6/08/2017, 19:35
(Última modificación: 6/08/2017, 19:36 por Uchiha Datsue.)
Soltada la bomba, se produjo el silencio. Un silencio tenso, lleno de dudas y al mismo tiempo de esperanza. Esperanza porque dijese que sí. Porque dijese que a ella también le gustaba él. Pero el silencio se prolongó más de la cuenta… mucho más de lo recomendado para su corazón, que latía de forma frenética. ¿Por qué no decía nada? ¿Por qué parecía dudar, cuando, bajo el punto de vista de Datsue, era de lo más sencillo? Todo se reducía a si también le gustaba o no. No había más vuelta de hoja.
Ella suspiró, y entonces le invadió la desesperanza. Era el suspiro de quien está a punto de dar una mala noticia. Pero en ese instante, y en contra de lo que pensaba, la kunoichi se inclinó hacia él. Sus labios estaban a punto de rozarse los unos con los otros, y entonces lo entendió: aquél no había sido un suspiro de negación, sino de rendición. ¡De rendición a sus encantos! «¿Y cómo no iba a sucumbir a mi belleza? ¡Soy Datsue el Intrépido! ¡Pues claro que sí, joder!» Cerró los ojos al mismo tiempo que abría ligeramente la boca y…
… Aiko le quitó la miel de los labios antes siquiera de que pudiese saborearla. Como una consumada serpiente, zigzagueó en el último momento para evitar sus labios y dirigirse al cuello, el punto débil de toda presa.
—Es normal que te guste... —susurró a su oído—...pero no es buena idea.
Decepción. Eso fue lo que sintió. Una tremenda decepción que superaba incluso a la producida cuando descubría que le habían estafado, lo cual era mucho decir. Pero Aiko no estaba conforme con aquello. Todavía quería jugar más con él…
… y apretó los dientes contra su cuello, para finalmente convertirlo en un beso. El Uchiha se estremeció, sorprendido de que aquella simple acción le provocase tanto placer. Ella siguió subiendo por su cuello, rozándole con sus labios y el aire de su pausada respiración, provocándole un agradable hormigueo en la piel. En tan solo unos segundos, Aiko le estaba descubriendo un nuevo mundo de sensaciones que no creía que existían. Pero como antes, volvió a quitarle la miel de los labios. Aquella vez fue todavía más cruel, porque en aquella ocasión le había dado tiempo a paladear su sabor dulzón.
—Recuerda que soy mucho mayor que tu... estaría aprovechándome de ti... y eso está mal, ¿no crees? —inquirió, retomando las distancias.
—No —dijo, con voz rotunda. Ni siquiera necesitaba pensarlo para responder. ¿Cómo podía considerar aquello como malo? No, lo que de verdad estaba mal eran otras cosas, como los impuestos abusivos que la Uzukage cobraba a sus ninjas por cada misión. La mitad de la recompensa por sentarse en una silla y firmar pergaminos. Eso sí estaba mal. O el sinsentido de acuerdo que tenían las tiendas de todo el continente para vender las armas al mismo precio, matando la competencia, matando la diversidad… Pero, ¿aquello? Aquello estaba muy lejos de definirse como tal—. ¿Sabes lo que verdaderamente creo que estaría mal? Que tú y yo nos preocupásemos por lo moralmente aceptado —soltó, con gran convicción en el tono de su voz—. Al cuerno con la edad. Al cuerno con que seamos de Villas distintas. Tú y yo somos dos almas libres. Somos jóvenes… en espíritu. Ya habrá tiempo para preocuparnos de esas cosas cuando seamos de mayor rango. Ahora solo somos gennins… ¡disfrutemos mientras podamos del momento! Quién sabe lo que podría pasar en nada. Estamos en un torneo, al fin y al cabo. Un movimiento mal medido… un ataque demasiado fuerte… y quizá tú no, pero yo podría acabar bajo un hoyo. Raro sería que no se produjese ningún accidente del estilo a lo largo de las rondas… Así que, no. No me parece que esté mal, sino todo lo contrario.
Ella suspiró, y entonces le invadió la desesperanza. Era el suspiro de quien está a punto de dar una mala noticia. Pero en ese instante, y en contra de lo que pensaba, la kunoichi se inclinó hacia él. Sus labios estaban a punto de rozarse los unos con los otros, y entonces lo entendió: aquél no había sido un suspiro de negación, sino de rendición. ¡De rendición a sus encantos! «¿Y cómo no iba a sucumbir a mi belleza? ¡Soy Datsue el Intrépido! ¡Pues claro que sí, joder!» Cerró los ojos al mismo tiempo que abría ligeramente la boca y…
… Aiko le quitó la miel de los labios antes siquiera de que pudiese saborearla. Como una consumada serpiente, zigzagueó en el último momento para evitar sus labios y dirigirse al cuello, el punto débil de toda presa.
—Es normal que te guste... —susurró a su oído—...pero no es buena idea.
Decepción. Eso fue lo que sintió. Una tremenda decepción que superaba incluso a la producida cuando descubría que le habían estafado, lo cual era mucho decir. Pero Aiko no estaba conforme con aquello. Todavía quería jugar más con él…
… y apretó los dientes contra su cuello, para finalmente convertirlo en un beso. El Uchiha se estremeció, sorprendido de que aquella simple acción le provocase tanto placer. Ella siguió subiendo por su cuello, rozándole con sus labios y el aire de su pausada respiración, provocándole un agradable hormigueo en la piel. En tan solo unos segundos, Aiko le estaba descubriendo un nuevo mundo de sensaciones que no creía que existían. Pero como antes, volvió a quitarle la miel de los labios. Aquella vez fue todavía más cruel, porque en aquella ocasión le había dado tiempo a paladear su sabor dulzón.
—Recuerda que soy mucho mayor que tu... estaría aprovechándome de ti... y eso está mal, ¿no crees? —inquirió, retomando las distancias.
—No —dijo, con voz rotunda. Ni siquiera necesitaba pensarlo para responder. ¿Cómo podía considerar aquello como malo? No, lo que de verdad estaba mal eran otras cosas, como los impuestos abusivos que la Uzukage cobraba a sus ninjas por cada misión. La mitad de la recompensa por sentarse en una silla y firmar pergaminos. Eso sí estaba mal. O el sinsentido de acuerdo que tenían las tiendas de todo el continente para vender las armas al mismo precio, matando la competencia, matando la diversidad… Pero, ¿aquello? Aquello estaba muy lejos de definirse como tal—. ¿Sabes lo que verdaderamente creo que estaría mal? Que tú y yo nos preocupásemos por lo moralmente aceptado —soltó, con gran convicción en el tono de su voz—. Al cuerno con la edad. Al cuerno con que seamos de Villas distintas. Tú y yo somos dos almas libres. Somos jóvenes… en espíritu. Ya habrá tiempo para preocuparnos de esas cosas cuando seamos de mayor rango. Ahora solo somos gennins… ¡disfrutemos mientras podamos del momento! Quién sabe lo que podría pasar en nada. Estamos en un torneo, al fin y al cabo. Un movimiento mal medido… un ataque demasiado fuerte… y quizá tú no, pero yo podría acabar bajo un hoyo. Raro sería que no se produjese ningún accidente del estilo a lo largo de las rondas… Así que, no. No me parece que esté mal, sino todo lo contrario.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado