rostro. Tampoco mostraba rasgo alguno de estar enfadada, por lo que se podía deducir que era su porte habitual. Tras ello, ambas se pusieron con sus tareas.

La de orbes violáceos se entretuvo primero en descifrar el enigma del orden en las estanterías y pasillos, con lo cuál se quitó un constante y eterno paseo sin pies ni cabeza. Tras mas o menos encontrarle sentido al orden que había, así como darse cuenta del sistema de colores, la chica comenzó a ordenar los libros que tenía entre manos. Bueno, los que tenía en el carrito mas bien. Sin prisa pero sin pausa, y con una constante sonrisa en su rostro, fue colocando libros en sus correspondientes huecos. Por suerte o desgracia, la mayoría estaban claramente marcados, por lo cual tan solo acercándose a la zona del ejemplar, podía divisar dónde habían de estar colocados. Con tiempo y la calma que se respiraba en el habitáculo, la chica no tardaría mas de media hora en ordenar los libros descarrilados.

Cuando la pequeña iba terminando, concretamente el penúltimo libro, las puertas de la biblioteca se abrieron con un crujido característico. Se trataba de un chico de veintimuchos, treintaipocos. Ataviaba unas ropas típicas de estudiante, negras y blancas, como un uniforme de universidad. Sus pelos estaban alborotados, de color azabache, un rostro fino y unas gafas enormes, realmente enormes y redondas. Llevaba consigo una mochila carga de papeles por lo que podía deducirse, a simple vista se podían incluso ver algunos por las comisuras de la mochila, la cuál estaba apenas cerrada.

Sin saludo alguno, el chico avanzó y dejó de lado la recepción, diriguiendose hacia el centro de la sala baja, torció hacia la izquierda y tomó las escaleras, pasando en el proceso cerca de la chica, y obviandola como si fuese un mueble mas de la sala. Sin demora, éste tipo iría hacia la sala superior, donde se sentaría en la mesa mas alejada, y comenzaría a estudiar. Ya tenía todos sus apuntes, ni tan siquiera tenía pinta de que fuese a tocar los libros de la biblioteca.

La genin podría terminar de ordenar los libros restantes sin problema alguno, sin ninguna intromisión mas. Sin duda alguna, aún era realmente temprano. Entre tanto, la mujer también parecía haber terminado con sus labores, y se encontraba con las manos cruzadas sobre las piernas, y mirando hacia la entrada. Cuando la chica se decidiese por acercarse, ésta le entregaría una nota.

» Gracias por ordenar los libros. Voy un momento arriba a prepararme una infusión y tomarme los medicamentos. Por favor, quédate en la recepción hasta que regrese. «

Y si ésta no decía —o escribía— algo para detenerla, la mujer se levantaría de su asiento, y con calma ejecutaría lo escrito en su nota.
[Imagen: 2UsPzKd.gif]
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#7
Aunque le pareció tardar un par de horas, no pasó en realidad mucho tiempo antes de que Taeko tuviese el carrito vacío. Sonrió a un par de libros de acabar con su tarea. Sin embargo, algo interrumpió sus pensamientos de empleada temporal de biblioteca. Un joven (no tan joven, pues parecía doblarle la edad, aproximadamente) entró y cruzó la estancia como si nada.

"Pensé que tenía que registrarse en alguna bitácora, o algo parecido..." pensó mientras metía un libro entre otros dos en el estante. Cuando pasó cerca de ella, la peliplateada saludó al recién llegado con un gesto de su mano y una sonrisa, aunque él la ignoró, así como había ignorado a la señora Otoshino. Subió y, a juzgar por el ruido de las sillas, se sentó en alguna de las mesas. "Tal vez es un cliente habitual... Se veía cargado de deberes..."

Al finalizar su tarea, Taeko fue hacia la señora Otoshino de nuevo. Le había escrito que iría arriba por sus medicinas, y que cuidase la recepción por mientras. La jovencita asintió con ganas y, después de pensarlo un segundo, comenzó a "garabatear" un par de preguntas para la bibliotecaria y una carita para animarla.

≫¡Disculpe! Antes de que suba...
¿Hay algún registro en caso de que alguien preste un libro?
¿Qué pasa si alguien la busca a usted específicamente?
Y... ¿el chico que subió viene a menudo? No se me hizo muy educado que entrara así...
Que se mejore, Otoshino-san Corazón


Sorry, los primeros dos días no pude postear, pero al tercero se me olvidó por completo XD
SILENCE

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#8
Tras recibir el papel por parte de la bibliotecaria, la chica —que ya había terminado la primera tarea— no pudo evitar ser atormentada por las dudas. Si, seguramente era demasiado pronto como para que la dejasen sola al cargo de toda la institución de libros. Se apuró en realizar una nueva nota, y rápidamente se la mostró a la señora. Ésta la leyó con parsimonia, y tras acabar, tomó otro papel y comenzó a escribir. Su estilográfica fue rápida y precisa, no requería de demasiado para exponer una respuesta a aquellas preguntas.

