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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
Revelación funesta
#1
Dos cuerpos aparecieron en una solitaria colina cerca de la llamada Ciudad Fantasma, un océano de hormigón y vidrio en el centro del País de la Tormenta. Rodaron sobre sí mismos un par de veces. El aterrizaje fue abrupto, y la inclinación de la colina no ayudó. Finalmente, se separaron a mitad de trayecto y sendos árboles pararon su camino con un seco y brusco golpe.

—¡Puta mierda! —bramó Daruu—. Aún no me he acostumbrado a llevar a otra persona... —se quejó, casi para sí mismo.
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#2
Unos sellos. Una palmada y…


… suelo. El mundo dio vueltas a su alrededor mientras rodaba y rodaba sobre un suelo encharcado. Un árbol decidió poner fin a su angustia, arrancándole de paso un quejido de dolor.

Sacudió la cabeza, alzó la vista… y activó el Sharingan. Fue entonces cuando se dio cuenta de que ya lo tenía activado, y que, por mucho que frunciese el ceño y forzase la vista, no alcanzaba a percibir rastro alguno de chakra que le indicase lo evidente: que aquello era una ilusión.

Pero, ¿qué cojones…? —Lo dijo muy lentamente, poniendo énfasis en cada sílaba. Se levantó, receloso todavía de lo que veían sus ojos. Llovía. Se encontraba en un lugar totalmente desconocido para él—. Estábamos aquí, y luego… Y luego…

Se llevó las manos a la cabeza.

Pero, ¿¡qué cojones…!? —Su mente tan solo era capaz de encontrar una solución. Pero era una solución imposible. Daruu… —abrió y cerró varias veces la boca, sin saber qué decir—. ¿¡P-pero qué cojones!? —Sí, se había quedado pillado con aquella frase. Pero, a su vez, no había frase que resumiese mejor lo que estaba pasándole por la cabeza.
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#3
Daruu apoyó las manos en la húmeda hierba, y por un momento, se regocijó en su olor. En la sensación de la lluvia cayéndole en la piel, mojándole el pelo. En el rugido de un trueno lejano. Se levantó, acariciándose la espalda allá en el lugar del golpe.

—Confiaste en mi, y aquí estamos. Si Ayame, Kaido y Akame quisiesen entrometerse, probablemente tardarían una semana en llegar. Eso si nos encuentran. —Sonrió con cierta satisfacción, saboreando cada una de las palabras—. Ahora me toca a mí confiar en ti. Nada de Fūinjutsu. Nada de tretas. El Sharingan mejor te lo dejas en casa. Vamos a hablar con los corazones abiertos.

Se estiró los brazos cruzándolos detrás de la espalda, buscó un árbol razonablemente bien colocado y se sentó apoyando la espalda de modo que la pendiente quedara hacia arriba desde su mirada, como si fuese el respaldo de una hamaca de playa.

—No sé lo que le ha pasado a Aiko, pero nosotros no tenemos la culpa.
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#4
Una semana, una semana, una semana…

Las palabras de Daruu se colaron en su mente y chocaron con una parte muy específica de su cerebro. El lóbulo que controlaba su lógica. Bam, bam, bam. Lejos de contentarse, rebotaron una y otra vez contra él, como una maza haría contra una puerta liviana.

Hasta que la echaron abajo. Literalmente.

Pero, eso significa que… ¡Eso significa que…! —echó la cabeza hacia atrás mientras se tiraba de los pelos y miraba al cielo—. ¡Hostia puta, Daruu! ¡Hostia puta! ¿A cualquier sitio? La madre que me parió, tío. ¡La madre que me parió!

Aquella era la mejor técnica que había visto en su puñetera vida. Mejor que cualquier cosa que se hubiese atrevido a soñar. Aquella técnica era la de un Dios. Porque, ¿no decían que los Dioses estaban en todas partes?

Daruu, por su parte, quería ir a degüello. Tratar el tema que les había llevado hasta allí. Pidió que desactivara el Sharingan, cosa que Datsue acabó aceptando con recelo. No porque lo fuese a usar contra él, ni para protegerse, sino porque le ayudaba a saber cuando alguien le estaba mintiendo.

