27/04/2019, 11:31
—Cualquier agravio que hayamos podido cometer, Ayame-san; han sido perdonados en el momento en que hemos firmado la Alianza de las Tres Grandes. Nos ha costado muchísimo llegar hasta este punto, y hemos perdido mucho en el proceso —respondió la voz de Hanabi—,así que no voy a poner en riesgo la estabilidad de nuestro pueblo por la ocurrencia de tu compañero.
Aún a solas en su habitación, y aunque nadie podía verla, Ayame inclinó la cabeza en una profunda reverencia.
—Muchas gracias, Uzukage-dono —dijo, algo más relajada.
—Pero que sea la última vez, Daruu-san. Los límites están para respetarse, ¿está bien?
—Bien. De acuerdo. Por supuestísimo. Lo que usted ordene, Hanabi-sama —recitó Daruu, como un autómata.
—Veo que habéis hecho una bonita amistad y eso me contenta. No puedo negar que siempre me preocupó los constantes rifirrafes que tenía Datsue con vuestra gente, así que ahora puedo estar más tranquilo que os habéis reconciliado. Pero hay que tener cuidado, Ayame —La muchacha pegó un leve respingo al escuchar su nombre formulado en los labios del máximo mandatario de Uzushiogakure—, con las cosas que le contamos a nuestros camaradas. Dice Datsue que has visto a Uchiha Akame vivo. Yo ya le he dicho que eso es imposible. Ahora te lo voy a decir a ti. Aún tengo los vestigios de las llamas que le quitaron la vida a mi Jinchuriki. Yo lo saqué de aquél infierno, sin vida; y vi como su asesino huía sin poder hacer nada. Eso me persigue hasta el sol de hoy, y no creo que deje de hacerlo por mucho tiempo.
«Llamas... Fuego...» Comprendió Ayame, que tragó saliva con esfuerzo.
—¿Lo que quieren decir es que, estoy equivocado?
—No lo está. Yo pienso como usted, Hanabi-sama. Yo pienso que Ayame vio lo que no era —replicó Datsue, antes de que Ayame pudiese intervenir, y la muchacha dejó escapar un sentido suspiro—. Pero, ¿de qué sirve esto? ¿De qué sirve esto, hmm? ¿Para qué? ¿Para qué hago las paces con Daruu y Ayame? ¿Para qué forjamos algo entre los tres? Para qué… ¿si luego, cuando vengan a decirme algo importante, no les creo? —añadió, contra todo pronóstico—. Yo les pedí que confiasen en mí, aun cuando tenían muchos motivos para no hacerlo. Y esto tiene que ser algo recíproco, y requiere de mucha fe. Pero si yo ahora no confío en Ayame a la primera de cambio, entonces esto no sirve de nada. Lo que quiero decir, Hanabi-sama… —Datsue hizo una pequeña pausa, como si las palabras se negaran a abandonar su garganta—. Lo que quiero decir es que si Ayame dice que vio a mi Hermano, entonces es que le vio —afirmó, con tal seguridad que incluso sorprendió a la testigo que escuchaba a cientos de kilómetros de distancia—. Y no importa que usted y yo, Hanabi-sama, tengamos la razón. Estoy obligado a confiar. En eso se basan las relaciones... Hasta que alguien rompa esa confianza, claro.
Ayame volvió a tragar saliva, y se agarró la camiseta a la altura del corazón como si estuviera evitando que saliera de su cuerpo.
—Hanabi-dono, en primer lugar mis disculpas por contactar de nuevo con usted de una forma tan poco digna —habló, con una risilla incómoda. Las dos únicas veces que había contactado con el Uzukage había sido a través de una carta escrita en una hoja desgastada y ahora a través de otra persona—. Y, en segundo lugar, jamás me atrevería a afirmar que usted está equivocado en algo. Simplemente... tenía que advertiros, y jamás se me habría ocurrido despertaros a todos a estas horas de la madrugada si no fuera algo tan importante.
»Sé que es muy difícil de entender o de creer, yo misma aún soy incapaz de hacerlo... Pero sé bien lo que vi. Y vi a Umikiba Kaido llamando Akame a un pobre vagabundo de Tanaku Gai que tenía el Sharingan en sus ojos —Ayame no entró a propósito en lo bajo que había caído aquel Akame frente a su Uzukage, hundiéndose en las drogas y comportándose como un loco. Aquella era una imagen que prefería ahorrarle, quizás por respeto, quizás porque era verdaderamente chocante cuando todos tenían en mente la verdadera imagen de Uchiha Akame, El Profesional—. Y sí, Uzukage-dono, Datsue ya me lo ha dicho: que podría ser cualquier otro Akame, que podría ser una coincidencia... Y podría pensarlo si no fuera porque ese Akame compartía sus mismos rasgos, aunque muy deteriorados: nariz torcida, cicatrices en la boca, ojos oscuros, pelo oscuro aunque más largo y desmejorado... y, sobre todo, como usted mismo me acaba de confirmar, una terrible quemadura que le desfigura la mitad de la cara. Además... vio mi bandana, estoy segura de que me reconoció antes de que yo lo hiciera siquiera, y no paraba de decir que yo también sería traicionada por los míos, que me tirarían a la basura en cuanto se cansaran de mí.
»Uzukage-dono, no sé qué pasó con Akame, ni sé en qué circunstancias murió... Y nunca me atrevería a decir que usted está equivocado en algo, pero sí creo que es posible que os hayan engañado. Igual que nos engañaron en Amegakure al hacernos creer que Umikiba Kaido estaba muerto. Nosotros también teníamos su cadáver, y lo enterramos igual que ustedes enterraron a Akame. Y tanto Datsue como yo le hemos visto. Vivo.
