Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#12
Cada paso que daba era un auténtico latigazo a sus costillas, pero Ayame no se detuvo. Sus pasos repiqueteaban débilmente contra la madera crujiente, y se veían acompañados por continuos jadeos de agotamiento. Con la frente perlada de sudor, Ayame posó la mano sobre la barandilla de seguridad del barco y apoyó el peso momentáneamente contra ella. La habían estado curando, según le habían contado había estado hasta medio día inconsciente, pero todavía sentía el aturdimiento de la anestesia, aún sentía alguna resaca de quemazón azotando todo su cuerpo y, sobre todo, aquella fatiga. Era como si siguiera en el combate contra Uchiha Datsue. Resollaba, sentía el cuerpo mucho más pesado de lo habitual, pero no quiso concederle mayor importancia.

«Puede que necesite algo más de tiempo para recuperarme.» Supuso, la pobre ingenua. Con un renovado suspiro, Ayame cerró los ojos y los nudillos de su mano se tornaron blancos cuando apretó el agarre sobre la barandilla. «Gobi. Sé que estás ahí. Sé que puedes oírme.» Hizo una breve pausa en su mente. En realidad no sabía bien si el bijuu podía escucharla de aquella manera; pero, pudiera o no, ella se sentía mejor verbalizando sus pensamientos. «No dejaré que esto vuelva a suceder nunca más. ¿Me has oído? No volverás a utilizarme.»

Ayame entró en el interior del barco, bajó las escaleras y siguió caminando a través del pasillo apoyándose de vez en cuando en la pared con una mano. Pese a su debilidad, su corazón comenzó a galopar con fuerza y cobraba intensidad con cada paso que daba. En contraposición, sus pasos se fueron haciendo más cortos, más lentos. Pasó de largo varios camarotes, entre ellos el suyo propio, y al final se detuvo frente a una puerta en concreto. Alzó una mano, pero esta quedó pendiente en el aire cuando escuchó una serie de voces al otro lado.

Daruu no estaba solo. Estaba con Kaido.

Y el más absoluto terror la invadió.

No podía hacerlo. No podía llamar a la puerta y pasar como si nada. Eran Daruu y Kaido. Daruu y Kaido. Su pareja y su mejor amigo. ¿Cómo iba a mirarlos a la cara? Más importante aún, ¿cómo iban a mirarla ellos? No podía. No podía hacerlo. Todo comenzó a girar a su alrededor a toda velocidad y Ayame retrocedió hasta que su espalda dio con la pared que quedaba tras ella, respirando entrecortadamente. Hiperventilando. ¿Cómo la mirarían? ¡Como a un monstruo! ¡Como el monstruo que había demostrado ser! No... No podría soportar esa mirada. No de ellos dos.

No podía... No podía...
[Imagen: kQqd7V9.png]
Sprite por Karvistico.


—Habitación de Ayame: Link

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RE: La redención del triple traidor - por Aotsuki Ayame - 10/09/2018, 23:00


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