Está bien, está bien —dijo, recuperando su habitual color—. Sé que no puedes resistirte a estos encantadores ojos. —Ya sin la presencia de Ayame, ni de Kaido, se sentía más relajado. Tanto que hasta se animaba a gastar algunas bromas.

—No sé lo que le ha pasado a Aiko, pero nosotros no tenemos la culpa.

Suspiró. Fue a sentarse frente a Daruu, sin árbol tras el que respaldarse. Se cruzó de piernas y apoyó los codos en las rodillas.

Lo sé. Fue un… ataque de rabia —concedió. Conocía demasiado bien la historia como para culparle—. Quiero saber una cosa, Daruu. ¿Qué…?

»¿Qué respondiste en la primera pregunta del examen?
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#5
Ahora que el ataque de rabia al que Datsue había aludido había pasado, éste incluso se atrevía a bromear, a mantener esa confidencia que ambos habían tenido en la isla pirata. Pero Daruu había creído demasiado tiempo que gran parte de aquél Datsue que a veces le parecía gracioso y otras veces un buen tío era una fachada. De modo que no rio.

Pero la pregunta que le lanzó el Uchiha le pilló totalmente desprevenido.

—¿La primera pre... la del Kage loco? ¿Y eso a qué viene ahora? —cuestionó. Pero un par de segundos después, cedió—: Pues... Ya sabes. Lo que se supone que tiene que ser un chūnin. No puedes cuestionar al Kage. No está en tu deber. Pero puedes hablar con algún jōnin —explicó. Pero en su cara había algo más. Duda—. Pero si me ordenasen hacer daño a un ser querido... No sabría qué hacer. No creo que pudiera.

»¿Sabes? Mi padre fue un traidor. Conspiró para matar a Yui. Pues... si yo me enterase... No. Si a mí me ordenasen matar a un familiar porque es un traidor... No creo que pudiera.
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#6
Datsue se refería a la del Kage loco, sí. Pero los Kages locos, en aquellos tiempos, estaban a la orden del día. Y sino que se lo preguntasen a Zoku, que ahora debía estar en algún recóndito lugar del Yomi.

No cuestionar al Kage. Delegar en un jōnin. Aquella respuesta, pese a esperable, no le gustó. Pero luego… luego un rayo de esperanza se coló entre los nubarrones de tormenta. Daruu confesó que su padre había sido un traidor —cosa que, inevitablemente, le sorprendió—, y que, si le ordenasen matar a un familiar, seguramente no podría ejecutar la orden.

Datsue se rascó la barbilla. Estaba adentrándose en terreno pantanoso. Por una parte, su corazón le gritaba que se lo contase todo. Que Daruu era el mejor aliado que podía tener. Su única esperanza de arreglar aquello sin aventurarse en una misión suicida. Su mente, por el otro lado, le exigía que actuase con cautela. Keisuke se lo había entregado todo, confiándole su vida. Si Daruu se iba de la lengua… Si Yui se llegase a enterar que su shinobi le había desobedecido, le esperaba la muerte.

No había ningún otro desenlace posible. No con Yui.

Tragó saliva.

¿Y qué harías…? ¿Qué harías si encerrasen a Ayame? —preguntó, cambiando ligeramente el escenario que le había presentado—. ¿Qué harías si tu Arashikage, en un acto de ira, decide encerrar a Ayame en el fondo de un calabozo? De por vida. Sin posibilidad a visitas ni comunicarse con ella. —No era lo mismo rebelarse contra tu Kage por omisión a una orden, es decir, no matando a un ser querido; que rebelarse actuando contra él.

Datsue aguardó su respuesta como quien espera esa brisa refrescante bajo el sofocante sol en un desierto.
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#7
Pronto el motivo por el que Datsue le había preguntado sobre su primera respuesta del examen fue evidente, pues el Uchiha hablaba más por las cuestiones que hacía y sus gesticulaciones que por sus afirmaciones.

Daruu entrecerró los ojos y tardó un rato largo en contacto testar, tratando de ignorar el reciente ritmo de los latidos en su pecho.

—Depende del motivo. Y depende de por cuánto tiempo —confesó—. Puede que psicológicamente no esté preparado para que un ser querido traicione a la aldea, pero eso no significa que vaya a interponerme en la ejecución de una sentencia.

