4/05/2019, 03:49
Oh, Datsue era bueno. Escupía verdades como balas de cañón. Usaba la lengua con la versatilidad de los más grandes oradores del mundo. Pero aún así, Hanabi no iba a ceder. Tenía su mente hecha en cómo actuar a partir de ahora.
No es que no confiara en su ninja. Lo hacía.Sabía que era fuerte, que era uno de los mejores shinobi de la actual generación y era suyo. Un Uzujin. Pero lamentablemente habían demasiados frentes. Distintos carroñeros acechándoles como carnada. Enfrascarse en uno de ellos fácilmente daría pie a los otros de mover ficha en el tablero.
Un silencio sepulcral se hizo de la habitación. Hanabi y Katsudon intercambiaron miradas, tratando de entenderse el uno con el otro sin decir nada.
—Lo pensaré, Datsue, pero no te prometo nada. Hay demasiado en riesgo, tú más que nadie lo sabes. Y lo quieras o no, Akame no es nuestro principal enemigo. Allí afuera, los monstruos nos acechan. Tenemos que cuidarnos entre nosotros. A ti. A Ayame. Sois piezas claves en lo que está por venir. Así que actúa en consecuencia —acotó, tajante—. Ayame-san, Daruu-san. Les estoy muy agradecido por la voluntad y el valor que habéis tenido de cooperar con Uzushiogakure no Sato al compartirnos esta información, aún corriendo el riesgo de que dudáramos de vuestra palabra. Han honrado el Pacto de las Tres Grandes, y por ello, os doy las gracias.
»No tengan duda de que vamos a compartir la inteligencia recabada con Amegakure y Kusagakure, tal y como lo hizo Yui-dono en su momento. Pero me temo que lo que pueda continuar de ésta conversación debe discutirse en privado, al tratarse de asuntos internos de nuestra aldea. Espero sepáis entenderlo.
No es que no confiara en su ninja. Lo hacía.Sabía que era fuerte, que era uno de los mejores shinobi de la actual generación y era suyo. Un Uzujin. Pero lamentablemente habían demasiados frentes. Distintos carroñeros acechándoles como carnada. Enfrascarse en uno de ellos fácilmente daría pie a los otros de mover ficha en el tablero.
Un silencio sepulcral se hizo de la habitación. Hanabi y Katsudon intercambiaron miradas, tratando de entenderse el uno con el otro sin decir nada.
—Lo pensaré, Datsue, pero no te prometo nada. Hay demasiado en riesgo, tú más que nadie lo sabes. Y lo quieras o no, Akame no es nuestro principal enemigo. Allí afuera, los monstruos nos acechan. Tenemos que cuidarnos entre nosotros. A ti. A Ayame. Sois piezas claves en lo que está por venir. Así que actúa en consecuencia —acotó, tajante—. Ayame-san, Daruu-san. Les estoy muy agradecido por la voluntad y el valor que habéis tenido de cooperar con Uzushiogakure no Sato al compartirnos esta información, aún corriendo el riesgo de que dudáramos de vuestra palabra. Han honrado el Pacto de las Tres Grandes, y por ello, os doy las gracias.
»No tengan duda de que vamos a compartir la inteligencia recabada con Amegakure y Kusagakure, tal y como lo hizo Yui-dono en su momento. Pero me temo que lo que pueda continuar de ésta conversación debe discutirse en privado, al tratarse de asuntos internos de nuestra aldea. Espero sepáis entenderlo.