» Muchas gracias, cielo.
Aquí te dejo el libro de registro, pero solo deben apuntase en caso de sacar algún ejemplar.
Si alguien pregunta por mi, diles que bajaré en quince minutos.
Y si, es un poco maleducado, pero es mi hijo y anda en época de exámenes, no le hagas mucho caso.
En un rato bajo. «

La mujer, tras darle la nota a la chica, acercó un enorme libro hacia el centro de la mesa —que antes estaba al flanco de la misma— y tras ello se levanto. Realizó una leve reverencia, y se marchó con paso firme y recatado hacia las escaleras de caracol que había en la zona central. Se dirigía hacia la sala que estaba reservada solo al personal autorizado, ¿quién si no ella iba a estar autorizada?

A la chica tan solo le quedaba esperar el regreso, o buscarse algo que hacer. De momento, vigilar el escritorio y dar la bienvenida a los que llegasen podía ser su único pasatiempos por lo que parecía.


No pasa nada, mientras no te marques un Kometa... Lengua
[Imagen: 2UsPzKd.gif]
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#9
La señora Otoshino respondió amablemente con una nueva nota. Taeko pensó que le fascinaría verla escribir todo el día, pues la caligrafía de la mujer era excelsa. Leyó con cuidado las indicaciones:

Primero le agradecía, ante lo cual la peliplateada sonrió. Luego le dijo que podía en la bitácora a aquellos que prestaran libros a domicilio. si la buscaban a ella específicamente, que solo dijera que bajaría 15 minutos después. La chica asintió, anotándolo mentalmente. Su último comentario fue acerca de su hijo: el joven que acababa de llegar.

”Oh… ¡Cuánto lo siento, Otoshino-san!” pensó la chica, llevándose una mano a la boca. Lamentaba haberle llamado “maleducado” al hijo de tan amable señora, aunque seguía sin hacérsele cortés el haber entrado como lo hizo el chico. No quiso retrasar más a la mujer con otra nota, así que asintió de nuevo y alzó un pulgar.

La siguió con la vista, viéndola dirigirse a la sala marcada como “Solo personal autorizado”. Al desaparecer la bibliotecaria por aquellas puertas, la pequeña kunoichi dio la vuelta al escritorio y se sentó en la grande y cómoda silla que se encontraba detrás.

”Oh… Qué genial es sentarse aquí… Me siento… importante ja ja. Aunque también con mucha responsabilidad. Y nervios. Cielos. ¿Y si hago algo mal? ¿Y si alguien pregunta sobre algún libro o sección? No sabré exactamente… ¡Cielos! Debí de haberle preguntado más a Otoshino-san… Debe de haber alguna guía por aquí. ¿No?”

Sin apartar un ojo de la entrada del edificio, Taeko comenzó a buscar discretamente entre los papeles que se encontraban sobre el mueble. Tuvo un gran cuidado en reacomodarlos si los movía de su lugar, pues le daban un aspecto bastante pulcro al lugar de trabajo de Otoshino Mikasa.

Esperaba no echarla a perder como semi-bibliotecaria...
SILENCE

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#10
Tras la despedida momentánea, la chica se acomodó en la silla que anteriormente ocupaba la bibliotecaria. Al ser consciente de que seguramente no sabría guiar a alguien si preguntaba por una sección o libro concreto, la sustituta comenzó a ojear los libros y documentos que había sobre la mesa. Tras ver todo lo que había sobre la mesa, no encontró nada parecido a lo que buscaba. Tan solo habían vales de compra y venta de libros, un registro de los libros entregados y devueltos, un par de libros de finanzas, y otro que parecía ser una especie de bitácora de todo lo que la señora Otoshino tomaba por importante, o algo parecido.

Para cuando quisiera dar cuenta, una marabunta de aspirantes a genin entraban a la biblioteca. Tras ellos, uno mayor al resto, pero que apenas alcanzaba la edad de Taeko aparentemente. El chico de orbes azules y cabellera rubia a media melena no se veía del todo cómodo con el resto, al que parecía estar "vigilando". Sin duda alguna, tratar con diez chicos que están recién descubriendo el ninjutsu no es tarea fácil. Vestía un uniforme azul marino bastante oscuro, típico de escuela.

Habían cuatro chicas, y deis chicos. Una era rubia y de ojos azules, con un gran parecido al mayor y de constitución bastante delgada, que vestía un kimono rosado. Había un par de gemelas, de cabellera rojiza como el fuego, y orbes verdes; ambas bastante esbeltas y de apariencia recatada, pero que alzaban la voz como si no hubiese un mañana. Ambas vestían igual, un kimono de color rosado. La última permanecía en silencio, pero porque se estaba atiborrando de patatas. Bastante ancha, de cabellera azabache y orbes avellana. Curiosamente, también vestía igual al resto, un kimono rosado.

Los chicos vestían todos el mismo uniforme que el mayor, siendo únicamente uno de los pequeños el que tenía un rasgo diferente en la indumentaria; llevaba un pañuelo rojizo al cuello. Habían tres chicos de orbes avellana y cabellera azabache, a cada cuál llevaba mas pelo, y todos ellos extremadamente delgados. Había un cuarto chico de orbes grises, y cabellera azabache, de constitución musculosa y bastante alto para su edad. Había uno realmente bajo, pelirrojo y con el rostro lleno de pecas, de orbes celestes. El último estaba rapado y orbes naranjas, siendo éste un tanto mas gordito que el resto, y con una cara de pocos amigos. De hecho, en todo momento permanecía algo alejado del resto.

