14/04/2019, 20:18
Etsu se había predispuesto a lo que parecía inevitable, el tener que ganar tiempo para el resto de cualquier manera. Así pues, le había entregado su preciada carga a su hermano, que aún conservaba su apariencia bípeda. Y además, le había advertido. Akane por su parte había retrocedido hasta hallarse justo al borde del acantilado, pendiente de si debía o no saltar hacia donde estaba el resto del equipo. Etsu había hecho todo lo contrario, pese a lo que su sentido animal le decía.
El primer animalillo parecía mono e inofensivo, pero justo tras de éste venían más, y no del mismo tamaño. Los que vinieron a aparecer después le triplicaban en tamaño, sin exagerar en absoluto —mas bien quedándose corto— y no parecían tan monos e inofensivos al primero.
«¡Mierda, mierda, mierda, MIERDA!»
El Inuzuka apretaba los dientes, así como los puños. Tenía todo el cuerpo tenso, y la adrenalina comenzaba a hacer bombear su corazón a toda mecha. Se venía la confrontación, y no parecía haber otra alternativa...
Uno de los enormes animales rascó un par de veces el suelo con su pezuña, anunciando su intención mientras exhalaba una potente bocanada de aire por el hocico. Incluso alzó en un par de veces esos enormes colmillos, mostrando sus armas y quizás anunciando sus intenciones, aún mas.
¿Hacía falta? No.
El Inuzuka tenía mas claro que el agua las intenciones de los animales. Al igual que los monos, éstos seguro que iban tras el montón de flores y plantas que habían reunido. No era un experto matemático, pero uno mas uno siempre suele dar dos.
«Aquí viene...»
El animal, sin mas preámbulos, se lanzó en tremenda acometida. Corrió como alma que lleva el diablo, directo hacia Etsu. Obviamente, hasta sus manos aún olían a las plantas. Etsu no fue menos, y corrió directo hacia el animal. Cuando el mpacto ya parecía mas que inminente, el rastas lanzó ambas manos directas hacia la frente del cerdo, y con la misma inercia de la carrera mas un abundante impulso de piernas, se lanzó sobre el mismo. Una voltereta directamente sobre la cabeza del animal, que terminaría con Etsu surfeando a la bestia.
¿Locura? Si.
No duraría demasiado sobre el lomo de la primera bestia, así pues, saltaría de nuevo para posicionarse en mitad de todo el jaleo. Tras tomar tierra, extendería ambos brazos, mostrando sus garras al igual que sus diente en un fiero rugido. En ese preciso momento no podía atender a las preguntas de sus compañeros, tan solo podía ganarles ese preciado tiempo.
Akane, si era necesario tomaría verticalidad, pero de no ser necesario, quedaría en el mismo borde. Desde esa posición, o desde una pegada a la superficie vertical del acantilado, podrían lanzar un gesto de pulgar hacia arriba. Todo estaba bajo control.
Mas o menos bajo control.
El primer animalillo parecía mono e inofensivo, pero justo tras de éste venían más, y no del mismo tamaño. Los que vinieron a aparecer después le triplicaban en tamaño, sin exagerar en absoluto —mas bien quedándose corto— y no parecían tan monos e inofensivos al primero.
«¡Mierda, mierda, mierda, MIERDA!»
El Inuzuka apretaba los dientes, así como los puños. Tenía todo el cuerpo tenso, y la adrenalina comenzaba a hacer bombear su corazón a toda mecha. Se venía la confrontación, y no parecía haber otra alternativa...
Uno de los enormes animales rascó un par de veces el suelo con su pezuña, anunciando su intención mientras exhalaba una potente bocanada de aire por el hocico. Incluso alzó en un par de veces esos enormes colmillos, mostrando sus armas y quizás anunciando sus intenciones, aún mas.
¿Hacía falta? No.
El Inuzuka tenía mas claro que el agua las intenciones de los animales. Al igual que los monos, éstos seguro que iban tras el montón de flores y plantas que habían reunido. No era un experto matemático, pero uno mas uno siempre suele dar dos.
«Aquí viene...»
El animal, sin mas preámbulos, se lanzó en tremenda acometida. Corrió como alma que lleva el diablo, directo hacia Etsu. Obviamente, hasta sus manos aún olían a las plantas. Etsu no fue menos, y corrió directo hacia el animal. Cuando el mpacto ya parecía mas que inminente, el rastas lanzó ambas manos directas hacia la frente del cerdo, y con la misma inercia de la carrera mas un abundante impulso de piernas, se lanzó sobre el mismo. Una voltereta directamente sobre la cabeza del animal, que terminaría con Etsu surfeando a la bestia.
¿Locura? Si.
No duraría demasiado sobre el lomo de la primera bestia, así pues, saltaría de nuevo para posicionarse en mitad de todo el jaleo. Tras tomar tierra, extendería ambos brazos, mostrando sus garras al igual que sus diente en un fiero rugido. En ese preciso momento no podía atender a las preguntas de sus compañeros, tan solo podía ganarles ese preciado tiempo.
Akane, si era necesario tomaría verticalidad, pero de no ser necesario, quedaría en el mismo borde. Desde esa posición, o desde una pegada a la superficie vertical del acantilado, podrían lanzar un gesto de pulgar hacia arriba. Todo estaba bajo control.
Mas o menos bajo control.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~