Una mueca por parte de la pelirroja reflejó la tremenda confusión que en ese mismo instante golpeaba su cabeza con un martillo y una pica. No daba crédito a lo que ésta chica decía, y no sabía quien diablos era. Maldita fuese su condición de perder memoria...
Pero ahí estaba la chiquilla, frente a la ofuscada pelirroja, presentándose de nuevo y haciendo ver a ésta su tremendo y absoluto problema culinario. La de cabellos color azabache hablaba a toda velocidad, haciendo entender que tenía una atroz prisa, debido a que tenía la comida en el fuego, y necesitaba con emergencia esa cebolla. La mirada de la pelirroja se hizo mas iracunda, si es que cabe.
«¡Me cago en mi puta vida!»
Sin mediar palabra, la chica se dirigió a paso de dinosaurio hacia la pequeña despensa que había justo al lado de la improvisada cocina, tomó la dichosa cebolla, y volvió hacia la chica de cabellera azabache. Ni había hecho por quitarse el trozo de cristal del pie, ni contestó a la preocupación de la otra por su herida. Llegó hasta ésta, y le acomodó la dichosa cebolla entre las manos de en un enérgico gesto, que para nada derrochaba amabilidad.
—¡¡AQUI TIENES!! —bramó. —¡BUENAS NOCHES!
Y con las mismas, cerraría la puerta corredera en los morros de la chica, de un portazo que quizás sonaría mas que la voz que la pedazo de salvaje había soltado antes. Dejó escapar un suspiro, y agachó la cabeza, intentando relajarse...
Pero ahí estaba la chiquilla, frente a la ofuscada pelirroja, presentándose de nuevo y haciendo ver a ésta su tremendo y absoluto problema culinario. La de cabellos color azabache hablaba a toda velocidad, haciendo entender que tenía una atroz prisa, debido a que tenía la comida en el fuego, y necesitaba con emergencia esa cebolla. La mirada de la pelirroja se hizo mas iracunda, si es que cabe.
«¡Me cago en mi puta vida!»
Sin mediar palabra, la chica se dirigió a paso de dinosaurio hacia la pequeña despensa que había justo al lado de la improvisada cocina, tomó la dichosa cebolla, y volvió hacia la chica de cabellera azabache. Ni había hecho por quitarse el trozo de cristal del pie, ni contestó a la preocupación de la otra por su herida. Llegó hasta ésta, y le acomodó la dichosa cebolla entre las manos de en un enérgico gesto, que para nada derrochaba amabilidad.
—¡¡AQUI TIENES!! —bramó. —¡BUENAS NOCHES!
Y con las mismas, cerraría la puerta corredera en los morros de la chica, de un portazo que quizás sonaría mas que la voz que la pedazo de salvaje había soltado antes. Dejó escapar un suspiro, y agachó la cabeza, intentando relajarse...
![[Imagen: 2UsPzKd.gif]](http://i.imgur.com/2UsPzKd.gif)