Tras entrar, se desperdigaron todos y cada uno de ellos, buscando libros y cosas con las que jugar. Lo que comenzaba a faltar en ese momento era silencio en la sala, pero antes de que la chica pudiese decir algo —o escribir— el mayor se presentó ante ella con una reverencia de lo mas formal.

Buenos días, señorita bibliotecaria. Mi nombre es Tomohara Kaoru, y soy el encargado de ayudar en los estudios a éste grupo de aspirantes. Lamento mucho el ruido y desorden que pueden provocar, intentaré que sea en la menor medida de lo posible. ¡Tiene mi palabra!

Y evidentemente, se fue dirigiendo a todos y cada uno, buscando silenciar el espectáculo en la medida de lo posible.
[Imagen: 2UsPzKd.gif]
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#11
Después de buscar por varios minutos, Taeko solo encontró vales y registros de libros. Con un suspiro, acomodó los papeles tal a como estaban antes.

"Por supuesto... Cosas así deben de estar en la oficina, ¿no? ¿Por qué estarían en la recepción, donde cualquier persona que llegase podría tomarlo..."

La peliplateada se meció suavemente de un lado a otro de su silla por varios minutos, mientras tamborileaba con levedad sobre la madera del escritorio. Soltó un suspiro más justo antes de espantarse por el sonido de la puerta principal abriéndose. Una decena de pequeñines entró a la biblioteca como si de un parque más se tratase. Taeko se puso de pie de un salto, sin saber cómo responder. Movió los labios, como queriendo hablar, entrando en un estado breve de nerviosismo.

"Ay, ay, ay por todos los dioses. ¿En serio me toca una clase entera de estudiantes en mi primer no-trabajo de medio tiempo? ¡Ánimos, Taeko! ¡Puedes hacerlo!"

Un chico rubio que parecía rozar la edad de la peliplateada se le acercó y se presentó como Tomohara Kaoru. Dijo que era su cuidador, y que los tranquilizaría en un momento. La chica asintió repetidamente con rapidez. Luego sacudió los dedos sobre el escritorio, buscando con su vista su libretita. Con los nervios bajando muy lentamente, le dedicó una nota a Kaoru. A pesar de no estar cien por ciento calmada, su caligrafía seguía casi tan hermosa.

≫¡Muy buenos días!
Soy Kikazura Taeko, bibliotecaria asistente temporal,
y será un gusto ayudarles.
¿Algo en lo que pueda ayudarles, Tomohara-san?


Después de mostrársela, antes de que el chico se fuese a intentar silenciar a los niños, Taeko torció su sonrisa.

"Cielos... utilicé ayudar dos veces... Podría haber utilizado otra palabra para que no sonara tan redundante... ¿Se verá mal?

Esperó entonces la respuesta de Kaoru, pensando que no era en realidad tímida con la gente, sino que tal vez tenía miedo de echar a perder las cosas. O de tomar una mala decisión que pudiese perjudicar o a la señora Otoshino o a la biblioteca en sí. Intentó disimular sus nervios con una sonrisa.

"Unos niños así no son capaces de quemar todo un edificio. ¿No? ¿¿No??"
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#12
La chica dispuso tan rápido como pudo la nota para que el chico pudiese leerla, pero el tiempo era algo que apremiaba. Éste apenas leyó la nota, cruzó varias veces los brazos frente a sí, señalando que no era necesario su ayuda. No estaba dispuesto a dar su labor a un tercero, era algo que estaba dispuesto a controlar por sí mismo.

No, no. Gracias por la ayuda, pero yo me encargo. —confirmó con palabras a la vez.

El chico apresuró en correr de un lado a otro, buscando calmar las ansias de bromas y cachondeo que el grupo de jovenzuelos traía consigo. Por mas que apresuró, no sería suficiente como para evitar que todo ese jaleo llegase a oídos del hijo de la bibliotecaria, que aún mas presto alzó la voz en un indignado vociferio.

¡SILEEEEEEEEENCIO!

La estructura de la misma biblioteca pareció retumbar del eco de la voz, haciendo el estridente grito aún mas grave. La atención de todos le fue dirigida al piso de arriba, donde el chico estudiaba. El silencio reinó por unos segundos, tras ello, todos parecieron mantener algo mas la calma y guardar un poco mas de lo que el otro reclamaba; silencio.

La chica podría observar que varios chicos se iban dirección a las mesas centrales, donde ya habían apartado una docena de libros. La mayoría de chicas habían acudido al piso de arriba, movidas por la curiosidad quizás. El joven encargado de los pequeños se quedó en el centro por el momento, pero tenía que estar en continuo movimiento pues los chicos estaban desperdigados por la mayor parte del habitáculo.


Siento la tardanza, se me complicó un poco postear... :C
[Imagen: 2UsPzKd.gif]
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