5/03/2018, 20:07
—Akame, para servirla —respondió el Uchiha cuando Meiharu les presentó a su improvisada médico.
Los minutos que siguieron a la entrada en escena de aquella singular personaje fueron de gran tensión, y aunque Tsurara no se inmutó ni una sola vez —haciendo gala de gran destreza y control de la situación—, Akame no pudo evitar pensar al menos en un par de ocasiones que aquel desgraciado aprendiz de herrero iba a quedarse en el sitio. Aun así, obedeció diligentemente cada orden de Tsurara, consciente de que ella era la única persona en la sala que podía prevenirles de quedarse con un aliado menos aquella noche.
Cuando la mujer terminó de coser a Shinjaka, Akame respiró con evidente alivio. Parecía que todo había acabado bien. Luego llegó la inevitable pregunta, y aunque Meiharu se adelantó a los muchachos, el Uchiha agregó con simpleza.
—Es mejor que no lo sepa, Tsurara-san —inclinó la cabeza en señal de gratitud—. Gracias por su ayuda.
Acabada la intervención de urgencia, el genin de Uzushio dedicó una mirada apremiante a su Hermano. Luego desvió la vista hacia las dos mujeres que guardaban el cuerpo inmóvil de Shinjaka.
—Ahora debemos irnos... Acabamos de saber que el paquete que buscábamos está aquí. Tenemos que recogerlo antes de que el cartero se lo lleve, pensando que ha quedado abandonado.
Los minutos que siguieron a la entrada en escena de aquella singular personaje fueron de gran tensión, y aunque Tsurara no se inmutó ni una sola vez —haciendo gala de gran destreza y control de la situación—, Akame no pudo evitar pensar al menos en un par de ocasiones que aquel desgraciado aprendiz de herrero iba a quedarse en el sitio. Aun así, obedeció diligentemente cada orden de Tsurara, consciente de que ella era la única persona en la sala que podía prevenirles de quedarse con un aliado menos aquella noche.
Cuando la mujer terminó de coser a Shinjaka, Akame respiró con evidente alivio. Parecía que todo había acabado bien. Luego llegó la inevitable pregunta, y aunque Meiharu se adelantó a los muchachos, el Uchiha agregó con simpleza.
—Es mejor que no lo sepa, Tsurara-san —inclinó la cabeza en señal de gratitud—. Gracias por su ayuda.
Acabada la intervención de urgencia, el genin de Uzushio dedicó una mirada apremiante a su Hermano. Luego desvió la vista hacia las dos mujeres que guardaban el cuerpo inmóvil de Shinjaka.
—Ahora debemos irnos... Acabamos de saber que el paquete que buscábamos está aquí. Tenemos que recogerlo antes de que el cartero se lo lleve, pensando que ha quedado abandonado.