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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
Vientos de Invierno
#1
Viento Gris, Invierno del año 218.


El día había amanecido soleado, pero aun así el frío del Invierno ya se hacía notar por todo el País de la Espiral. Pese a que en aquellas tierras los termómetros nunca llegaban a descender hasta los niveles más bajos que podían darse en Oonindo, y que las lluvias podían ser escasas —dependiendo del año— incluso que aquella estación, todavía había lugareños que detestaban el Invierno en Uzu no Kuni. Acostumbrados a un clima amable y suave durante el resto del año, el drástico cambio se hacía notar sobre todo en las tierras del interior, y siempre cogía por sorpresa a algún que otro oriundo que se resistía a sacar el abrigo del armario.

Uchiha Akame siempre había sido de esos, de Verano, cerveza fresca y playa de blanca arena. Incluso un ninja tan dedicado como él tenía dificultades para resistirse al inmejorable paisaje que dibujaba una playa uzureña con su buen chiringuito al lado. Sin embargo, aquel año fue distinto. Aquel año recibió al Invierno con los brazos abiertos, esperando que una brisa escarchada le enfriase el corazón y templara los ánimos de todos. Porque la Paz de Shiona, tan duradera como había sido, se había roto al calor del Verano; y no había frío en todo Oonindo que pudiera congelar las llamas del agravio que ardían en algunos de los ninjas de sus Aldeas. También, porque el mal tiempo —lo que se consideraba en Uzu no Kuni "mal tiempo"— le proporcionaba la coyuntura necesaria y una razón "de peso" para no salir de casa.

Akame no quería ver a nadie. Las pesadillas del Shukaku se habían vuelto mucho peores, su Kage desconfiaba abiertamente de él y la gente en Uzu empezaba a preguntarse si de verdad los Hermanos del Desierto eran los héroes que venían a salvar el día, o un mal necesario. Después de los sucesos transcurridos durante el Examen de Chuunin, hasta él mismo había tenido sus dudas. Se encontraba en horas bajas, y no había que ser un genio para darse cuenta. Así que aquel día, había cogido carretera y manta a primera hora de la mañana para encaminarse hacia el Lago de Shiona, como un fervoroso adepto que esperase, en recompensa a su peregrinaje, obtener respuesta a sus inseguridades existenciales.

Y allí se encontraba, frente a la estatua erigida en nombre a la gobernante más justa que hubiera visto alguna vez Oonindo. Vestía el uniforme reglamentario de jōnin de Uzushiogakure, con su bandana del Remolino en la frente, chaleco militar y placa dorada en el hombro izquierdo. No llevaba de su equipamiento más que sus portaobjetos, pues se había dejado la espada en casa. Contemplaba con mirada ausente el rostro pétreo de la Uzukage que le graduó como genin, tan inmerso en sus pensamientos que ni siquiera reparó en la presencia de un recién llegado...
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Mangekyō utilizado por última vez: Ceniza, Verano de 218
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#2
... que se había acercado a él por la espalda, sin ninguna mala intención, por supuesto, sobre todo cuando descubrió que portaba el uniforme reglamentario de los altos rangos de Uzushiogakure, lo que también le alivió, era alguien en quien podía confiar, o al menos, eso era lo que le transmitía a él aquella indumentaria.

¡Hola! ¿Rememorando viejos tiempos? — Se atrevió a decir el joven mientras se acercaba.

Él mismo había viajado hasta allí única y exclusivamente porque sabía que era un lugar de culto, por así decirlo, para los uzuneses, y quería ir hasta allí para presentar sus respetos a la que, según tenía entendido, fue la artífice principal de la paz entre las tres grandes Aldeas, una gran líder que no había sido olvidada.

El Kaguya vestía con su típica camiseta de tirantes negra, aunque ésta estaba completamente tapada por el abrigo de color negro que portaba para ahuyentar el frío, con una capucha terminada en unos pelos de colores grisáceos. Tenía el pelo algo alborotado, la parte que tenía más larga, eso sí, el resto lo llevaba perfectamente rapado, y su nariz mostraba el frío que había pasado hasta llegar allí, de color rojo.
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#3
Tan absorto estaba Akame en sus propios pensamientos, que no pudo evitar dar un ligero respingo cuando oyó una voz desconocida a su espalda. El Uchiha se volteó con la rapidez del rayo, mas su postura no se alteró en demasía; no esperaba encontrar a un enemigo, pues sabía que ningún ninja extranjero llegaría tan lejos como para profanar el monumento de Shiona con sus beligerantes pretensiones. No, lo que encontró allí fue la cara risueña de un muchacho de lo más curioso, con un rapado mohicano parecido al que Datsue se había hecho alguna vez, y unos ojos azules que le observaban con vivacidad. Por sus palabras, Akame dedujo que o bien era un habitante de Uzushiogakure, o bien conocía bien la cultura del Remolino.

Cualquiera de las dos le valía. El jōnin respondió con un leve asentimiento mientras examinaba la figura del chico; rondaría su edad, y tenía una complexión que se veía entrenada. «¿Un genin?», se preguntó.

