Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
—Soroku, tenemos asuntos que tratar. Te espero en el despacho.

Nahana se dio vuelta y marchó rumbo a algún pasillo del enorme templo. Furune palpó el brazo de Datsue y le inquirió a seguirle el paso, mientras éste, a su vez, seguía el de Urumi, que desde aquella posición tenía unas curvas indignas de su edad.

Soroku le asintió, por si Datsue buscaba alguna clase de aprobación y también tomó rumbo hacia su inminente reunión con su maestra.

El maestresala, Gūzen y Urumi dieron tumbos a través de la mansión. Dieron un par de cruces, y así como si nada se encontraron con la cocina. Enorme, de cerámica. Tres de los ocho trabajadores ya se encontraban cortando vegetales y limpiando los trastos del desayuno. Urami tomó asiento en uno de los altos taburete, de esos que te dejaban las piernas colgando, y apoyó la barbilla en sus pequeñas manos. Su dedo índice titilaba sobre su rosa mejilla a la par de que ladeaba su cabeza hacia el pupilo de su madre.

—Furune no sabe hacer creps. Es una forma que tenemos él y yo de perdernos cuando mi madre se pone intensa —dijo, entre risillas—. ellos nos prepararán algo.

—Portáos bien, por favor. Comed algo e inmediatamente lleva a Gūzen hasta los balcones, estaré haciendo los arreglos para su habitación.

Furune dio marcha atrás y dejó a los dos críos.

—Oye, no tienes cara de Gūzen, Gūzen.
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RE: (B) La penumbra de Lady Tākoizu - por Umikiba Kaido - 13/01/2019, 01:21


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