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La caza de la bestia - Versión para impresión +- NinjaWorld (https://ninjaworld.es) +-- Foro: País de la Espiral (https://ninjaworld.es/foro-pais-de-la-espiral) +--- Foro: Planicie del Silencio (https://ninjaworld.es/foro-planicie-del-silencio) +--- Tema: La caza de la bestia (/tema-la-caza-de-la-bestia) |
La caza de la bestia - Amedama Daruu - 4/09/2018 Venimos de... —¡Esperad, cuidado! —Daruu tuvo que lanzarse hacia un lado como uno de esos guardametas de aquél curioso deporte que se practicaba en Shinogi-To con una pelota y dos palos a cada lado del terreno de juego. Rodó por la planicie, y cuando se levantó, el monstruo que era Ayame se estaba dando la vuelta—. ¿Pretende marcharse? ¿A dónde? «Quizás está volviendo a la villa para terminar lo que empezó. Mierda, mierda... Pero a saber si la encuentra. Y si no, ¿a dónde? ¿Y si se encuentra con una ciudad? ¿Tal vez Yamiria? ¡Sería un desastre, tenemos que detenerla!» Daruu se lanzó a la carrera detrás de Ayame. Esperaba que los otros dos hiciesen lo mismo. Mas pronto descubrió que la jinchuuriki era mucho más rápida que él. Ayame ya era más veloz en circunstancias normales, pero aquello... Formuló el sello del carnero con una mano. Apareció al lado de Ayame, a la carrera, aunque rápidamente volvió a tomar la delantera sin esfuerzo. Pero él esperaba haber conseguido el tiempo suficiente. Saltó, hizo los sellos pertinentes, apuntó bien y... «¡Suiton: Amedama no Jutsu!» Una esfera pegajosa de lo que parecía ser caramelo salió despedida de sus labios y chocó contra la jinchuuriki. A pesar de que no le sería necesario, Daruu mantuvo el último sello formulado y cayó al suelo rodando y arañándose con las plantas y las piedras. «Por favor, no te sueltes, no te sueltes, no te sueltes...» —¡¡ERI-SAN, AKAME-SAN!! RE: La caza de la bestia - Uchiha Akame - 4/09/2018 «¡Joder!» La jinchuuriki descontrolada rugió con fiereza y agitó sus tres colas. El Sharingan de Akame fue capaz de distinguir cómo el manto que recubría a aquella muchacha se agitaba de forma amenazadora unos instantes antes de descargar tres potentes ondas de choque constituídas por puro chakra que quebraron el aire. Con un ágil salto, el jōnin se arrojó al suelo de forma similar a como lo había hecho Daruu. Luego el monstruo embistió... O, más bien, huyó. La jinchuuriki se alejaba de ellos a la carrera con una velocidad endemoniada. «Es incluso más rápida que Datsue cuando perdió el control...» Daruu fue el primero en reaccionar mientras Akame se ponía en pie. Previendo su acción, el Uchiha imitó el sello del Carnero que había formado su compañero de Amegakure y utilizó también la técnica de desplazamiento instantáneo para colocarse en el otro flanco de la jinchuuriki enloquecida. Amedama Daruu hizo una cadena de sellos y escupió una esfera de lo que parecía ser una sustancia muy pegajosa, que buscaba impactar contra Ayame. El joven Uchiha, por su parte, sacó una hikaridama de su portaobjetos y la lanzó justo delante de las narices de la bestia, cerrando los párpados. —¡Cerrad los ojos! —advirtió. Todas las esperanzas estaban puestas en Eri. Si las distracciones de ambos shinobi eran suficientes para que ella pudiera hacer uso de su técnica de Fuuinjutsu, habrían conseguido evitar una catástrofe. Si no... «Que Shiona-sama nos asista...» RE: La caza de la bestia - Uzumaki Eri - 4/09/2018 Fue como si toda su cabeza diese tres vueltas en distintas direcciones, dejándola confusa y aturdida. Akame había agarrado su mano y, en una vorágine extraña, los tres —o mejor dicho, cuatro— habían desaparecido para volver a aparecer en lo que parecía la Planicie del Silencio, dejando atrás todo lo que ella buscaba proteger. —Eri... Tienes que... Tienes que darle en el sello —masculló Akame, todavía dolorido por el esfuerzo—. Es la única manera. ¿Conoces... Conoces la técnica, verdad? «Sí, sí la conozco...» Abrió los ojos y se incorporó rápidamente pero