8/05/2019, 20:01
(Última modificación: 8/05/2019, 20:03 por Umikiba Kaido. Editado 1 vez en total.)
Habiendo hecho los deberes, Daruu y Ayame —convertidos en sus propias versiones de ciudadanos de Shinogi-To—. abandonaron la seguridad del callejón y continuaron con la misión.
Minutos más tardes, dieron finalmente con una calle abierta que se alargaba de forma transversal como una pasarela, dejando atrás los callejones más claustrofóbicos. Lucía como una avenida bastante concurrida donde, en lado izquierdo de la misma, numerosos puestos móviles y carpas operaban como comercios independientes que durante solían funcionar durante el día y que, visto lo visto, vendían de todo. Carros de comida ambulantes, algunas tiendas improvisadas de ropa y cervecerías.
La gente iba y venía desde ambas direcciones. Caminaban a paso acelerado, y alguno que otro echaba un rápido vistazo al cielo, previniendo que no se les hiciera muy de noche. Y qué hora era, ¿en todo caso? ¿las dos o tres de la tarde? Daba igual. Algunos transeúntes actuaban como si una tormenta se avecinara. Una más severa de la que estaban acostumbrados, al menos. Que si bien valía la pena gastarse el sueldo en alguna de aquellas tienditas, si querías llegar con lo adquirido a casa, mejor era ir yendo de patitas a tu hogar antes de que oscureciera.
El lado derecho, no obstante, estaba atenuado de establecimientos de estructuras parecidas a las que pudieron ver en el Callejón de Luciérnagas, de aspecto más compacto y profesional. Algunos bares cerrados por el horario, clubes de pool y uno que otro escondrijo para los juegos de azar.
Muy a lo lejos, al final de la larga calle, se podían ver unos galpones de acero, parecidos a los les comentó Ginjo hará una hora atrás. Y mucho más atrás, viéndolo todo con gran imponencia, se alzaban los grandes muros del que sabían ellos que se trataba del Castillo del Señor Feudal.
Si Ayame indagaba en su memoria, ella había estado dentro de aquél palacio hace muchísimo tiempo durante su misión de rango S. Parecía haber transcurrido una eternidad desde entonces.
Minutos más tardes, dieron finalmente con una calle abierta que se alargaba de forma transversal como una pasarela, dejando atrás los callejones más claustrofóbicos. Lucía como una avenida bastante concurrida donde, en lado izquierdo de la misma, numerosos puestos móviles y carpas operaban como comercios independientes que durante solían funcionar durante el día y que, visto lo visto, vendían de todo. Carros de comida ambulantes, algunas tiendas improvisadas de ropa y cervecerías.
La gente iba y venía desde ambas direcciones. Caminaban a paso acelerado, y alguno que otro echaba un rápido vistazo al cielo, previniendo que no se les hiciera muy de noche. Y qué hora era, ¿en todo caso? ¿las dos o tres de la tarde? Daba igual. Algunos transeúntes actuaban como si una tormenta se avecinara. Una más severa de la que estaban acostumbrados, al menos. Que si bien valía la pena gastarse el sueldo en alguna de aquellas tienditas, si querías llegar con lo adquirido a casa, mejor era ir yendo de patitas a tu hogar antes de que oscureciera.
El lado derecho, no obstante, estaba atenuado de establecimientos de estructuras parecidas a las que pudieron ver en el Callejón de Luciérnagas, de aspecto más compacto y profesional. Algunos bares cerrados por el horario, clubes de pool y uno que otro escondrijo para los juegos de azar.
Muy a lo lejos, al final de la larga calle, se podían ver unos galpones de acero, parecidos a los les comentó Ginjo hará una hora atrás. Y mucho más atrás, viéndolo todo con gran imponencia, se alzaban los grandes muros del que sabían ellos que se trataba del Castillo del Señor Feudal.
Si Ayame indagaba en su memoria, ella había estado dentro de aquél palacio hace muchísimo tiempo durante su misión de rango S. Parecía haber transcurrido una eternidad desde entonces.

![[Imagen: ZqBCFJX.jpg]](https://i.imgur.com/ZqBCFJX.jpg)