Así es —corroboró, con tono calmo, para luego dirigir sus ojos hacia la efigie de Shiona—. Uzumaki Shiona me colocó mi bandana cuando me gradué como genin. Dentro de dos meses hará tres años de eso... —suspiró, triste—. Parece que haya pasado toda una vida.

Akame bajó la mirada, buscando discretamente el garabato que Habaki Karamaru, de Amegakure, había hecho en nombre de su antiguo compañero fallecido; Haskoz. «¿Recordará alguien su nombre?» El jōnin no pudo evitar preguntarse, también, qué sería de aquel calvo tan carismático en los tiempos actuales. Todo cambiaba demasiado deprisa en Oonindo.

Al final se volteó, encarando de nuevo al desconocido.

Uchiha Akame, de Uzushiogakure. ¿Cuál es tu nombre, chico?
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#4
Así es. Uzumaki Shiona me colocó mi bandana cuando me gradué como genin. Dentro de dos meses hará tres años de eso... Parece que haya pasado toda una vida.

Riko notó la nostalgia en sus palabras, incluso podría llegar a decir que más que nostalgia era pena, por lo que respetó aquel momento no interrumpiendo más, dejándole recordar en paz mientras le observaba.

Tenía que ser muy habilidoso, no en vano era Jōnin y apenas tendría uno o dos años más que él, por lo cual se sintió algo avergonzado, estaba muy por detrás de la gente de su edad a pesar de haber llegado hace poco.

Uchiha Akame, de Uzushiogakure. ¿Cuál es tu nombre, chico?

Riko se sacudió la cabeza, tratando de evitar aquellos pensamientos.

¡Oh, así que tú eres Akame! Me han hablado mucho de ti. — Diría curioso. —Mi nombre es Kaguya Riko, también de Uzushiogakure, un place conocerte, Akame-san.
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#5
La sorpresa se dibujó en el rostro del Uchiha cuando aquel —que luego revelaría ser compatriota suyo— le reconoció y dijo haber oído hablar de él. Akame no era el típico ninja carismático del que todo el mundo hablaba, ni que era conocido allá por donde iba, de modo que aquel tipo de sucesos siempre le cogía de improvisto. Sin saber qué decir, se limitó a realizar una inclinación de cabeza algo cohibida.

Igualmente, Riko-san —respondió—. Kaguya, ¿supongo entonces que eres shinobi? —aventuró el Uchiha, buscando instintivamente una bandana en la indumentaria del chico.

«Ni siquiera me suena su cara. Vaya, se nota que me voy haciendo mayor, apenas conozco a los nuevos», meditó el jōnin. «Kaguya, ¿eh?» Una mueca de desagrado se dibujó sin querer en su rostro, y Akame trató de ocultarla rápidamente.

¿Te graduaste hace poco, no? —preguntaría Akame una vez el genin le hubiera respondido a su anterior duda—. He oído hablar en la Aldea de vuestra promoción, muchos la consideran la nueva Generación de Oro... Meh, no sé yo —añadió, con una media sonrisa entre pícara y orgullosa.

Y dime, ¿quién es que te ha hablado tanto de mí?
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#6
Igualmente, Riko-san. Kaguya, ¿supongo entonces que eres shinobi?

El pelinegro asintió enérgico mientras se llevaba la mano a la cremallera del abrigo para bajarla un poco y dejar a la vista la bandana que llevaba al cuello, para que le reconociera con más facilidad.

Sin saber muy bien por qué el rostro del Uchiha cambió por un instante, pero el Kaguya no le dio mayor importancia.

Sí, me gradué hace muy poquito. — Explicó el chico. —No sé qué decirte, no pasé demasiado tiempo con mis compañeros de promoción, así que no les conozco mucho, pero yo no soy la gran cosa, así que no sé cuánto de cierto hay en eso de la nueva Generación de Oro. — Dijo encogiéndose de hombros.

Y dime, ¿quién es que te ha hablado tanto de mí?

Riko se lo pensó un instante antes de hablar.

Pues sobre todo Datsue-san, aunque Eri-sensei también te mencionó, y algún que otro compatriota más. — Afirmó el joven, tratando de recordar quién más le había hablado de él.
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#7
«Humpf, así que en efecto, es de la nueva promoción. ¿Seguirá Kyoko-sensei impartiendo Fuuinjutsu?» Aquella profesora siempre había tenido manía a Akame, y éste siempre había odiado sus clases porque las técnicas de sellado eran lo único que se le había resistido de verdad durante la Academia. Hasta el punto de que el Uchiha había terminado por descartar aquella asignatura de su plan de estudios para centrarse más en otras como Taijutsu y Ninjutsu Elemental. Sea como fuere, entre profesora y alumno nunca había habido una buena relación; y sin embargo Akame se sorprendía ahora recordando aquellas clases con cierta nostalgia.

¿Así que no eres la gran cosa? —Akame negó con la cabeza—. ¿Qué clase de ninja puede no tener confianza en sí mismo? —replicó, cruzándose de brazos.