trastrabillando en el proceso, y miró a su alrededor, reaccionando a la voz que acababa de escuchar. La bestia estaba allí, junto con Uchiha Akame, Amedama Daruu, y... ella. Sin previo aviso, Ayame rugió con toda su alma haciendo que el cuerpo de Eri temblase en su totalidad, obligándola a sujetarse firmemente al suelo antes de que cayese de nuevo. —¡Esperad, cuidado! —aulló Daruu, y Eri miró hacia desde donde venía una gran onda que probablemente la azotaría si no se hubiera decidido a abrazar el suelo como si él fuese a salvarla de aquella pelea. Sin embargo, cuando volvió a incorporarse, el bijuu comenzaba a escapar en dirección opuesta a la que ellos se encontraban, y ella comenzó a enloquecer, ¡si se escapaba, sería incapaz de frenar que el sello se descontrolase! Por ello comenzó a correr tras ella, a la mayor velocidad que nunca antes había logrado. «No... ¡Ayame, por favor!» Por suerte, Daruu actuó rápidamente, teletransportándose hasta el lado de Ayame para lanzarle lo que parecía una masa de agua viscosa, atrapándola en el proceso. Ella tampoco perdió el tiempo y preparó el sello del carnero, más, sin embargo; no activó la técnica de teletransporte pues Akame había ocupado el lugar contrario a Daruu, lanzando una bola en el proceso... —¡Cerrad los ojos! Obediente, ella cerró los ojos, aún sin dejar de correr. Aquella era su única oportunidad y tenía que tener las fuerzas por encima de sus capacidades normales si quería que aquello saliese bien, si de verdad quería salvar a Ayame. Abrió los ojos cuando sintió que llegó a su destino, y, entonces... «Oh, no... ¡No sé dónde está el sello!» —¡DARUU-SAN! —chilló, hacia la posición donde había visto a Daruu la última vez—. ¡NO SÉ DÓNDE ESTÁ SU SELLO! Necesitaba una respuesta rápida, pero no podía perder el tiempo esperando, así que comenzó a preparar aquella técnica que jamás había utilizado antes más allá de la práctica. Sujetó su muñeca derecha con la contraria y, de cada uno de sus dedos, una pequeña y luminosa llama morada emergió con un kanji diferente en cada una. Ahora solo quedaba una respuesta, tan solo una respuesta... Y ella podría acabar con ello. RE: La caza de la bestia - Aotsuki Ayame - 4/09/2018 El paisaje pasaba a toda velocidad a su alrededor. Podía sentir la hierba bajo sus patas, el viento en su rostro... ¡Al fin iba a ser libre! Pero entonces los vio. Habían aparecido uno a cada lado. No les prestó demasiada atención, simplemente aceleró el paso. Ella era mucho más rápida que ellos y lo sabía, no tardaría en volver a darles esquinazo. Pero subestimarlos fue un grave error. Un gravísimo error. Algo cayó frente a ella, y un violento destello de luz la cegó momentáneamente, haciéndola trastabillar con un bramido de rabia contenida. Y ni siquiera tuvo tiempo de recuperarse, algo terriblemente pesado cayó sobre ella, aplastándola contra el suelo. Intentó revolverse, pero todo fue inútil. Apenas podía moverse. Apenas podía respirar... —¡DARUU-SAN! —chilló la voz de la chica que había aparecido con ellos allí desde su espalda—. ¡NO SÉ DÓNDE ESTÁ SU SELLO! El Gobi se revolvió con renovada fiereza al escucharlo. Un nuevo bramido que reverberó por la planicie que dejó de ser silenciosa. Pero de poco le servía. Seguía apresada y cegada. No pensaba permitirlo. ¡No iban a retenerla de nuevo! Porque ella era... Vapor. Un brazo de chakra surgió desde su espalda y se agitó violentamente en el aire, buscando barrer con él a la kunoichi o a cualquiera de los otros dos insectos. Sin embargo, en aquella posición y con los efectos de la bomba de luz aún en sus retinas, aquel movimiento era como si estuviera intentando atrapar moscas al vuelo con los ojos cerrados. Se sacudía, se retorcía, ondeaba de aquí para allá en movimientos erráticos... pero terriblemente violentos. RE: La caza de la bestia - Amedama Daruu - 4/09/2018 Daruu alcanzó a escuchar el grito de Eri justo a tiempo para que la bestia extendiera un brazo hecho de chakra, lo sacase