»Claro, que si fuese desproporcionado... De todas formas, como ya te digo, depende del tiempo. Ayame ya ha estado en el calabozo —informó de forma átona—. Yui tiene mucho pronto, pero basta con que no intentes quedar por encima de ella y sepas disculparte.
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#8
¿Qué Ayame había estado en el calabozo? La verdad…

Interesante…

… no le sorprendía. Tenía muy claro que Ayame no era la santa que Daruu había tratado de vender. No, ella era humana, como el resto. Pero eso… eso ya daba igual.

Permaneció callado, pensativo. Tratando de buscar alguna forma de ganarse el apoyo de Daruu. Lo necesitaba. No por él, sino por Aiko. Pero, ¿cómo revelarle todo sin comprometer a Keisuke? ¿Cómo justificar lo que él sabía sin revelar su fuente? Aun sin revelarla, de llegar a oídos de Yui, caería de cajón que había sido Keisuke o Mogura.

Resopló. Estaba jodidamente falto de ideas.

No sé qué decirte, Daruu —se recostó sobre la hierba empapada, cruzando las manos tras la nuca y dejando que la lluvia cayese sobre su rostro—. No lo sé.
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#9
Daruu resopló.

—Joder, macho, pues si no lo sabes tú... —dijo—. Mira, todo esto me entristece. Joder, tío, haces cosas que... Que no están bien. ¿Vale? Pero se nota. ¡Noto! Que eres un buen tipo —aseguró—. Por eso me jode. Que la tomes con Ayame. Que cuentes mentiras de Kaido. Ninguno de los dos te han hecho nada. Y estoy seguro de que tú y Ayame os podríais llevar bien, joder. No es una mala persona. ¡Datsue! —llamó su atención—. Podríamos empezar soltando lo que llevamos dentro. No te prometo que pueda ayudarte con mi Kage, si eso es lo que quieres pedirme. Pero puedo escucharte y poner mi punto de vista. Hablar contigo. ¿Dar mis impresiones? Aiko es mi compañera de aldea. Y aunque, bueno, daba la impresión de que estaba un poco loca...

Dudó. ¿Había metido la pata? Esperaba que no.

—...sigue siendo mi compañera, coño. ¿Qué pasó?

Suspiró.

—Igual te importo un carajo, pero te puedo contar lo de mis ojos. Quizás puedas ayudarme igual de poco que yo a ti. Pero... bueno, así me lo saco. Cómo aquella noche con el jabalí asado y la hoguera. ¿Recuerdas?
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#10
¡Pues claro que era un buen tipo! ¡El mejor tipo que había nacido en Oonindo! Tenía sus cosillas, claro, como todo el mundo. Las mentiras sobre Kaido, habían sido, definitivamente, un error. Tal y como lo había sido su revista del Corazón Uzureño. Enfrascado como estaba en la venganza, había creído poder enemistar a Kaido con Ayame. No solo había sido un error, sino una estupidez desde el comienzo.

¿Por qué nunca pensaba las cosas antes de hacerlas?

Respecto a que él y Ayame podían llevarse bien… prefirió callar. Habían pasado demasiadas cosas. Había demasiado remordimiento entre ellos dos.

¡Datsue! —El Uchiha se vio obligado a medio erguirse y mirarle de nuevo. A oír sus persuasivas palabras. A escuchar como decía de Aiko que estaba un poco loca…

Rio nasalmente. Sí, lo estaba, y eso precisamente era lo que le volvía loco a él. Daruu entonces mencionó la hoguera que una noche habían compartido juntos.

Claro que lo recuerdo —respondió. Habían compartido vivencias. Experiencias. Y, por un momento, Datsue creyó que se entendía mejor con él que con la mitad de sus compatriotas—. Y me gustaría recordar también la borrachera. Aquello fue épico.

Lástima que tan solo conservase breves retazos.

Está bien. Empieza tú —pidió—. ¿Qué narices te pasó?
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#11
Daruu dejó escapar un largo suspiro. Miró a la hierba en el suelo durante un momento. Luego miró a Datsue y levantó las manos despacio.

—Si me dejas hacerlo, te lo enseñaré.

Formuló una ristra de sellos.

Zummm.



