26/04/2019, 18:40
Ayame se sentía como una ciega en aquellos momentos. Incapaz de poder estar presente en la escena, sólo contaba con sus oídos para saber qué era lo que estaba ocurriendo a tantos kilómetros de distancia. Y no sólo eso, si algo llegaba a ocurrir, ella no podría hacer absolutamente nada. Muerta de los nervios, muerta de terror y muerta de impotencia, la muchacha se mordisqueaba los dedos en un vano intento por desfogarlos. Obviamente, nada de eso valía.
«Maldita sea... ¿Qué está pasando? ¡Hablad de una vez!» Cada silencio que se producía la consumía un poco más por dentro.
—Levántate, muchacho —ordenó otra voz diferente. Ayame supuso que debía de ser la del Uzukage, por el tono autoritario, o la de otro shinobi de alto rango que se encontrara con él. No podía saberlo, nunca había hablado con Hanabi cara a cara—. Pues parece que se te dan bien los comportamientos irresponsables. ¿Y tú? ¿Así pagas a Amedama que te haya perdonado? ¿Pidiéndole venir hasta aquí y que arriesgara su vida? Katsudon lo podría haber aplastado hasta hacerlo puré, por todos los cielos!
Ayame gimoteó al escucharlo, llena de angustia.
—En realidad, Datsue no me ha pedido nada —habló Daruu atropelladamente—. Ayame nos contactó a los dos, Datsue dijo que iba a hablar con usted. Y yo... Bueno, tenía la espinita clavada y... Bueno, eso, que soy un idiota. Si quiere me marcho.
«Sí, claro, ¡te va a dejar marchar por tu cara bonita después de colarte en su puñetero despacho!» Ayame se restregó la mano por la cara.
—Bueno, veámoslo por el lado positivo, ¿eh? No hay mejor forma para testear ese detector de intrusos que nos facilitó Ame —habló Datsue—. ¡Cincuenta ryos a que tenemos un equipo de ANBUs entrando en el despacho en dos minutos! ¿Alguien se anima a apostar distinto? ¿No? ¿No? ¿Nadie?
«¡No, por favor!» Rogó la kunoichi, con lágrimas en los ojos.
Daruu ya había tenido una suerte casi milagrosa cuando intentó apuñalar a Akame delante de los ojos del Uzukage y este se limitó a reducirlo en lugar de ejecutarlo, como bien sabía que habría hecho Yui de encontrarse en su lugar. ¡Un milagro sería que tuviera esa misma suerte dos veces!
Ayame respiró hondo y cerró los ojos, intentando por todos los medios serenarse. Algo completamente inútil en su situación...
—Ha... Hanabi-dono, soy Ayame. P... por favor, disculpe al estúpido de Daruu... —habló, en voz suficientemente alta para que pudieran escucharla más allá del sello—. Él... es un irresponsable y un idiota, pero sé que no tenía ninguna mala intención. ¡Es que no piensa antes de actuar! Por favor, se lo ruego, no... no le haga nada malo...
«Maldita sea... ¿Qué está pasando? ¡Hablad de una vez!» Cada silencio que se producía la consumía un poco más por dentro.
—Levántate, muchacho —ordenó otra voz diferente. Ayame supuso que debía de ser la del Uzukage, por el tono autoritario, o la de otro shinobi de alto rango que se encontrara con él. No podía saberlo, nunca había hablado con Hanabi cara a cara—. Pues parece que se te dan bien los comportamientos irresponsables. ¿Y tú? ¿Así pagas a Amedama que te haya perdonado? ¿Pidiéndole venir hasta aquí y que arriesgara su vida? Katsudon lo podría haber aplastado hasta hacerlo puré, por todos los cielos!
Ayame gimoteó al escucharlo, llena de angustia.
—En realidad, Datsue no me ha pedido nada —habló Daruu atropelladamente—. Ayame nos contactó a los dos, Datsue dijo que iba a hablar con usted. Y yo... Bueno, tenía la espinita clavada y... Bueno, eso, que soy un idiota. Si quiere me marcho.
«Sí, claro, ¡te va a dejar marchar por tu cara bonita después de colarte en su puñetero despacho!» Ayame se restregó la mano por la cara.
—Bueno, veámoslo por el lado positivo, ¿eh? No hay mejor forma para testear ese detector de intrusos que nos facilitó Ame —habló Datsue—. ¡Cincuenta ryos a que tenemos un equipo de ANBUs entrando en el despacho en dos minutos! ¿Alguien se anima a apostar distinto? ¿No? ¿No? ¿Nadie?
«¡No, por favor!» Rogó la kunoichi, con lágrimas en los ojos.
Daruu ya había tenido una suerte casi milagrosa cuando intentó apuñalar a Akame delante de los ojos del Uzukage y este se limitó a reducirlo en lugar de ejecutarlo, como bien sabía que habría hecho Yui de encontrarse en su lugar. ¡Un milagro sería que tuviera esa misma suerte dos veces!
Ayame respiró hondo y cerró los ojos, intentando por todos los medios serenarse. Algo completamente inútil en su situación...
—Ha... Hanabi-dono, soy Ayame. P... por favor, disculpe al estúpido de Daruu... —habló, en voz suficientemente alta para que pudieran escucharla más allá del sello—. Él... es un irresponsable y un idiota, pero sé que no tenía ninguna mala intención. ¡Es que no piensa antes de actuar! Por favor, se lo ruego, no... no le haga nada malo...

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