fuera de su prisión, y lo enarbolase en su dirección. «¡No! ¡Ella es la única que puede!» Eri pertenecía al clan de los Uzumaki, la estirpe que fundó el Remolino. Expertos en Fuuinjutsu de alto nivel, o eso decían las historias. Ya había tenido, además, la iniciativa dos veces. Eso sólo podía significar que sabía qué hacer. El poder de un Dios, y el poder de un Demonio. Sólo hay una cosa que comparten. Para obtenerlos, y para detenerlos, hace falta un sacrificio. Formuló el sello del carnero de nuevo. —¡Entre los dos omóplatos! —gritó desde la izquierda de Eri. Saltó y la placó para derribarla, al tiempo de sentir el golpe del brazo de chakra y el calor abrasador recorriendo toda la mitad derecha de su cuerpo—. ¡AAAAAAAAGHH! RE: La caza de la bestia - Uchiha Akame - 4/09/2018 La estrategia combinada de los shinobis de Uzu y Ame pareció funcionar a la perfección; Akame sonrió para sí cuando abrió los ojos tras el estallido de su bomba de luz y vio a la bestia sumamente desorientada. El proyectil de Daruu impactó de lleno como consecuencia de esto mismo, y Eri no tardó en darles alcance mientras los dedos de su mano se iban iluminando con el fulgor de las llamas características de aquella técnica. «¡Vamos, Eri-san!» Sin embargo, todo no iba a ser tan fácil. Eri les confesó con desesperación que no sabía dónde se ubicaba el sello especial de Ayame, y al joven Uchiha se le heló la sangre. Los siguientes momentos parecieron transcurrir a cámara lenta. Un gigantesco brazo hecho puramente del chakra del bijuu que emergía de su espalda, agitándose en el aire como un látigo hecho con el fuego del mismísimo Yomi. El rugido furioso de Ayame, que trataba a tientas de quitarse a los tres ninjas de encima. El desesperado grito de Daruu, revelando la posición del ansiado sello, el único punto débil de aquel demonio encarnado. El Amedama, arrojándose encima de aquella figura hecha de puro ardiente charka corrosivo y abrazándola como si se tratase del cuerpo de su amada —en efecto, lo era—. Akame tampoco perdió el tiempo. No supo si iba a surtir efecto o no, si aquel chakra demoníaco podía ser contrarrestado, pero no había tiempo para dudar. Una cuchilla de vibrante chakra carmesí se formó alrededor de su mano derecha. El jōnin se encomendó a su instinto y saltó hacia delante, moviendo su propio brazo como si de una espada se tratase para intentar seccionar por la mitad aquel brazo de energía. —¡Ahora! RE: La caza de la bestia - Uzumaki Eri - 4/09/2018 Sus chillidos despertaron en lo más oculto de la bestia aquel instinto de supervivencia que le ayudaría a intentar liberarse de las garras de sus captores. No sabía cuanto quedaba de Ayame ahí dentro, pero lo que sí sabía era que lo que tenía dentro ansiaba con salir y dejar de estar dentro de aquella chiquilla para siempre. Por ello, la bestia decidió que ya era hora de poner fin a aquella caza creando así un brazo hecho de puro chakra, moviéndolo para embestir a sus captores, fue entonces cuando escuchó: —¡Entre los dos omóplatos! Y el cuerpo del Amedama chocó contra el suyo propio para evitar que aquella gigantesca garra diese de lleno contra su pequeño cuerpo, llevándose él mismo el zarpazo que ella se habría llevado de no ser por el sacrificio del amejin. Ella no perdió más tiempo, y pese a seguir formulando el sello que llevaba en su mano derecha; se levantó rápidamente forzando sus piernas y, con el corazón bombeándole a una velocidad casi asfixiante, se echó sobre la bestia. Buscó unos segundos el lugar mencionado por Daruu y se lanzó, plantando los cinco dedos de su mano contra lo que se suponía que era el sello que mantenía al bijuu en raya. «Por favor, Ayame-san...» Contaba con ella, contaba con ella... RE: La caza de la bestia - Aotsuki Ayame - 4/09/2018 El brazo de chakra impactó contra algo y aunque el Gobi no pudo comprobat qué había sido, si atinó a escuchar un lamento de dolor y una frase: —¡Entre los dos omóplatos! ¡NO! ¡NO! ¡NO! El Gobi