• • •



Estaban en una playa. Una playa de violentas olas y arenas blancas. Aquello era el fiel reflejo de un lugar que Daruu conocía muy bien, a excepción de una pequeña colina con dos árboles. Los árboles en los que estaban apoyados en la vida real.

Daruu miró a Datsue y señaló hacia su derecha.

Allí había habido una batalla. Una refriega entre compatriotas. Daruu y Ayame estaban tendidos sobre la arena, a varios metros de distancia. La chica estaba boca abajo, derrotada y sin consciencia. Él yacía más allá jadeando intensamente, boca arriba. Era el ganador, pero no podía moverse. Estaba visiblemente agotado.

Entonces, una mujer vestida con una sencilla túnica apareció en escena. Se movió como disfrutando de sí misma. Se contoneaba como una serpiente acechando a su presa. Se agachó junto a Daruu y ambos mantuvieron una conversación preocupante. Bajo la lluvia intensa, las palabras no deberían de haber llegado a los oídos de Datsue, pero de forma antinatural lo hicieron, como si llevase puestos unos auriculares.

—¿Pero qué tenemos aquí? —dijo una voz femenina, que hablaba como si quisiese untar sus palabras sobre el pan—. Pero si es nuestro pequeño y precioso niño de ojos blancos. Tu Byakugan causó bastante... sensación en el Torneo.

—¡No! ¡Otra vez vosotros no! ¡Mira, no soy responsable de que perdierais el dinero en las apuestas! ¡Yo hago lo que tengo que hacer!

—¿Apuestas? —La mujer torció la cabeza, sin entender—. Oh, no. No, te estás equivocando de persona. Yo sólo soy una mujer que te quiere, que te aprecia, que se ha estado fijando mucho en ti, Daruu-kun...

La mujer besó su frente. El cuerpo de Daruu convulsionó un par de veces, y quedó tendido en el suelo.

—...sólo una mujer que se muere por tus ojos, cielo. Y tranquilo, que me vas a hacer ganar mucho dinero...

La kunoichi acercó sus dedos, como las garras de una harpía, a sus cuencas oculares.


Y se los arrancó.

La playa desapareció. El mundo falso que les rodeaba se volvió negro. Permaneció así un largo minuto.

Luego, ellos también desaparecieron. Sólo quedó la oscuridad.

Datsue abrió sus párpados dentro de la ilusión. La imagen borrosa de una mujer se aclaró poco a poco. Una mujer morena, con los ojos vendados, vestida con el traje de un hospital. Sonreía.

Giró su cabeza y vio a Daruu reflejado en el espejo de su habitación, tumbado en una camilla. Sus ojos eran morados.

Y la ilusión se desvaneció secamente.



• • •


Volvían a estar en la colina. Daruu lloraba.

¿Pero quién lo habría podido saber, bajo aquella tormenta?
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#12
«Así que también sabes hacer Genjutsus…»

Era extraño verse frente a la pantalla del televisor y no tras las cámaras. Normalmente, era él quien creaba las ilusiones a los demás, ya fuese con Genjutsus o con sus palabras. Por una vez, disfrutaría estando al otro lado. Aunque, pronto iba a comprobar, aquella ilusión tenía poco de disfrutable. A no ser que te gustasen los dramas, claro.

La colina sobre la que se encontraban se vio pronto rodeada por una playa de arenas blancas. El fuerte oleaje rompía sobre la orilla en espuma blanca, y allí, a pocos metros de distancia, dos cuerpos. Uno, inconsciente; el otro, en el umbral. El Uchiha los reconoció en seguida.

Una tercera persona apareció en escena. Una mujer, que se movía con la elegancia y belleza de una serpiente. Sobra decir que también transmitía la misma sensación de peligro. Se agachó junto a Daruu y susurró, pero las palabras llegaron con claridad a los oídos del Uchiha.

«No jodas que…» Datsue llegó a la misma conclusión que Daruu, pero la mujer pronto se encargó de sacarles —a ambos— de su error. «La… hostia». No supo cómo interpretar el beso en la frente y las convulsiones de Daruu. Pero, lo que vino a continuación…

Lo que vino a continuación le dejó sin aliento. Lo que vino a continuación le dolió a él, aun sin Daruu hacerle sentir el mismo dolor que padeció en ese momento crucial. Quiso apartar la vista, pero se obligó a mirar. Por Daruu. Por sí mismo. Era lo que ambos se habían temido una vez, al despertar encerrados en un barco. Una pesadilla que los dos habían sufrido…

… y que se había convertido en realidad para uno de ellos.

