10/08/2017, 00:57
Datsue, o la chica en que éste se había transformado, devolvió la coña que la pelirroja había soltado con el mismo tono burlesco. Pero, no tardó en darse cuenta de la picardía con que la miraba. Con un tono algo mas preocupado, el chico preguntó si hablaba en serio. La kunoichi de Ame no tardó en reír, ciertamente no podía decirle que una parte de ella realmente sentía algo...
—No sé si alguna vez lo he hecho con una chica... pero deberás admitirme, que hay chicas que están hechas con una parte del mismo edén. —contestó.
»Lo malo es aguantarlas...
Avanzaron pues por el jardín, y atravesaron todo leve impedimento hasta llegar al edificio. Avanzaron por el tradicional pasillo del tradicional edificio con sus tradicionales habitaciones, todo ello de manera muy tradicional; agarrando de la mano a la chica tan hermosa que le acompañaba.
Al final del mismo pasillo, pararon en la última habitación, tomando la izquierda como referencia. Datsue no tardó en preguntar si era esa, pareciendo algo ansioso. No sabía lo que le esperaba...
—Así es, ésta es mi habitación.
La chica abrió la puerta corrediza, y desveló una habitación de lo mas sencilla. Se trataba de un salón-dormitorio sin mobiliario apenas, con un escritorio al final donde habían numerosos pergaminos y tintas. Había algunos cuadros de paisajes en las paredes, y una terraza cuyo acceso estaba vetado por otra puerta corredera. La sala era de color blanco, sobre un suelo verdoso bien relajante. En el centro de la sala, un futón de detalles florales bien amplio, y al extremo derecho una puerta. Ésta última mencionada daba a un baño y un pequeño vestidor. El vestidor era apenas un metro cuadrado de sala, donde numerosas perchas dejaban espacio para guardar las ropas que traía. El baño era de porcelana blanca, sobre baldosas verdes que recubrían casi todo. Un gran plato de ducha, enorme, y un lavadero e inodoro de lo mas común.
Tras entrar, la chica cerraría la puerta tras de si. —Bueno, ya hemos llegado.
»Como en tu casa, ¿vale?
La kunoichi se desabrochó la hombrera, la cual acomodaba ese brazo metálico que casi siempre blandía. En apenas un segundo, lo dejó caer hacia un lado, ya estorbaba. Se deshizo también del otro guantelete de metal, y lo depositó al lado del otro. Por último, canalizó una parte de su chakra en su pierna derecha, dando a su mas preciado legado la apariencia de su propia piel, y adheriéndola a ella. Tras ello, se descalzó.
Voy a darme una duchita. —anunció a su invitado. —Si quieres, puedes acompañarme... o si no, puedes ponerte mas cómodo.
Tomó la camiseta por la parte mas baja, y entrecruzando los brazos hacia arriba, terminó por desvelar su torso. Un sujetador de encaje negro resguardaba aún sus virtudes, sus abundantes virtudes. Sin mas, dejó caer la camiseta junto al resto de sus pertenencias, y tomó camino hacia la ducha.
—No sé si alguna vez lo he hecho con una chica... pero deberás admitirme, que hay chicas que están hechas con una parte del mismo edén. —contestó.
»Lo malo es aguantarlas...
Avanzaron pues por el jardín, y atravesaron todo leve impedimento hasta llegar al edificio. Avanzaron por el tradicional pasillo del tradicional edificio con sus tradicionales habitaciones, todo ello de manera muy tradicional; agarrando de la mano a la chica tan hermosa que le acompañaba.
Al final del mismo pasillo, pararon en la última habitación, tomando la izquierda como referencia. Datsue no tardó en preguntar si era esa, pareciendo algo ansioso. No sabía lo que le esperaba...
—Así es, ésta es mi habitación.
La chica abrió la puerta corrediza, y desveló una habitación de lo mas sencilla. Se trataba de un salón-dormitorio sin mobiliario apenas, con un escritorio al final donde habían numerosos pergaminos y tintas. Había algunos cuadros de paisajes en las paredes, y una terraza cuyo acceso estaba vetado por otra puerta corredera. La sala era de color blanco, sobre un suelo verdoso bien relajante. En el centro de la sala, un futón de detalles florales bien amplio, y al extremo derecho una puerta. Ésta última mencionada daba a un baño y un pequeño vestidor. El vestidor era apenas un metro cuadrado de sala, donde numerosas perchas dejaban espacio para guardar las ropas que traía. El baño era de porcelana blanca, sobre baldosas verdes que recubrían casi todo. Un gran plato de ducha, enorme, y un lavadero e inodoro de lo mas común.
Tras entrar, la chica cerraría la puerta tras de si. —Bueno, ya hemos llegado.
»Como en tu casa, ¿vale?
La kunoichi se desabrochó la hombrera, la cual acomodaba ese brazo metálico que casi siempre blandía. En apenas un segundo, lo dejó caer hacia un lado, ya estorbaba. Se deshizo también del otro guantelete de metal, y lo depositó al lado del otro. Por último, canalizó una parte de su chakra en su pierna derecha, dando a su mas preciado legado la apariencia de su propia piel, y adheriéndola a ella. Tras ello, se descalzó.
Voy a darme una duchita. —anunció a su invitado. —Si quieres, puedes acompañarme... o si no, puedes ponerte mas cómodo.
Tomó la camiseta por la parte mas baja, y entrecruzando los brazos hacia arriba, terminó por desvelar su torso. Un sujetador de encaje negro resguardaba aún sus virtudes, sus abundantes virtudes. Sin mas, dejó caer la camiseta junto al resto de sus pertenencias, y tomó camino hacia la ducha.
![[Imagen: 2UsPzKd.gif]](http://i.imgur.com/2UsPzKd.gif)