rugió ante el significado de aquellas palabras, y el brazo de chakra restalló en el aire con aún más fuerza, buscando aplastar de una vez por todas a aquellos molestos insectos que se empleaban en encadenarla de nuevo. Pero el Uchiha volvió a entrometerse, seccionando el brazo de chakra con un corte limpio, usando su propia extremidad como espada. No importaba. Como una hidra, tres brazos nuevos surgieron del mismo muñón y se abalanzaron sobre Akame. Las garras dirigidas directamente hacia sus ojos... Y entonces se detuvo en seco. Eri había alcanzado el sello y había utilizado la ancestral técnica para restablecerlo. Entonces sintió el dolor. El Gobi lanzó un último bramido antes de que su voz se rompiera y se transformara en el desgarrador alarido de dolor de Ayame. El chakra blanco se desprendió de su cuerpo con una última voluta de calor y los ferales rasgos de la bestia pronto se suavizaron y regresaron a su habitual gesto infantil. Como un títere al que le hubiesen cortado las cuerdas, Ayame cayó a plomo sobre el suelo con las lágrimas surcando sus mejillas y un profundo gesto de sufrimiento. Quemaba. Toda ella ardía como si hubiera estado ardiendo hasta unos pocos segundos. Y en verdad era así, pues gran parte de su piel presentaba diferentes quemaduras. —Lo... sien...to... —sollozó débilmente, antes de que su cerebro se apagara. RE: La caza de la bestia - Amedama Daruu - 4/09/2018 Daruu cayó sobre la hierba de la llanura, dolorido. Del golpe, tenía la visión emborronada: no era capaz de ver si Eri había conseguido zafarse del ataque del Gobi. La única señal de que todo había terminado vino por otro sentido: el del oído; un rugido gutural llenó tierra y cielo y retumbó como el lamento de un demonio. O más bien, podría decirse que el lamento de un demonio retumbó. Luego, un destello blanco. Luego, una disculpa. Y luego, el silencio. El amejin lloró lágrimas de puro alivio y se arrastró gateando como pudo hasta el cuerpo de Ayame. Movió su mano izquierda y comprobó el pulso. Esgrimió una sonrisa triste y se abrazó a ella, desconsolado. Entonces, Daruu recordó dos cosas, y olvidó una. —Lo siento, Ayame —susurró, recordando todo lo que Datsue les había hecho antes de hablarle, a él, de lo ocurrido con Aiko. De cómo Daruu había creído, durante su aventura en la isla con el pirata en un primer momento, que el Uchiha era un crío en el cuerpo de un ninja poderoso y que sólo buscaba satisfacer sus propios intereses. Olvidó todo lo que habían pasado juntos, la conversación en la hoguera, y las consideró una falsedad para protegerse a sí mismo. Para cuando Daruu se enterara de lo del sello. Eso debía ser—. Tenías razón. Tenías toda la puta razón, Ayame. Ese Datsue es una sabandija. Él prometió hacer las paces contigo y con Kaido, y te hace... esto. —Datsue se había excedido por un buen puñado, y con eso, acababa de traicionar por completo el ya fino hilo de confianza que tenía con Amedama Daruu. La más sutil esperanza de que él le ayudase con el rescate de Watasashi Aiko. El muchacho levantó la vista un momento y la dirigió a los shinobi que habían salvado a su amada. —Gracias. Procuraré no olvidar esto —dijo—. Aunque ahora supongo que somos adversarios de forma permanente, ¿eh, Akame-kun? —Sonrió. Era una sonrisa triste. Y entonces recordó que, irónicamente y hace mucho tiempo atrás, había habido una escena parecida a aquella. Las lágrimas no eran tales sino gotas de lluvia, y el motivo por el que estaba con Akame era otro muy distinto. Pero incluso había otra chica llamada Eri. El mismo nombre. Aquello tenía que ser cosa del destino. Sin duda, Uchiha Akame entendería el subtexto detrás de aquellas palabras. Aquél día, él y Daruu habían discutido, y Akame defendió que hubiese intentado matar al amejin porque había recibido las órdenes de un superior. Daruu podría no olvidar aquel favor nunca, nunca jamás. Pero quizás la próxima vez que se enfrentaran tuvieran un peso mayor que las buenas deudas sobre