1/05/2019, 18:30
Hanabi tenía razón. Desde la muerte de Shiona, Uzu se había debilitado. Habían sangrado con Zoku, y los carroñeros lo habían olido. Y, lejos de espantarles, se habían dejado picotear. Ya no eran la Villa de antaño, respetada y admirada por todos. Ahora eran la Villa maja, que de tan buena era tonta. La Villa a la que una amejin escupía en la cara al máximo mandatario delante de todos y no pasaba nada. La Villa en la que se colaba un kusajin desertor. Y un criminal. Y ahora otro. Llegaban, arrasaban con todo y luego se iban. Y no importaba la Alianza, ni el nuevo detector de chakra, porque el problema era mucho más profundo que eso. El problema era que no les tenían respeto. Ni siquiera miedo.
¡Hasta el mismo Daruu se había colado sin pensárselo! Porque, ¿qué más daba? Eran Uzu. Eran los pacíficos.
Eso tenía que cambiar. La paz estaba muy bien, y el legado de Shiona era algo que había que proteger. Pero ahora que no estaban bajo la protección de ella, era su responsabilidad recordarles al mundo una cosa importante. Tenían que enseñarles no solo a sus enemigos, sino a Oonindo entero, que cuando hacías sangrar a Uzu…
… pagabas un precio.
—No nos dejaremos vencer —se unió Datsue, con el fuego de Hanabi encendido en su interior.
Datsue era el de los viejos tiempos. El de las tremendas ojeras, cara pálida y los ojos rojos por la falta de sueño. Esta vez, no obstante, no era por culpa de Shukaku. Sino por la duda. La duda era lo que más le martirizaba de todo.
Si supiese que Akame estaba muerto, hubiese logrado dormir un par de horas a la noche. Estaría jodido, sí. Y también con muchas preguntas rondándole la cabeza. ¿Quién había atacado a Chokichi? ¿Por qué? ¿Y cómo se había colado el agresor en la Villa? Pero, tarde o temprano, se hubiese dejado caer por el sueño.
Si supiese que Akame estaba vivo, probablemente se hubiese vuelto loco. Felicidad, tristeza y un terrible enfado al mismo tiempo. Felicidad por lo obvio. Enfado porque hubiese huido sin decirle nada. Y tristeza, una profunda tristeza, por el presentimiento de que era responsable de la muerte de Chokichi. No solo habría matado a dos camaradas, habría matado la única posibilidad que le quedaba de volver a la Villa con la cabeza sobre los hombros. Pero, a pesar de todo, cuando el sol estuviese asomando, ya por la mañana, hubiese conseguido dormir algo.
Pero no lo sabía. No sabía una mierda. Y por eso, todas sus preocupaciones se multiplicaban por dos. Tenía que preocuparse de lo que sucedería si estaba vivo y de si no. Sobra decir que no consiguió pegar ojo.
La puerta de la sala se abrió y Hanabi accedió con una carpeta en las manos. Datsue alzó la cabeza y su pulso se aceleró. A aquellas alturas, ya no sabía ni qué quería. Que Akame estuviese muerto, o que estuviese vivo y fuese un jodido traidor. Lo único que sabía es que tenía miedo.
Mucho miedo.
¡Hasta el mismo Daruu se había colado sin pensárselo! Porque, ¿qué más daba? Eran Uzu. Eran los pacíficos.
Eso tenía que cambiar. La paz estaba muy bien, y el legado de Shiona era algo que había que proteger. Pero ahora que no estaban bajo la protección de ella, era su responsabilidad recordarles al mundo una cosa importante. Tenían que enseñarles no solo a sus enemigos, sino a Oonindo entero, que cuando hacías sangrar a Uzu…
… pagabas un precio.
—No nos dejaremos vencer —se unió Datsue, con el fuego de Hanabi encendido en su interior.
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Datsue era el de los viejos tiempos. El de las tremendas ojeras, cara pálida y los ojos rojos por la falta de sueño. Esta vez, no obstante, no era por culpa de Shukaku. Sino por la duda. La duda era lo que más le martirizaba de todo.
Si supiese que Akame estaba muerto, hubiese logrado dormir un par de horas a la noche. Estaría jodido, sí. Y también con muchas preguntas rondándole la cabeza. ¿Quién había atacado a Chokichi? ¿Por qué? ¿Y cómo se había colado el agresor en la Villa? Pero, tarde o temprano, se hubiese dejado caer por el sueño.
Si supiese que Akame estaba vivo, probablemente se hubiese vuelto loco. Felicidad, tristeza y un terrible enfado al mismo tiempo. Felicidad por lo obvio. Enfado porque hubiese huido sin decirle nada. Y tristeza, una profunda tristeza, por el presentimiento de que era responsable de la muerte de Chokichi. No solo habría matado a dos camaradas, habría matado la única posibilidad que le quedaba de volver a la Villa con la cabeza sobre los hombros. Pero, a pesar de todo, cuando el sol estuviese asomando, ya por la mañana, hubiese conseguido dormir algo.
Pero no lo sabía. No sabía una mierda. Y por eso, todas sus preocupaciones se multiplicaban por dos. Tenía que preocuparse de lo que sucedería si estaba vivo y de si no. Sobra decir que no consiguió pegar ojo.
La puerta de la sala se abrió y Hanabi accedió con una carpeta en las manos. Datsue alzó la cabeza y su pulso se aceleró. A aquellas alturas, ya no sabía ni qué quería. Que Akame estuviese muerto, o que estuviese vivo y fuese un jodido traidor. Lo único que sabía es que tenía miedo.
Mucho miedo.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado