13/05/2019, 17:31
Daruu logró salir airoso, a duras penas, de la situación. Tenía suerte que Shinogi-To estuviera plagada de callejones desolados donde vomitar fuera una opción sin que nadie le increpase como es que un local no era capaz de transitar la calle sin sucumbir ante el reflujo forzado por el fuerte aroma a pescado. Potar, no obstante, no mermó su capacidad de respuesta ni su resolución, con lo cual respondió de la mejor manera posible: cambiando su apariencia una vez más, ante la nimia posibilidad de que los hombres de los galpones pudieran haber sospechado de ellos.
Ayame, la divisora de aquella mujer de aspecto similar a Shannako vislumbro nuevamente la avenida y de envalentonó a inspeccionar más de cerca. El escondrijo adonde creyó ver perderse a la mujer resultaba ser, sin lugar a dudas, una taberna. El portal Lucía como unas de esas cantinas con puertas de solapa que se abrían hacia ambos lados, aunque desde afuera no se podía ver mucho más que algunos indicios de luz. Sobre el toldo de la entrada que protegía de la sinuosa llovizna a los consumidores, un cartel raído y mohoso que reposaba en grabados de acero una palabra. Le faltaba un par de letras, aunque se podía entender como una desambiguacion de la frase mal de ojo.
Bastante sutil.
Ayame, la divisora de aquella mujer de aspecto similar a Shannako vislumbro nuevamente la avenida y de envalentonó a inspeccionar más de cerca. El escondrijo adonde creyó ver perderse a la mujer resultaba ser, sin lugar a dudas, una taberna. El portal Lucía como unas de esas cantinas con puertas de solapa que se abrían hacia ambos lados, aunque desde afuera no se podía ver mucho más que algunos indicios de luz. Sobre el toldo de la entrada que protegía de la sinuosa llovizna a los consumidores, un cartel raído y mohoso que reposaba en grabados de acero una palabra. Le faltaba un par de letras, aunque se podía entender como una desambiguacion de la frase mal de ojo.
Bastante sutil.