los hombros. —Supongo que la vida del ninja es no dejar de estar de servicio ni para un puto examen, ¿eh? —dijo, pasándose el brazo de Ayame por encima del hombro. RE: La caza de la bestia - Uchiha Akame - 4/09/2018 Todo terminó más rápido de lo que Akame habría imaginado. A su alrededor, la acción parecía transcurrir a cámara lenta; la Mano del Ogro cortando aquel brazo de chakra demoníaco como si se tratase de mantequilla, para júbilo del Uchiha... Y tres apéndices más surgiendo de éste para su horror. Eri, enarbolando su mano con aquellas cinco luciérnagas violetas encendidas en la yema de cada dedo. Ayame, o más bien el bijuu que había tomado posesión de su cuerpo, rugiendo enardecida al ver que la libertad que tanto había ansiado y que era capaz de rozar con la punta de los dedos se le escapaba a pasos agigantados. El chakra blanquecino que recubría su cuerpo, burbujeante, secándose como una escultura de barro al Sol y desprendiéndose de la jinchuuriki. «Lo hemos... Lo hemos conseguido...» El joven jōnin contempló el cuerpo maltrecho de la kunoichi de la Lluvia y escuchó lo que quizás serían sus últimas palabras. Y no pudo evitar que un nudo en el estómago le presionara con gran violencia, porque supo que tiempo atrás su propio Hermano había estado en ese lugar. Daruu se apresuró a auxiliar a su amada, tomándola en brazos. Agradeció la actuación de los ninjas del Remolino y aseguró que les debía un favor... Pero Akame ya no estaba prestando atención. Su mirada yacía fija en los ojos violetas del Amedama, pero sin embargo no transmitía emoción alguna. Dentro de él, una parte muy profunda de su ser, había deseado que fracasaran. Que Eri no pudiera contener el poder del bijuu, que el contrasellado fallase. Que hubiesen tenido, simplemente, que abatir a la bestia. Eso lo hubiera hecho todo mucho más fácil. Pero ahora... —Auinque ahora supongo que somos adversarios de forma permanente, ¿eh, Akame-kun? Daruu sonrió con tristeza. Akame quiso hacerlo. —Por desgracia... Así es —de repente, el Uchiha se dirigió a su compañera con virulenta rapidez—. ¡Eri-san! ¡Las esposas en mi portaobjetos! Al unísono de sus palabras, las aspas del Sharingan de Akame empezaron a girar, fijas en los ojos del amejin. Su chakra pronto invadió el sistema circulatorio de Daruu, introduciéndole en un Genjutsu que le paralizaría por completo. Esperaba que su compañera Uzumaki hubiese entendido la orden y tomara los grilletes supresores de chakra que Akame guardaba en el portaobjetos. Una vez colocados, Daruu no tendría oportunidad alguna de entorpecerles. «Lo siento, Daruu-kun... Pero no tengo alternativa.» RE: La caza de la bestia - Uzumaki Eri - 4/09/2018 «Ya está... Todo... Todo ha terminado...» Pero Eri no se movió de su posición, y siguió allí, clavada, con los dedos acariciando la marca que mantenía al Gobi a raya. Entonces fue cuando el ser emitió un chillido desgarrador que le caló hasta lo más profundo de su corazón, sintiendo por un momento el dolor de aquella bestia dentro de su propio ser, sobre todo porque después se fue transformando en el aullido lastimero de Ayame, desgarrando su interior por el dolor que aquello le provocaba. La capa de chakra se desvaneció de su pequeño cuerpo, y éste, terminado, cayó al suelo. —Lo... sien...to... «No... Lo siento yo...» Si quizá hubiese sido más rápida. Se arrodilló justo al lado del cuerpo de Ayame, dejando espacio a Daruu que, arrastrándose, logró llegar a ella y comprobar que el tiempo de la joven morena todavía corría por sus venas. Eri dejó caer un par de lágrimas y pensó que podía descansar por un momento, sonriendo ligeramente al comprobar que Ayame viviría algo más. —Gracias. Procuraré no olvidar esto —dijo Daruu, tras dedicarle unas palabras a la muchacha que yacía medio inerte entre sus brazos—. Aunque ahora supongo que somos adversarios de forma permanente, ¿eh, Akame-kun? Por fuera, Eri no entendió aquello, pero en el fondo, sabía lo que suponían las