Aún a solas en su habitación, y aunque nadie podía verla, Ayame inclinó la cabeza en una profunda reverencia.
—Muchas gracias, Uzukage-dono —dijo, algo más relajada.
—Pero que sea la última vez, Daruu-san. Los límites están para respetarse, ¿está bien?
—Bien. De acuerdo. Por supuestísimo. Lo que usted ordene, Hanabi-sama —recitó Daruu, como un autómata.
—Veo que habéis hecho una bonita amistad y eso me contenta. No puedo negar que siempre me preocupó los constantes rifirrafes que tenía Datsue con vuestra gente, así que ahora puedo estar más tranquilo que os habéis reconciliado. Pero hay que tener cuidado, Ayame —La muchacha pegó un leve respingo al escuchar su nombre formulado en los labios del máximo mandatario de Uzushiogakure—, con las cosas que le contamos a nuestros camaradas. Dice Datsue que has visto a Uchiha Akame vivo. Yo ya le he dicho que eso es imposible. Ahora te lo voy a decir a ti. Aún tengo los vestigios de las llamas que le quitaron la vida a mi Jinchuriki. Yo lo saqué de aquél infierno, sin vida; y vi como su asesino huía sin poder hacer nada. Eso me persigue hasta el sol de hoy, y no creo que deje de hacerlo por mucho tiempo.
«Llamas... Fuego...» Comprendió Ayame, que tragó saliva con esfuerzo.
—¿Lo que quieren decir es que, estoy equivocado?
—No lo está. Yo pienso como usted, Hanabi-sama. Yo pienso que Ayame vio lo que no era —replicó Datsue, antes de que Ayame pudiese intervenir, y la muchacha dejó escapar un sentido suspiro—. Pero, ¿de qué sirve esto? ¿De qué sirve esto, hmm? ¿Para qué? ¿Para qué hago las paces con Daruu y Ayame? ¿Para qué forjamos algo entre los tres? Para qué… ¿si luego, cuando vengan a decirme algo importante, no les creo? —añadió, contra todo pronóstico—. Yo les pedí que confiasen en mí, aun cuando tenían muchos motivos para no hacerlo. Y esto tiene que ser algo recíproco, y requiere de mucha fe. Pero si yo ahora no confío en Ayame a la primera de cambio, entonces esto no sirve de nada. Lo que quiero decir, Hanabi-sama… —Datsue hizo una pequeña pausa, como si las palabras se negaran a abandonar su garganta—. Lo que quiero decir es que si Ayame dice que vio a mi Hermano, entonces es que le vio —afirmó, con tal seguridad que incluso sorprendió a la testigo que escuchaba a cientos de kilómetros de distancia—. Y no importa que usted y yo, Hanabi-sama, tengamos la razón. Estoy obligado a confiar. En eso se basan las relaciones... Hasta que alguien rompa esa confianza, claro.
Ayame volvió a tragar saliva, y se agarró la camiseta a la altura del corazón como si estuviera evitando que saliera de su cuerpo.
—Hanabi-dono, en primer lugar mis disculpas por contactar de nuevo con usted de una forma tan poco digna —habló, con una risilla incómoda. Las dos únicas veces que había contactado con el Uzukage había sido a través de una carta escrita en una hoja desgastada y ahora a través de otra persona—. Y, en segundo lugar, jamás me atrevería a afirmar que usted está equivocado en algo. Simplemente... tenía que advertiros, y jamás se me habría ocurrido despertaros a todos a estas horas de la madrugada si no fuera algo tan importante.
»Sé que es muy difícil de entender o de creer, yo misma aún soy incapaz de hacerlo... Pero sé bien lo que vi. Y vi a Umikiba Kaido llamando Akame a un pobre vagabundo de Tanaku Gai que tenía el Sharingan en sus ojos —Ayame no entró a propósito en lo bajo que había caído aquel Akame frente a su Uzukage, hundiéndose en las drogas y comportándose como un loco. Aquella era una imagen que prefería ahorrarle, quizás por respeto, quizás porque era verdaderamente chocante cuando todos tenían en mente la verdadera imagen de Uchiha Akame, El Profesional—. Y sí, Uzukage-dono, Datsue ya me lo ha dicho: que podría ser cualquier otro Akame, que podría ser una coincidencia... Y podría pensarlo si no fuera porque ese Akame compartía sus mismos rasgos, aunque muy deteriorados: nariz torcida, cicatrices en la boca, ojos oscuros, pelo oscuro aunque más largo y desmejorado... y, sobre todo, como usted mismo me acaba de confirmar, una terrible quemadura que le desfigura la mitad de la cara. Además... vio mi bandana, estoy segura de que me reconoció antes de que yo lo hiciera siquiera, y no paraba de decir que yo también sería traicionada por los míos, que me tirarían a la basura en cuanto se cansaran de mí.
»Uzukage-dono, no sé qué pasó con Akame, ni sé en qué circunstancias murió... Y nunca me atrevería a decir que usted está equivocado en algo, pero sí creo que es posible que os hayan engañado. Igual que nos engañaron en Amegakure al hacernos creer que Umikiba Kaido estaba muerto. Nosotros también teníamos su cadáver, y lo enterramos igual que ustedes enterraron a Akame. Y tanto Datsue como yo le hemos visto. Vivo.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)