20/04/2019, 21:09
—No quiero andarme con las ramas, Yui-sama —Yui sonrió con extrema curiosidad. Los no andarse por las ramas de Amedama Daruu siempre traían consigo novedades Como una cabeza decapitada de la gran Estatua del gran Sumizu Kouta. O un entramado plan de ninjas extranjeros para infiltrarse en su aldea para rescatar a una de sus prisioneras. Estaba claro que Daruu, en ese aspecto, nunca decepcionaba.
Porque lo que le contó luego fue una información reveladora. La expresión impoluta de Amekoro Yui transmutó durante todo el discurso, debatiándose entre la inacción y la ira, pues los recuerdos de una de las numerosas traiciones a las que su liderazgo se había enfrentado durante su longevo mandato volvía para atormentarle. La Hōzuki tenía los puños apretados, y una venilla del cuello tensada se acrecentaba con cada minúsculo detalle que le proporcionaba su interlocutor. Ella torcía la mirada entre los ojos purpúreos de Daruu y el cerúleo intenso de los de Ayame, una y otra vez, vislumbrando a través de ellos y percibiendo algo de lo que, en lo más profundo de su corazón, le podía llamar orgullo. Después de todo, frente a ella yacían dos de sus ninjas más impulsivos y problemáticos. Y aún así, allí estaban, frente a ella; reconociendo su máxima autoridad y posponiendo la venganza para mostrarse leales, primero que nada.
¿Estaba feliz, Yui? ¿era esa una expresión nunca antes vista en la Jinchuriki de la Tormenta?
Ayame acabó por confirmar las sospechas y dirimir toda duda sobre la información. Las Náyades era el nombre que había adoptado el séquito de una de las exiliadas más buscadas de Amegakure, que desde su traición y posterior huida, se había estado dedicado al tráfico de órganos. Los numerosos informantes de la Arashikage repartidos a lo largo y ancho de Oonindo siempre le proporcionaron datos verídicos de los movimientos de ésta mujer durante años, pero hablamos de una rata bastante escurridiza, con habilidades muy particulares que le permitían mantenerse fuera del radar de la ira de Yui.
Hasta ahora.
—¿Lo que propones, Amedama, es que deje ir a uno de mis mejores ninjas en cierne y a mi Jinchuriki a cazar a una de las renegadas más peligrosas que ha parido Arashi no kuni? ¿crees sinceramente que esa es una buena idea? ¿que tu madre lo aprobaría?
»Qué piensas tú, Ayame. Y no te atrevas a mentirme. ¿Estás lista? ¿te sientes lista?
Porque lo que le contó luego fue una información reveladora. La expresión impoluta de Amekoro Yui transmutó durante todo el discurso, debatiándose entre la inacción y la ira, pues los recuerdos de una de las numerosas traiciones a las que su liderazgo se había enfrentado durante su longevo mandato volvía para atormentarle. La Hōzuki tenía los puños apretados, y una venilla del cuello tensada se acrecentaba con cada minúsculo detalle que le proporcionaba su interlocutor. Ella torcía la mirada entre los ojos purpúreos de Daruu y el cerúleo intenso de los de Ayame, una y otra vez, vislumbrando a través de ellos y percibiendo algo de lo que, en lo más profundo de su corazón, le podía llamar orgullo. Después de todo, frente a ella yacían dos de sus ninjas más impulsivos y problemáticos. Y aún así, allí estaban, frente a ella; reconociendo su máxima autoridad y posponiendo la venganza para mostrarse leales, primero que nada.
¿Estaba feliz, Yui? ¿era esa una expresión nunca antes vista en la Jinchuriki de la Tormenta?
Ayame acabó por confirmar las sospechas y dirimir toda duda sobre la información. Las Náyades era el nombre que había adoptado el séquito de una de las exiliadas más buscadas de Amegakure, que desde su traición y posterior huida, se había estado dedicado al tráfico de órganos. Los numerosos informantes de la Arashikage repartidos a lo largo y ancho de Oonindo siempre le proporcionaron datos verídicos de los movimientos de ésta mujer durante años, pero hablamos de una rata bastante escurridiza, con habilidades muy particulares que le permitían mantenerse fuera del radar de la ira de Yui.
Hasta ahora.
—¿Lo que propones, Amedama, es que deje ir a uno de mis mejores ninjas en cierne y a mi Jinchuriki a cazar a una de las renegadas más peligrosas que ha parido Arashi no kuni? ¿crees sinceramente que esa es una buena idea? ¿que tu madre lo aprobaría?
»Qué piensas tú, Ayame. Y no te atrevas a mentirme. ¿Estás lista? ¿te sientes lista?