palabras de aquel muchacho. Miró a su compañero y superior, Uchiha Akame, quien se había mantenido al margen hasta que Daruu se había dirigido a él. Ella, que seguía algo sobrecogida, le miró buscando respuestas en su serio rostro. —Por desgracia... Así es —sin embargo, Akame tenía algo en mente, un plan en el cual ella también formaba parte—. ¡Eri-san! ¡Las esposas en mi portaobjetos! Abrió los ojos como platos y el corazón se le paró por unas milésimas de segundo, sin embargo y con lágrimas en los ojos, Eri corrió a tomar el objeto requerido por su superior, y, entendiendo ligeramente lo que Akame tenía dentro de la cabeza, esposó a Daruu con una rápidez que ni ella misma creía que tenía, no sin antes murmurar sin voz: "Lo siento."
Acababa de cerrar aquella pequeña amistad establecida con aquel simple gesto, y, pese a que una parte del pecho le ardía tanto que parecía quemarla por dentro, no dejó ver ni un ápice de duda en su sonrosado rostro, aunque por dentro se estuviese muriendo por imponer su voluntad, dejar a Ayame y Daruu libres para que él la llevase a algún lugar donde pudieran sanarla... «No...» Y con algo pesado ocupándole el pecho y nublándole parcialmente la cabeza, se levantó y se retiró ligeramente de Daruu, adoptando una posición defensiva. Todavía no podía bajar la guardia. RE: La caza de la bestia - Amedama Daruu - 4/09/2018 —Todos sois iguales —murmuró Daruu, en voz baja—. ¡TODOS SOIS IGUALES, SUCIAS RATAS DE UZUSHIOGAKURE! Con el chakra anulado por las esposas, nada impedía ya que el amejin abandonase el Genjutsu. Ido de sí, con una mueca terrible dibujada en el rostro con la mitad de la cara quemada, dio un salto en dirección a Eri dispuesto a darle un cabezazo en los dientes. —¡Ojalá supiera el Chidori para atravesarte el cuello con el, PUTA! RE: La caza de la bestia - Uchiha Akame - 4/09/2018 Click. El sonido de las esposas de supresión del flujo de chakra al cerrarse en torno a las muñecas de Daruu sacó a ambos del Saimingan. Eri había cumplido la orden. «Se acabó...» Akame cerró los ojos un momento, mientras los gritos impotentes de Daruu inundaban el aire. Hay una diferencia fundamental entre un rival y un enemigo. Al enemigo se le combate con todo, no se le ofrece ni la más mínima compasión ni piedad; el enemigo es quien debe ser erradicado a toda costa. Contra el enemigo se utiliza cualquier arma o recurso disponible, se lucha con uñas y dientes. Un rival es distinto; porque incluso aunque se encuentre al otro lado de la trinchera, al rival se le reconoce como a un igual. Se le admite esa clase de respeto que sólo puede darse entre dos guerreros que están acostumbrados a jugarse la vida por los mismos motivos bajo distinta bandera. Aquel día, Akame aprendió que, en el mundo ninja, no había lugar para tales diferenciaciones. Que aquellas consideraciones eran un lujo reservado para las novelas fantásticas y las historias de leyendas, de hombres y mujeres sabios y poderosos que jamás existirían. Él se había pasado su peculiar vida creyendo en aquellas historias... Pero ahora sabía que no eran más que eso. Cuentos. No había en todo Oonindo alguien tan sabio si permitía que existiesen tales cosas como los jinchuuriki. Le dedicó una última mirada de tristeza a la joven inconsciente que yacía sobre la hierba. «Lo siento...» Encaró a Daruu, que estaba intentando propinarle un cabezazo a Eri, y le apartó de un empujón, tirándole al suelo. —Buen trabajo, Eri-san —felicitó con voz gris—. Volvamos a casa. Akame le tendió una mano a la Uzumaki mientras con la otra levantaba a Daruu, agarrándole del cuello de la camisa, y luego ponía su bota ninja sobre el cuerpo inconsciente de Ayame. Chispas de chakra carmesí se arremolinaron en torno a ellos, como las lágrimas de un dios furioso, mientras el Sharingan izquierdo de Akame adoptaba un diseño parecido a un remolino, y luego el espacio a su alrededor se deformó en apenas un instante. Zzzzup.
