6/08/2017, 21:13
—Eh, sí, claro, cómo no —contestó Akame que, a su vez, cayó en la cuenta de que él también tenía una pesada pila de libros entre las manos y que lo normal no era llevársela al restaurante—. Bueno, pues... Nos vemos ahora, sí, eso.
Mientras iba hacia su propia habitación —dio gracias a los dioses por que las dependencias de Nantōnoya no eran mixtas— tuvo algo de tiempo para intentar calmar mente y cuerpo. «¿Por qué demonios me he puesto tan nervioso, joder? Venga, me cago en todo, tienes que calmarte. ¡Es sólo una compañera de Aldea! Una rematadamente buenorra, claro, ¡pero eso no debería importar! Somos ninjas de Uzushiogakure no Sato, joder. Somos profesionales.»
Dejó los libros sobre el escritorio de su apartamento y se lavó la cara con agua fría, frotándose los ojos a conciencia. Allí, en el cuarto de baño, el espejo le devolvió a la cruda realidad mediante un sencillo truco; enseñarle su propio reflejo. La cara delgada y aguileña, la nariz torcida, una pequeña cicatriz en el labio y otra en el mentón. Un trozo del lóbulo izquierdo que le faltaba. «Uchiha Akame, eres un estúpido pretencioso. ¿Qué chica querría...?»
Salió de su habitación con un temple bien distinto. Podría decirse que estaba hasta molesto, incómodo por no ser capaz de entender qué había llevado a Koko siquiera a entablar conversación con él. «Ahora me cambiaría gustoso por Datsue-kun...» Su compañero de profesión y de aventuras nunca había tenido problemas para hablar con las chicas, mucho menos se había sentido incómodo en presencia de alguna.
Sea como fuere, el Uchiha terminó por verse esperando de brazos cruzados en la sala común de la residencia. Los dedos de su mano derecha martilleaban con ritmo nervioso su brazo izquierdo.
Mientras iba hacia su propia habitación —dio gracias a los dioses por que las dependencias de Nantōnoya no eran mixtas— tuvo algo de tiempo para intentar calmar mente y cuerpo. «¿Por qué demonios me he puesto tan nervioso, joder? Venga, me cago en todo, tienes que calmarte. ¡Es sólo una compañera de Aldea! Una rematadamente buenorra, claro, ¡pero eso no debería importar! Somos ninjas de Uzushiogakure no Sato, joder. Somos profesionales.»
Dejó los libros sobre el escritorio de su apartamento y se lavó la cara con agua fría, frotándose los ojos a conciencia. Allí, en el cuarto de baño, el espejo le devolvió a la cruda realidad mediante un sencillo truco; enseñarle su propio reflejo. La cara delgada y aguileña, la nariz torcida, una pequeña cicatriz en el labio y otra en el mentón. Un trozo del lóbulo izquierdo que le faltaba. «Uchiha Akame, eres un estúpido pretencioso. ¿Qué chica querría...?»
Salió de su habitación con un temple bien distinto. Podría decirse que estaba hasta molesto, incómodo por no ser capaz de entender qué había llevado a Koko siquiera a entablar conversación con él. «Ahora me cambiaría gustoso por Datsue-kun...» Su compañero de profesión y de aventuras nunca había tenido problemas para hablar con las chicas, mucho menos se había sentido incómodo en presencia de alguna.
Sea como fuere, el Uchiha terminó por verse esperando de brazos cruzados en la sala común de la residencia. Los dedos de su mano derecha martilleaban con ritmo nervioso su brazo izquierdo.