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Despedida, Invierno de 219
Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
Nueva era
Aburame Kintsugi Sin conexión
Morikage (Cuenta PnJ)
Ninjas de Kusa
#1
Soy Ayame, tomo esto con hueco de narrador.



Era una mañana gris e inusualmente fría en una aldea tropical como era Kusagakure. Los copos de nieve caían, delicados como flores de cerezo pero fríos como el aliento de la muerte, y terminaban posándose en el suelo. No llegarían a cuajar, pues morían en forma de agua antes de poder hacerlo.

No habían pasado más que un par de semanas desde el funeral oficial de Moyashi Kenzou y desde que Aburame Kintsugi había tomado su sombrero y había sido declarada oficialmente como su sucesora, la Cuarta Morikage. Pero, lejos de celebraciones y de escuchar salvas hacia la nueva Morikage, las calles estaban sumidas en un silencio sepulcral. Ninguna voz se elevaba por encima de otra. El miedo por lo sucedido, después de que su propio Jinchūriki le arrebatara la vida a Moyashi Kenzou; y la tristeza por la pérdida de alguien tan querido y alabado por todos, invadían el ambiente como una niebla densa e invisible, pero tan perceptible como tantáculos de angustia que impedían casi respirar.

«Nunca creí que me nombrarías Kage a mí... No por encima de Hana. Pero nunca habría querido que llegara así...»

Haced llamar a Sasagani Yota —ordenó Kintsugi, que observaba su legado, la aldea de Kusagakure, desde los enormes ventanales del despacho.

A sus espaldas, un shinobi con una máscara de zorro asintió y se desvaneció en apenas un parpadeo.

Pocas cosas habían cambiado en aquel lugar. Era como si Kenzou fuera a regresar en cualquier momento, desnudo de la cintura para arriba por haber estado entrenando en la azotea bajo el frío del invierno. Pero había dado su vida para proteger a la aldea de la destrucción, y gracias a él no habían tenido que lamentar pérdidas humanas ni materiales. La única diferencia; era, sin embargo, era que su retrato colgaba ahora de la pared junto a sus predecesores. Un retrato de él sonriente y cariñoso, como siempre lo había estado. Y justo debajo de su marco, su espada predilecta, el legendario filo Kubikiribōchō, como una silenciosa amenaza que clamaba venganza. Kintsugi no había tenido la osadía de cambiar nada más.



. . .



Pocos minutos después, varios golpes insistieron en la puerta de los Sasagani:

¡Sasagani Yota, Yondaime Morikage exige tu presencia en su despacho inmediatamente!
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Sasagani Yota Sin conexión
Genin de Kusa
Ninjas de Kusa
Nivel: 15
Exp: 17 puntos
Dinero: 570 ryō
#2
Muchas cosas habían cambiado en casa de los Sasagani a raíz de lo ocurrido en aquella misión que, en un principio parecía una nimiedad pero que se complicó como solo las cosas de los ninjas se pueden complicar. Hasta el punto de que tuve que saborear la traición en mis propias carnes, en la peor de sus formas y, porqué no decirlo, de la manera más insospechada posible.

Seguía ejerciendo mis labores como shinobi de Kusagakure, obviamente. Pero la traición de mi amigo de la infancia y del que se había convertido en mi rival hasta aquel momento, que pasó a ser un enemigo mío y de mi aldea, fue algo que me cambió por completo. Veía la vida de otro modo. Era si cabe más reservado y aprendí la valiosa lección de no fiarme ni de mi puta sombra. Digamos que me había teñido de negro y me había enseñado que aquello que llamábamos confianza era nuestra peor debilidad, así que las tiré todas a la basura. Amedama Daruu tuvo razón en su momento y yo fui un iluso por creer lo contrario.


¡Sasagani Yota, Yondaime Morikage exige tu presencia en su despacho inmediatamente!

