2/05/2016, 23:27
El joven de tez morena se encaminó hacia el frente del restaurante. Desde la puerta, aquel de ojos verdes lo observaba de manera fría pero curiosa. Kazuma no se preocupó por darle la espalda, pues entendía que no haría nada que pudiera perjudicar su deseo de ver una pelea y divertirse. Era sin duda una situación preocupante, desde un punto de vista normal, pero él comenzaba a sentir una extraña amalgama de tranquilidad y emoción.
«Henos aquí de nuevo, haciendo lo que mejor hacemos, juntos…»
La lluvia caía suavemente y escurría por su blanca cabellera mientras caminaba en silencio. Cuando se hubo alejado unos diez metros se detuvo y levantó la vista para apreciar aquel cielo gris como sus ojos. El chapotear de los sujetos que ya se encontraban rodeándolo le trajo de vuelta a la realidad.
«Hacía tiempo que no estaba rodeado de matones —inquirió mientras se ajustaba los guantes y el cuello de la chaqueta—. Curiosamente, hacía tiempo que no me sentía tan cómodo y en ambiente.»
Hizo un leve movimiento y los rufianes dieron un paso para atrás. De su bolsillo sacó un frasquito plástico, lo abrió y depósito en su mano un par de aspirinas que luego apuro. No estaba en sus mejores condiciones, por lo que hubiese sido arrogante creer que terminaría aquel altercado sin rasguño alguno. Lo mejor es que fuera tomándose algo para el dolor.
A sus pies se formaba un charco ,que por la lluvia, reflejaba una imagen distorsionada de sí mismo. Comenzó a ventear un poco y las corrientes de aire iniciaron un canto lúgubre en las estructuras de los edificios cercanos. Los esbirros de aquel sujeto parecían no saber cómo reaccionar ante una actitud tan antinatural y perturbadora. Kazuma quería que las cosas iniciaran y terminaran rápido, así que decidió incentivarlos un poco.
—¿Qué esperan? ¿Es que acaso los matones de esta ciudad le temen a un simple muchacho? —Preguntó con tono burlón que también cargaba abundante desprecio.
«Henos aquí de nuevo, haciendo lo que mejor hacemos, juntos…»
La lluvia caía suavemente y escurría por su blanca cabellera mientras caminaba en silencio. Cuando se hubo alejado unos diez metros se detuvo y levantó la vista para apreciar aquel cielo gris como sus ojos. El chapotear de los sujetos que ya se encontraban rodeándolo le trajo de vuelta a la realidad.
«Hacía tiempo que no estaba rodeado de matones —inquirió mientras se ajustaba los guantes y el cuello de la chaqueta—. Curiosamente, hacía tiempo que no me sentía tan cómodo y en ambiente.»
Hizo un leve movimiento y los rufianes dieron un paso para atrás. De su bolsillo sacó un frasquito plástico, lo abrió y depósito en su mano un par de aspirinas que luego apuro. No estaba en sus mejores condiciones, por lo que hubiese sido arrogante creer que terminaría aquel altercado sin rasguño alguno. Lo mejor es que fuera tomándose algo para el dolor.
A sus pies se formaba un charco ,que por la lluvia, reflejaba una imagen distorsionada de sí mismo. Comenzó a ventear un poco y las corrientes de aire iniciaron un canto lúgubre en las estructuras de los edificios cercanos. Los esbirros de aquel sujeto parecían no saber cómo reaccionar ante una actitud tan antinatural y perturbadora. Kazuma quería que las cosas iniciaran y terminaran rápido, así que decidió incentivarlos un poco.
—¿Qué esperan? ¿Es que acaso los matones de esta ciudad le temen a un simple muchacho? —Preguntó con tono burlón que también cargaba abundante desprecio.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