Luego Riko le dio a entender que ya había conocido a Datsue, y que Eri —Akame supuso que se refería a Uzumaki Eri— era su maestra.

Vaya vaya, así que Eri-san es tu sensei. ¡Y dices que no eres la gran cosa! —el Uchiha sonrió a medias—. Uzumaki Eri es una de las mejores jōnin de Uzushiogakure, teniendo semejante maestra, no puedes permitirte andar por ahí hablando con tan poca confianza. ¿Entiendes? —aseguró—. Ella es una gran kunoichi, fue parte del equipo de ninjas del Remolino que detuvieron a la jinchuuriki descontrolada de Amegakure.

«¡Pues menudas ganas traen estos nuevos! Así van a durar menos que una perra chica en la puerta de un colegio...»
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#8
Riko movió la cabeza de lado a lado, en signo dubitativo, no era que no tuviera la suficiente confianza en sí mismo, si no que los pocos combates que había tenido hasta entonces, no habían sido demasiado fructíferos, aunque era cierto que sus rivales estaban muy por encima de sus posibilidades.

Bueno, contra los de mi promoción sí me puedo comparar, pero no soy la gran cosa comparado a lo que hay fuera. — Explicó, tratando de exponer su visión. —Aunque Datsue me dijo que tenía un gran potencial después de un combate de entrenamiento que tuvimos. — Dijo sonrojado, aunque no se notaría gracias al frío, que ya le había enrojecido las mejillas.

Lo siguiente que Akame dijo le hizo creérselo un poco más, había halagado abiertamente a Uzumaki Eri, su sensei, lo cual le hacía sentir extrañamente halagado a él también, ya que pensaban que no le asignarían tutelar a cualquiera que saliera de la academia.

Muchas gracias, Akame-san. — Dijo el joven con una reverencia. —Estoy entrenando duro para poder ayudar a la aldea y para llegar alto dentro de la Villa. — Afirmó, con un tono que denotaba una confianza renovada.
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#9
El Uchiha asintió, pensativo, mientras Riko se explicaba. «Bueno, si ha estado entrenando contra otros ninjas más poderosos, es normal que le hayan dado para el pelo... ¡Pero lo que no puede ser es que eso le desmotive!» Al final, Akame acabó negando con la cabeza en señal de profundo desagrado.

Entrenar contra shinobis más poderosos te ayudará a mejorar a un ritmo mucho mayor que si lo hicieras contra tus iguales —enunció, levantando el dedo índice, con una contundencia categórica—. Pero por eso mismo, debes ser consciente en todo momento de que tu objetivo no es ganar, sino aprender lo máximo posible. Y, al mismo tiempo, tienes que conservar en tu mente el ansia por derrotar a tu adversario... ¡Así es!

Sin embargo, cuando Riko mencionó que Datsue y él habían tenido un combate de práctica y que el Hermano del Desierto había valorado su potencial durante el mismo, un brillo de orgullo se pudo ver en los ojos de Akame. Aun reticente, el Uchiha acabó por explicarse.

¿Un combate de entrenamiento contra Datsue, eh? —murmuró—. Y dime, Riko-san, ¿estarías dispuesto a que el Hermano del Desierto restante evaluara ese potencial?

El guante estaba lanzado. Akame llevaba demasiado tiempo sin entrenar con nadie que no fuese su compañera predilecta, y tampoco había "catado" a ninguno de los jóvenes genin de la nueva hornada. «Además, todo eso de la "nueva Generación de Oro" está muy de moda en la Aldea estos días. Hora de comprobar si es verdad...»
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#10
Entrenar contra shinobis más poderosos te ayudará a mejorar a un ritmo mucho mayor que si lo hicieras contra tus iguales. Pero por eso mismo, debes ser consciente en todo momento de que tu objetivo no es ganar, sino aprender lo máximo posible. Y, al mismo tiempo, tienes que conservar en tu mente el ansia por derrotar a tu adversario... ¡Así es!

Lo cierto era que no dejaba de tener razón, aquella sensación rara que había sentido después de cada combate no había sido frustración, más bien había sido lo que había esperado, aunque le dolió no poder hacer nada contra Datsue, pero era cierto que de aquel combate había sacado un par de cosas claras, una que tenía que mejorar mucho su combate a distancia sobre todo y otra, que en un futuro conseguiría darle la vuelta a la tortilla.

Por eso, cuando Akame, la otra parte de los Hermanos del Desierto le propuso un combate de entrenamiento sus ojos brillaron con ilusión, no nos engañemos, sabía que no podría ganar, pero era tal y como el propio Uchiha había dicho, aquello le ayudaría sobre manera.

¡Por supuesto! Nunca hay que desaprovechar una oportunidad de entrenar. — Respondió casi instantáneamente. —Además hay un par de cosas que quiero probar, y es una buena oportunidad.

Había desarrollado un par de técnicas desde el combate con Datsue y quería comprobar qué tal funcionaban y nada mejor que en un combate de entrenamiento contra un jōnin como Akame.
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