Era alguien que venía desde el dojo de la nueva Morikage. Una tal Aburame Kintsugi. No había tenido el placer de conocerla más allá de verla en el torneo que hicimos para despedir al fallecido, digo.. asesinado, Moyashi Kenzou. Me moría de ganas por hacerlo, pero no había encontrado el valor ni el momento para interrumpir sus tareas. Además, solo era un gennin despechado, seguramente ni me tomase en serio. Pero aquello era un atisbo de esperanza...

Abrí la puerta para ver quién había.


— Ya vo...

Pero quien quiera que estuviese allí ya no estaba.

···

No me demoré. tomé mis cosas, armas incluidas, desconocía cuál era el propósito que había movido a la Morikage a llamarme de urgencia y la última vez que había pasado algo así, tuve que ir con Ranko y Yubiwa a una misión conjunta con Uzushiogakure y Amegakure de rango S en la que el mundo tal como lo conocíamos estaba en juego.

Una vez preparado y listo ya podía partir pero antes debía asegurarme de algo...


— Tú también te vienes y asegurate de comportarte, por favor

— Sí, sí, no te rayes, tronco

— Recuerda que si queremos caerle en gracia, primero debemos causar una buena impresión. Seguimos siendo unos putos gennins inútiles. Y quiero estar frente a Juro cuando le capturemos

Sin más, partimos de inmediato, Kumopansa colocada como de costumbre sobre mi cabeza. No tardamos en llegar a aquel gran dojo y, ni siquiera me detuve en aquel escritorio donde se solían entregar las misiones, ya conocía el camino hasta el despacho del Morikage. Esta vez fui yo quién hizo sonar la puerta.

— Sasagani Yota — dije antes de recibir el permiso para poder entrar.
[Imagen: K1lxG4r.png]

[Imagen: dlinHLO.png]

Narro ~ Hablo ~ Pienso ~ Kumopansa
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Aburame Kintsugi Sin conexión
Morikage (Cuenta PnJ)
Ninjas de Kusa
#3
Sasagani Yota se encontró ante el mismo despacho que había pisado tantas otras veces. Todo seguía tal y como estaba cuando Moyashi Kenzou estaba vivo. Pero allí no estaba Kenzou para recibirle con su afable sonrisa. Quien estaba frente a él, junto a los enormes ventanales era una mujer, a juzgar por la forma de su cuerpo. No era ni muy alta ni muy baja, simplemente de una altura promedio y estaba cubierta de los pies a la cabeza por la toga de Kage, incluida una capucha que ocultaba parte de su cabeza. Yota supo que sus cabellos eran de un color azulado que se degradaba hacia el negro por la coleta que se escapaba a las telas pasando por encima de su hombro. No pudo ver mucho más de su rostro, pues más de la mitad de este estaba cubierto por un antifaz de una mariposa de colores oscuros y dorados que parecía tener una calavera en su parte central: era conocida como esfinge calavera, y Yota ya la había visto una vez, durante el funeral del Sandaime Morikage. Debía de ser su forma de vestir el luto.

Siéntate, por favor —habló, con voz suave y grave, señalando la silla que se encontraba frente al escritorio.

Ella misma tomó asiento con un movimiento elegante, y Yota no tardaría en notar una ausencia importante: Ya no había ninguna taza de té humeante esperándole. La nueva Morikage, en absoluto silencio, rebuscó en uno de los cajones y sacó un folio que deslizó por la superficie de la mesa, boca abajo, hacia el shinobi.

[Imagen: svE11gh.png]

Cuéntame todo lo que ocurrió en esa misión. —No era una petición. Era una orden.
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Sasagani Yota Sin conexión
Genin de Kusa
Ninjas de Kusa
Nivel: 15
Exp: 17 puntos
Dinero: 570 ryō
#4
Nada más entrar pude ver que todo seguía igual allí dentro. Lo único que cambió fue la figura que me encontré tras aquel escritorio. Kenzou ya no estaba. Bueno, estaba su retrato al lado de aquel espadón que asustaba solo de verlo. Pero el morikage no estaba, en su lugar estaba su sucesora, Aburame Kintsugi.

