16/04/2019, 16:47
El primer jabalí no pudo golpear al ninja, pues éste le pasó por encima, como si fuese un juego de niños. Claro, un juego donde uno de los participantes tiene dos afilados colmillos por delante. El animal estuvo a un metro de caer por el risco, pero logró girar a tiempo, levantando una nubecilla de polvo. Abajo, Ranko y Kazuma podrían sentir una fina grava cayendo sobre sus cabezas, señal de que la acción ya había comenzado en lo alto.
La chica, con el corazón en mano, bajó junto con el peliblanco, dejando algunos metros de distancia. En lo que Kazuma cortaba las últimas tres niratsubu, Ranko insertaba con fuerza el kunai por debajo del musgo. Se preguntaba cómo podría una planta tan pequeña ponerse tan dura. Después de lo que le pareció una eternidad, logró desprender el mannerikko suficiente para llenar la bolsa.
”Me pregunto si se podría usar este musgo como arma... “ se preguntó mientras aseguraba la bolsita a su cinto.
—¡Y-y yo el musgo!
La emoción sustituyó la preocupación en el corazón de Ranko, al menos por un rato. ¡Acababan de cumplir su misión! Bueno, casi: faltaba llevar las hierbas de manera segura a la señora Taitama. Y lo único que se interponía entre ellos y su meta era una manada de jabalíes.
—¡Vamos, Kazuma-san! —Ranko alzó la voz de una manera tan decidida que sonaría extraño viniendo de ella. Se impulsó de la saliente y pronto tomó velocidad al correr por la pared de manera vertical. Le costó un poco, pues el risco era muy irregular, pero después de un instante logró llegar a lo alto.
Aterrizaría justo para ver cómo dos jabalíes arremetían al mismo tiempo en contra de Etsu. Parecía que Akane no les interesaba, pues podían olfatear la baiko en el humano. Había un jabalí más a la derecha, peligrosamente cerca de la kunoichi, mientras que otros dos detrás parecían estarse decidiendo aún si atacar a los ninjas o no. Y el jabato que sí había alcanzado a comer la hierba, aquel que se había puesto tan cariñoso con Kazuma, estaba cerca, caminando en círculos.
”Cieloscieloscielos. Nunca he peleado contra animales. ¡Pero ellos no son malos, no habría por qué golpearlos! ¿Qué hago? ¿Qué hacemos? ¿Tomamos al bebé como rehén, a como hizo Hanamura-san? ¿O… corremos?”
El jabalí de la derecha guarreó y golpeó el suelo un par de veces. No corrió hacia Ranko, pero se le acercó lanzando mordiscos y movimientos bruscos de cabeza. Ya había visto el risco antes, así que no se arriesgaría a caer en él. Sin quererlo, Ranko imitó a Etsu, pues dio un fuerte salto, cayó sobre el lomo y saltó de nuevo para pasar de él, evadiendo los colmillos de la bestia por poco.
En cuanto Kazuma subiese, los otros dos jabalíes se le acercarían para intentar derribarlo o arrancarle la bolsa, pues también olerían la baiko que él portaba.
—¿Y… Y ahora?
La chica, con el corazón en mano, bajó junto con el peliblanco, dejando algunos metros de distancia. En lo que Kazuma cortaba las últimas tres niratsubu, Ranko insertaba con fuerza el kunai por debajo del musgo. Se preguntaba cómo podría una planta tan pequeña ponerse tan dura. Después de lo que le pareció una eternidad, logró desprender el mannerikko suficiente para llenar la bolsa.
”Me pregunto si se podría usar este musgo como arma... “ se preguntó mientras aseguraba la bolsita a su cinto.
—¡Y-y yo el musgo!
La emoción sustituyó la preocupación en el corazón de Ranko, al menos por un rato. ¡Acababan de cumplir su misión! Bueno, casi: faltaba llevar las hierbas de manera segura a la señora Taitama. Y lo único que se interponía entre ellos y su meta era una manada de jabalíes.
—¡Vamos, Kazuma-san! —Ranko alzó la voz de una manera tan decidida que sonaría extraño viniendo de ella. Se impulsó de la saliente y pronto tomó velocidad al correr por la pared de manera vertical. Le costó un poco, pues el risco era muy irregular, pero después de un instante logró llegar a lo alto.
Aterrizaría justo para ver cómo dos jabalíes arremetían al mismo tiempo en contra de Etsu. Parecía que Akane no les interesaba, pues podían olfatear la baiko en el humano. Había un jabalí más a la derecha, peligrosamente cerca de la kunoichi, mientras que otros dos detrás parecían estarse decidiendo aún si atacar a los ninjas o no. Y el jabato que sí había alcanzado a comer la hierba, aquel que se había puesto tan cariñoso con Kazuma, estaba cerca, caminando en círculos.
”Cieloscieloscielos. Nunca he peleado contra animales. ¡Pero ellos no son malos, no habría por qué golpearlos! ¿Qué hago? ¿Qué hacemos? ¿Tomamos al bebé como rehén, a como hizo Hanamura-san? ¿O… corremos?”
El jabalí de la derecha guarreó y golpeó el suelo un par de veces. No corrió hacia Ranko, pero se le acercó lanzando mordiscos y movimientos bruscos de cabeza. Ya había visto el risco antes, así que no se arriesgaría a caer en él. Sin quererlo, Ranko imitó a Etsu, pues dio un fuerte salto, cayó sobre el lomo y saltó de nuevo para pasar de él, evadiendo los colmillos de la bestia por poco.
En cuanto Kazuma subiese, los otros dos jabalíes se le acercarían para intentar derribarlo o arrancarle la bolsa, pues también olerían la baiko que él portaba.
—¿Y… Y ahora?
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