— Cuatro figuras aparecieron como creadas por generación espontánea en la puerta del hospital de Uzushiogakure no Sato. Akame se encorvó ligeramente un momento mientras se recuperaba del dolor y el esfuerzo que le suponía utilizar su Mangekyō Sharingan. Al menos aquella vez no habían sido expulsados en el espacio como si un ente invisible les acabara de vomitar sobre el suelo, sino que "aterrizaron" con más o menos suavidad. —¡Un médico, rápido! —vociferó el jōnin, mientras soltaba la mano a Eri y obligaba a Daruu a colocarse de rodillas, con sus manos esposadas sobre la cabeza—. ¡Esta muchacha necesita atención médica urgente! Luego se volteó hacia la Uzumaki. —Eri-san, ve a buscar a Hanabi-sama, por favor. Quizás todavía esté en el Estadio —pidió el jōnin—. Y no comentes lo que ha pasado con nadie, ¿entendido? RE: La caza de la bestia - Uzumaki Eri - 4/09/2018 —¡TODOS SOIS IGUALES, SUCIAS RATAS DE UZUSHIOGAKURE! Eri recibió el golpe directamente, y, sin cambiar aquel rostro serio que acababa de adoptar con una pizca de tristeza adornando sus azulados ojos; recibió el siguiente: —¡Ojalá supiera el Chidori para atravesarte el cuello con el, PUTA! Apretó sus puños hasta lograr hincar sus cortas uñas en la piel de sus palmas, haciendo que sus nudillos adquiriesen el color de la mismísima nieve. Pese a todo aquello, no se movió del sitio, no quiso moverse, quería recibir el cabezado, pero Akame lo apartó de un empujón, devolviéndole al suelo. Aquella escena no le brindaba más que un nudo en la garganta y una sensación pesada en el estómago, sumado a la opresión que tenía en el pecho y las ganas tremendas que tenía de querer llorar por lo que estaba ocurriendo, pero... Pero ella era una kunoichi, su deber... Su deber como aquello era... Seguir las órdenes de su villa. Por unos momentos su propia caligrafía apareció delante de sus ojos, ocultos por sus párpados por unos segundos, donde podía leer la respuesta que había dado en el examen sobre qué era para ella ser ninja... Sin embargo, aquello era muy distante de lo que le parecía a ella ser una kunoichi. —Buen trabajo, Eri-san —felicitó con voz gris—. Volvamos a casa. La voz de Akame sacó de sus pensamientos a la muchacha, quien asintió, muda; a la orden del Uchiha. Tomó la mano de su compañero e intentó, en vano, dirigirle otra mirada a Ayame. Allí estaba ella, tirada sobre la hierba, y se odió a sí misma justo cuando volvieron a desaparecerse. • • •
Allí volvía de nuevo, al hospital de Uzushiogakure. No le gustaba ese lugar, lo repudiaba bastante más de lo que quería admitir. Esta vez no cayó al suelo y se mantuvo de pie, y cuando logró recuperarse del pequeño y corto viaje que Akame les había proporcionado, él ya había comenzado a llamar a alguien para que los atendiese. —Eri-san, ve a buscar a Hanabi-sama, por favor. Quizás todavía esté en el Estadio —ordenó Akame, y ella asintió, solemne—. Y no comentes lo que ha pasado con nadie, ¿entendido? —Le dedicó de nuevo el mismo tipo de asentimiento para, sin girarse de nuevo, salir por las puertas hacia su villa... En busca de su Kage, que, con suerte, podría seguir en el Estadio. RE: La caza de la bestia - Amedama Daruu - 4/09/2018 Akame lo apartó como si fuera un saco lleno de paja. Como si no fuera nada. Absolutamente nada. Se había dejado engañar. Nunca debió confiar en Datsue, no. Pero tampoco en Akame. Ni en Eri. Nunca debió confiar en ningún ninja fuera de su villa. Esa es una lección que los shinobi aprendían bien jóvenes. Aquél día fue la graduación de Daruu en Mezquindad Avanzada. —Quita tu sucia bota de... Zzzzup.
· · · Pero entonces, Daruu calló. Es el silencio previo a un concienzudo análisis sobre lo que acababa de pasar. El silencio de alguien pensativo que valora sus opciones. «Puede teletransportarse. Es parecida a mi técnica» —comprendió. O quizás sólo había comprendido que todo había acabado. Eso no le impidió tratar de golpear con un rodillazo en los huevos a aquél malnacido mientras trataba de hacerle arrodillarse. |