Siéntate, por favor

Ella lo hizo antes de que pudiera hacerlo yo que perdí tiempo asintiendo con la cabeza. Por alguna extraña razón tenía miedo, aquella mujer aparentemente muy seria, me imponía mucho. Ya no había la confianza que transmitía Moyashi Kenzou. Hasta cierto punto era razonable, eran tiempos oscuros en Kusagakure. Nuestro propia jinchuiriki se nos había revelado y se había llevado al infierno a nuestro líder. Me ofrecía un folio, deslizandolo por la mesa.

Cuéntame todo lo que ocurrió en esa misión.

— Vale, está bien...

Pero antes quise darle la vuelta al folio. Era increíble como podía sentir tanta rabia dentro de mí. Había tanta que tuve que sacarla de algún forma y fue en modo de tensión, apretando mis dedos y arrugando aquel trozo de papel en el que se había dibujado la cara de Juro, el traidor a Kusagakure y a quién se lo había dado todo.

— Maldito hijo de puta... — refunfuñé, tensando tanto mi cuerpo que hasta Kumopansa, encima de mi cabeza no se atrevía a abrir su bocaza.

— Lo cierto es que las cosas empezaron mal desde un buen principio y tendría que haber visto venir lo que estaba planeando Eikyu Juro, sé que no arreglaré nada con eso pero siento no haberlo visto en su momento y haber podido hacer más, quizás hubiese podido evitar que Kenzou-sama...

Me avergonzaba a mi mismo, me vi en la obligación de apartar la mirada, con el rostro apagado.

— Antes de llegar al palacio de Gyou-dono tuvimos nuestros más y nuestros menos. Nos topamos con un perro que paseaba una mujer mayor. Al parece, de forma inconsciente, le molesté y me mordió. La anciana resultó ser nuestro contacto en palacio y la mano derecha del Gyou-dono. Juro se vio en la obligación de posicionarse a favor de aquella mujer y aquello me molestó bastante, pero lo comprendí. Ya en palacio a mi me llevaron a la enfermería para curarme las heridas, yo estaba bien pero aquella mujer insistió mucho. Aquella misma noche nos presentamos ante Gyou-dono y fue él mismo quién nos explicó lo que tendríamos que hacer. TRas ello fuimos a la habitación que nos reservaron y esa misma noche... Le juro que era una transformación muy bien hecha, sin fisuras, no vi venir en ningún momento lo que pasó. Era el Daimyo, osea evidentemente no lo fue, pero se parecía tanto.... Al final resultó ser un General de Kurama que se había colado, o algún tipo de ayudante. Nos paralizó, me agarró de la camiseta, me apuñaló varias veces y me arrojó al vacío, por la ventana. Qué forma más triste de morir...

La recordaba a la perfección. Lo que vino después ya fue algo más difuso así que trataría de explicarlo de la forma más ordenada posible.

— Fue como si resucitase, volver a nacer... No sé cuantos días me pase inconsciente en aquella camilla, pero terminé por despertar. Seguía muy débil, claro. Lo raro fue no morir allí mismo aquella noche. La herida del abdomen estaba calmada por no sé cuántas drogas y no podía moverme o se abriría de nuevo. Traté por todos los medios que me pusieran en contacto con Kusagakure pero no me lo permitieron. La anciana me dijo que ella misma lo hizo y al rato... Juro volvió, acompañado de lo que parecían ser tres o cuatro ANBU. Estaba raro, se alegraba de verme y dijo que pudo escapar de las garras de ese cabrón, pero le vi raro. Alerté a los ANBU para que no le sacaron un ojo de encima. Estaba muy raro. Seguramente ya venía con la idea de destruir Kusagakure y a quién se interpusiera de por medio. No sé qué diantres le ha pasado por la puta cabeza para traicionarnos, soy el primer sorprendido. Cuando pude volver la traición ya estaba consumada y Kenzou-sama muerto...
[Imagen: K1lxG4r.png]

[Imagen: dlinHLO.png]

Narro ~ Hablo ~ Pienso ~ Kumopansa
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