8/01/2019, 04:46
—Es un placer Inuzuka Etsu-san y Akane… —saludo.
Le dejo un tanto extrañado que el muchacho no indicase que aquel perro era su mascota. Para él solo había animales de trabajo, para comer y los que eran peligrosos. Ya sabía que había animales de compañía, pero no entendía del todo como valían el esfuerzo de retenerles y cuidarles. En su pueblo los perros eran muy bien cuidados, pero solo porque servían a las labores pastoreo y vigilancia.
El resto fue sencillo: la jounin culmino sus palabras y todos se pusieron en marcha. Para Kazuma todo estaba sucediendo demasiado rápido, pues había muchas preguntas que deseaba hacer, y el tiempo entre suceso y suceso era demasiado corto como para detenerse a saciar su curiosidad.
—Interesante lugar —comento en cuanto llegaron al local fijado.
Le asaltaron una serie de olores que le hicieron sentir como en su pueblo, al margen de que tan agradable pudiese ser eso: recordaba la tienda del herbolario, aquel sitio lleno misterios vueltos aromas y en donde la gente se aprovisionaba de especias y plantas medicinales.
—…Disculpe —llamo a Kazuma la voz de la lesionada anciana que les había recibido—, no se permiten mascotas aquí. ¿Podría hacer esperar a su perrito afuera? La última vez que un animal estuvo aquí… Digamos que son más sensibles que los humanos a las… fragancias.
—¿Eh?
Kazuma alterno su mirada entre la tendera y el perro, como preguntándole si estaba viendo el tamaño y aspecto de aquel perrote y lo delgado y pequeño que él era; y es que, con sus dimensiones, ese “perrito” bien podría utilizar su bokken como un juguete para el juego de traer el palo.
Le dejo un tanto extrañado que el muchacho no indicase que aquel perro era su mascota. Para él solo había animales de trabajo, para comer y los que eran peligrosos. Ya sabía que había animales de compañía, pero no entendía del todo como valían el esfuerzo de retenerles y cuidarles. En su pueblo los perros eran muy bien cuidados, pero solo porque servían a las labores pastoreo y vigilancia.
El resto fue sencillo: la jounin culmino sus palabras y todos se pusieron en marcha. Para Kazuma todo estaba sucediendo demasiado rápido, pues había muchas preguntas que deseaba hacer, y el tiempo entre suceso y suceso era demasiado corto como para detenerse a saciar su curiosidad.
—Interesante lugar —comento en cuanto llegaron al local fijado.
Le asaltaron una serie de olores que le hicieron sentir como en su pueblo, al margen de que tan agradable pudiese ser eso: recordaba la tienda del herbolario, aquel sitio lleno misterios vueltos aromas y en donde la gente se aprovisionaba de especias y plantas medicinales.
—…Disculpe —llamo a Kazuma la voz de la lesionada anciana que les había recibido—, no se permiten mascotas aquí. ¿Podría hacer esperar a su perrito afuera? La última vez que un animal estuvo aquí… Digamos que son más sensibles que los humanos a las… fragancias.
—¿Eh?
Kazuma alterno su mirada entre la tendera y el perro, como preguntándole si estaba viendo el tamaño y aspecto de aquel perrote y lo delgado y pequeño que él era; y es que, con sus dimensiones, ese “perrito” bien podría utilizar su bokken como un juguete para el juego de traer el palo.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