La playa quedó sumida en la oscuridad más absoluta. Por un largo minuto, Datsue permaneció callado, demasiado impactado como para decir nada. Luego, el reflejo enturbiado de una mujer surgió. La imagen se fue aclarando poco a poco, hasta mostrar a una mujer morena, con ojos vendados y traje de un hospital.

Sonreía. ¿Por qué lo hacía? Muy en el fondo, Datsue ya sabía la respuesta. Lo supo antes de girar la cabeza. Lo supo antes de ver a Daruu, reflejado en el espejo, con unos ojos que no eran los suyos. Y por eso su mente, como un mecanismo de defensa, quiso privarle de la respuesta. Esconderla en un fortín, fuera del alcance de su corazón. Porque sabía que, pese a lo que siempre había tratado de mostrar al mundo, y a sí mismo, aquella verdad se lo rompería.

Porque Datsue no solo vio el sacrificio de la madre de Daruu, vio el sacrificio de la suya propia. Y eso, le revolvió por dentro como nada lo había hecho hasta entonces.


• • •


Silencio. Un silencio funesto, triste, tan solo interrumpido por las lágrimas derramadas por el cielo. Quizá las de alguien más.

A Datsue se le daban bien muchas cosas: engañar; hacer reír; hacer llorar; cabrear a los demás… Pero, ¿consolar? No, consolar no era una de sus muchas virtudes. Se le daba muy mal. Fatal. Y, en aquel momento, no sabía ni por dónde empezar.

Tu madre… —dijo con voz ronca. Tragó saliva. ¡A ver si iba a meter la pata ahora!—, es una mujer excepcional. —Lo dijo desde el corazón. Desde la verdad más absoluta.

Permaneció callado por un largo rato. A veces, las palabras sobraban. Molestaban. Pero había una pregunta que trataba de salir de su garganta desde el momento en que había terminado la ilusión. Una pregunta que arañaba, luchaba y se debatía contra su laringe para salir a la luz.

Cada vez con más fuerza.

Cada vez con más ansia.

¿Quién…? —Y no pudo contenerla más—. ¿Quién era ella? ¿La habéis podido rastrear?
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#13
Tu madre… —dijo Datsue con voz ronca. Tragó saliva—, es una mujer excepcional.

—Lo sé —se limitó a contestar Daruu. Extraño, pero el comentario le había hecho sonreír. Pese a que Datsue no supiese ni la mitad de que lo que era su madre.

Hubo unos largos minutos de silencio. Silencio, por supuesto, a excepción del inclemente chaparrón. Fue finalmente el Uchiha quien volvió a romperlo.

Daruu levantó la vista hacia él. Le observó unos instantes, cerró los ojos, y contestó:

—Sé exactamente quién es. Se llama Naia. Fue quien embaucó a mi padre para ser un traidor. Y no pienso rastrearla ni hacer nada con ella.

»Datsue. Con el tiempo, he aprendido a diferenciar lo que es importante de lo que no. Proteger a los tuyos es importante. Vengarse no lo es.

Se levantó, y se acercó un par de pasos hacia él. Se señaló a los ojos con el dedo índice.

—Mi madre me dio estos ojos para que yo siguiera siendo un ninja —dijo—. Para que siguiera teniendo mi vida como siempre... o casi como siempre. ¿Qué pasa si yo voy ahora a por esa hija de perra y acabo peor? ¡Habría desperdiciado su regalo! ¡Ella me dio esta segunda oportunidad!

Dio otro paso hacia adelante.

—¿Y tú, Datsue? ¿Qué era más importante, la pequeña venganza hacia Ayame o lo que perdiste por llevarla a cabo? —dijo. No fue un comentario incisivo. Más bien parecía el de alguien que quería convencer—. ¿Es más importante el odio hacia nosotros o el amor por Aiko?

»Dime qué sabes exactamente y podremos pensar en algo. En algo...
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#14
¿Cómo? ¿Qué no pensaba rastrearla? ¿Buscarla? ¿Vengarse? Echó la cabeza hacia atrás y frunció el ceño, confuso. No lo entendía. No entendía nada.

