25/04/2019, 00:47
Qué osadía la de Datsue, increpando a un superior. ¡Qué confianzudo que era ese bribón!
Katsudon se miró la palma, con la que podría martillar a Datsue hasta atravesar el puente y caer en el río revuelto que rodeaba toda la edificiación. Luego la escondió en el faldón que le envolvía la enorme cintura mientras se sacaba los residuos de glaseado de esas donas tan sabrosas que le dejaba Akimichi Yashiro a Hanabi cuando acababa su turno de Hikariyōbi.
—No te lo permito, muchacho —respondió, severo.
—Yo vine a probar suerte, a ver si estaba Hanabi-sama. Verá… Tenemos una emergencia. Otra emergencia.
—¿Ah sí? ¿y no puede esperar hasta mañana, Datsue? —contestó—. Hanabi-sama ha de estar durmiendo ya. Con lo difícil que le resulta conciliar el sueño a veces, no querrás que vaya a despertarlo por una de tus... urgencias, verdad?
Katsudon se miró la palma, con la que podría martillar a Datsue hasta atravesar el puente y caer en el río revuelto que rodeaba toda la edificiación. Luego la escondió en el faldón que le envolvía la enorme cintura mientras se sacaba los residuos de glaseado de esas donas tan sabrosas que le dejaba Akimichi Yashiro a Hanabi cuando acababa su turno de Hikariyōbi.
—No te lo permito, muchacho —respondió, severo.
—Yo vine a probar suerte, a ver si estaba Hanabi-sama. Verá… Tenemos una emergencia. Otra emergencia.
—¿Ah sí? ¿y no puede esperar hasta mañana, Datsue? —contestó—. Hanabi-sama ha de estar durmiendo ya. Con lo difícil que le resulta conciliar el sueño a veces, no querrás que vaya a despertarlo por una de tus... urgencias, verdad?
