13/04/2019, 00:29
En efecto, Etsu vio salir de entre la flora al menos cinco jabalíes. Variaban levemente en tamaño, pues el más grande llegaba casi al metro de altura (lo que le daba un grosor aterrador). Olfateaban y guarreaban, y parecían estar atraídos por la hierba que el Inuzuka portaba. Si Kazuma o Ranko hubiesen prestado atención antes y se asomaban en ese momento, reconocerían entre el grupo a la jabalí que se habían encontrado antes.
El par que escalaba logró escuchar al fin los gruñidos de los animales. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Sabía que Etsu era habilidoso en el combate, pero ¿contra jabalíes? Además, ella no sabía cuántos eran, mas sonaba a que era un buen grupo. Tragó saliva y se ajustó la bolsa al cinto.
”Ok, aquí vamos…” pensó, decidida.
Cortó con cuidado la solitaria flor de niratsubu que había encontrado, y se dispuso a correr tan rápida—y cuidadosa—mente como pudo, con el cuerpo levemente inclinado, sobre la superficie del muro. Fue complicado, y tenía que ser precisa para no romper la roca. Afortunadamente, la distancia no era mucha, y llegó sin problemas hasta la altura de Kazuma, con la niratsubu sujetada entre sus dedos cual más fino cristal, y se la entregó. Él ya había recogido el trío de flores blancas. La de la coleta se dispuso entonces a usar su kunai para sacar el mannerikko que el peliblanco había encontrado.
—¡P-parece que hay más unos metros debajo! —Le comentó a su compañero, mientras luchaba entre la prisa y la delicadeza para separar el musgo estrellado de la roca.
En efecto, a unos cuatro o cinco metros debajo se encontraría algo que tal vez Kazuma había visto ya: una amplia área de mannerikko con tres flores niratsubu, generosamente espaciadas. Si se asomaba más hacia el vacío del risco, podría ver algunas cuantas más, pero ésas eran todas las que necesitaban. Cuando Ranko logró despegar lo poco del musgo que tenía a esa altura, alzó la voz para intentar comunicarse con Etsu.
—¡I-Inuzuka-san! ¿Cómo va la situación? —La preocupación por sus compañeros (y la misión) no le dejaba mucho espacio en su mente para dudar al hablar —. ¡Aguanta un poco más, ya casi terminamos!
Los jabalíes, sin embargo, no parecían querer esperar más, y se acercaban sin dudar a Etsu. Aunque tal parecía que la presencia del canino les molestaba un poco. El primer jabalí a la izquierda se lanzó en una embestida en contra del Inuzuka humano, intentando golpearlo o arrancarle la bolsita. O ambas.
El par que escalaba logró escuchar al fin los gruñidos de los animales. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Sabía que Etsu era habilidoso en el combate, pero ¿contra jabalíes? Además, ella no sabía cuántos eran, mas sonaba a que era un buen grupo. Tragó saliva y se ajustó la bolsa al cinto.
”Ok, aquí vamos…” pensó, decidida.
Cortó con cuidado la solitaria flor de niratsubu que había encontrado, y se dispuso a correr tan rápida—y cuidadosa—mente como pudo, con el cuerpo levemente inclinado, sobre la superficie del muro. Fue complicado, y tenía que ser precisa para no romper la roca. Afortunadamente, la distancia no era mucha, y llegó sin problemas hasta la altura de Kazuma, con la niratsubu sujetada entre sus dedos cual más fino cristal, y se la entregó. Él ya había recogido el trío de flores blancas. La de la coleta se dispuso entonces a usar su kunai para sacar el mannerikko que el peliblanco había encontrado.
—¡P-parece que hay más unos metros debajo! —Le comentó a su compañero, mientras luchaba entre la prisa y la delicadeza para separar el musgo estrellado de la roca.
En efecto, a unos cuatro o cinco metros debajo se encontraría algo que tal vez Kazuma había visto ya: una amplia área de mannerikko con tres flores niratsubu, generosamente espaciadas. Si se asomaba más hacia el vacío del risco, podría ver algunas cuantas más, pero ésas eran todas las que necesitaban. Cuando Ranko logró despegar lo poco del musgo que tenía a esa altura, alzó la voz para intentar comunicarse con Etsu.
—¡I-Inuzuka-san! ¿Cómo va la situación? —La preocupación por sus compañeros (y la misión) no le dejaba mucho espacio en su mente para dudar al hablar —. ¡Aguanta un poco más, ya casi terminamos!
Los jabalíes, sin embargo, no parecían querer esperar más, y se acercaban sin dudar a Etsu. Aunque tal parecía que la presencia del canino les molestaba un poco. El primer jabalí a la izquierda se lanzó en una embestida en contra del Inuzuka humano, intentando golpearlo o arrancarle la bolsita. O ambas.
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