Datsue siempre había pensado que era un Uchiha atípico. Que no gustaba de pelear y luchar como sus hermanos de clan. Que no tenía su exagerado orgullo, ni su soberbia, ni sus ansias por el poder. Pero, al igual que un león albino, opuesto al resto de su camada, sigue teniendo sus garras…

… Datsue tenía la necesidad de vengarse. Estaba en su sangre.

Pero concedió a Daruu algo: había perdido más de lo que había ganado con aquella pequeña revancha. ¿Estaría dispuesto también a perder a Aiko por su odio? El corazón se le encogió solo de pensar en dicha posibilidad. Se sintió aterrado. Ese tipo de miedo que te presiona el pecho y te impide dormir por las noches. Siquiera respirar.

Se levantó.

Y lo soltó.

«Perdóname, Keisuke…»

Aiko medió en una disputa producida entre un Genin y un Chûnin de tu aldea, y acabó por agarrar del cuello a este último. Este lo reportó, y fueron citados ante Yui —lo narraba con voz monocorde. Impersonal—. La Arashikage les ofreció disculparse y conservar la placa, o no hacerlo y volver a la academia. Dos se disculparon. Aiko optó por la segunda opción.

Le dio la espalda.

Entonces… Yui… —El timbre de su voz empezó a variar. A dar repentinas subidas y bajadas de tono. Tenía los puños apretados y respiraba agitadamente—. Yui le ensartó una katana por la espalda, en el c-corazón, y la mandó sellar en el fondo de un lago.

Silencio. Un silencio funesto, triste, tan solo interrumpido por las lágrimas derramadas por el cielo. Quizá las de alguien más.
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#15
Datsue imitó a Daruu y se levantó. Por un momento, el amejin pensó que al final Datsue no le diría nada. Que había saciado su curiosidad y ahora sólo intentaba marcharse de allí. Dejarle con la duda. Daruu frunció el ceño. Y entonces, Datsue habló:

Aiko se había metido entre una discusión de genin a chuunin. Un asunto en el que poco o nada tenía que hacer. Daruu conocía poco a Aiko, pero lo que sí conocía era su descaro, que no había disimulado durante el Torneo de los Dojos. De modo que no le extrañó. Lo que si le extrañó fue la actuación de Yui, de su kage. Porque, a pesar de que la kunoichi hubiera decidido volver a la Academia en lugar de disculparse, jamás hubiera hecho algo así. No era concebible para él. No lo era.

Daruu negó con la cabeza, cerrando los ojos.

—Ahora te entiendo del todo. Ahora sí —dijo—. Pero también te digo una cosa: dudo que Arashikage-sama hiciese algo así si Aiko aceptaba el castigo de volver a la Academia. No, tuvo que hacer algo más. Tuvo que sobrepasar un límite. Y a Yui... no parece que le guste que sus subordinados crucen tantos límites.

Cayó un momento, imaginándose la rabia que debía estar sintiendo Datsue, que transpiraba en sus puños, cerrados tan fuerte como las garras de un halcón. Un halcón que sujetase el cuello de su kage.

Entonces se preguntó cosas. ¿Hasta qué punto estar hablando de esto ya era una traición misma? ¿Qué sucedería si Yui se enterase de todo aquello? «¿Acabaría yo en el fondo del lago, como Watasashi Aiko?»

«¿Lo que voy a hacer ahora está bien?»

—¿Sabes que ayudarte a liberar a Aiko del lago me convertiría automáticamente en un traidor a Amegakure, verdad? —dijo Daruu—. Haríamos bien en no comunicar el contenido de esta conversación a nadie, ¿eh? ¿A Akame, por ejemplo?

Entrecerró los ojos.

—De modo que sabiendo el riesgo que supondría simplemente ayudarte a hacer algo para mi cabeza, entenderás que si quiero echarte una mano, y quiero, tendrá que ser con prudencia. Y te tendré que pedir que ceses cualquier intento de venganza contra Yui-sama, o contra cualquier ninja de mi aldea.

»De otro modo, tendría que matarte. O delatarte. Y en este terreno, juego con ventaja. —Bajó su mirada y la clavó en el pecho de Datsue, cauto. Ahora estaban haciendo malabares con cuchillos.
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