23/04/2019, 21:57
De los cuatro jabalíes gigantes que tenía al acecho, solo tres se lanzaron al ataque para cuando el Inuzuka soltó al jabato. La última, o último quedó resguardando al joven. Pero los tres mencionados se lanzaron al ataque como almas guiadas por el diablo. Ofuscados, iracundos, coléricos, biliosos, atrabiliarios...
Pero no contaron con la astucia del rastas. Que saltó sobre el primero en lanzarse a colmillear, tomándolo cual corcel. Bueno, mas que corcel lo tomó como a un toro bravo. Una bestia que comenzó a despotricar guaridos y dar brincos sin control alguno, buscando zafarse del chico que tenía a su lomo.
Quizás en otro tipo de situación el Inuzuka habría disfrutado de la experiencia, pero tenía bien claras las prioridades, y el riesgo que corría su vida. Sin demora, realizó una serie de sellos de mano, arriesgando a caerse de manera realmente funesta. Al concluir la serie de sellos, y bajo la incordiada mirada de los otros jabalíes que no sabían muy bien cómo actuar, el chico salió por los aires a causa de uno de los brincos del animal sobre el que estaba. Etsu cayó a peso de plomo entre los jabalíes gigantes, una presa fácil...
Al menos eso parecería por unos instantes, unos segundos cruciales que quizás le daban una oportunidad de oro.
¡PLUFF!
De pronto, el chico se convertiría en un pobre tronco de madera tras una leve cortina de humo. El verdadero ya estaría corriendo hacia el grupo, y con suerte habría dejado atrás al resto de animales embistiendo al tronco confundiendolo con él. Al menos eso esperaba...
Ahora, tocaba darse prisa, mucha prisa.
Por desgracia, en realidad estaba realmente cansado, y seguramente su ritmo de carrera no sería tan bueno al que el resto podía estar llevando. El Kawarimi tenía sus riesgos, y bien que lo sabía el Inuzuka.
Pero no contaron con la astucia del rastas. Que saltó sobre el primero en lanzarse a colmillear, tomándolo cual corcel. Bueno, mas que corcel lo tomó como a un toro bravo. Una bestia que comenzó a despotricar guaridos y dar brincos sin control alguno, buscando zafarse del chico que tenía a su lomo.
Quizás en otro tipo de situación el Inuzuka habría disfrutado de la experiencia, pero tenía bien claras las prioridades, y el riesgo que corría su vida. Sin demora, realizó una serie de sellos de mano, arriesgando a caerse de manera realmente funesta. Al concluir la serie de sellos, y bajo la incordiada mirada de los otros jabalíes que no sabían muy bien cómo actuar, el chico salió por los aires a causa de uno de los brincos del animal sobre el que estaba. Etsu cayó a peso de plomo entre los jabalíes gigantes, una presa fácil...
Al menos eso parecería por unos instantes, unos segundos cruciales que quizás le daban una oportunidad de oro.
¡PLUFF!
De pronto, el chico se convertiría en un pobre tronco de madera tras una leve cortina de humo. El verdadero ya estaría corriendo hacia el grupo, y con suerte habría dejado atrás al resto de animales embistiendo al tronco confundiendolo con él. Al menos eso esperaba...
Ahora, tocaba darse prisa, mucha prisa.
Por desgracia, en realidad estaba realmente cansado, y seguramente su ritmo de carrera no sería tan bueno al que el resto podía estar llevando. El Kawarimi tenía sus riesgos, y bien que lo sabía el Inuzuka.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~