16/05/2019, 13:43
Afortunadamente, Yamatsuki percibió las intenciones de Ariba con facilidad:
—Claro, Ariba-san. No he visto otro bar en este rincón de mala muerte, así que este tendrá que servir —respondió, antes de acercarse a ella para añadir algo en un susurro—. Quedará raro que con ese aspecto te pidas un zumo de naranja, Ariba.
Ariba palideció bruscamente. No había pensado en ello, pero Yamatsuki tenía toda la razón. ¿Pero qué podía hacer? ¡Se negaba en rotundo a beber cualquier bebida con alcohol!
«¡Oh, vamos, Ayame, eres una kunoichi! ¡Actúa como tal y manten tu disfraz! Por una vez... por una vez... ¡NO, NO, NO, NO!»
Durante su dilema moral interno, Yamatsuki había entrado en el local y se había acercado con decisión a la barra. Ariba le siguió de cerca, tratando de disimular la profunda angustia que sentía y cotilleando a su alrededor con largas miradas.
—Buenas. Pónme una cerveza. Cortita.
Ariba apretó sendos puños al escuchar a Yamatsuki. Tuvo que contenerse de dirigirle una mirada asesina, pero lo cierto era que la tabernera estaba esperando su petición. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la mujer era completamente ciega.
«¿Pero entonces cómo sabe lo que debe ponernos...?» Se preguntó Ayame.
—Eh... yo... —balbuceó, mientras su cerebro buscaba desesperadamente entre sus archivos de información cualquier tipo de bebida no alcohólica que pudiera pedir sin llamar una atención indeseada.
—Joder, Ariba-san, ¿otra vez? Te dije que no te pasaras con la bebida anoche —intervino Yamatsuki, con predisposición a echarle un cable—. Póngale un vaso de agua a mi compañero, anda. El pusilánime no sabe beber y luego pasa lo que pasa. A ver si así se le va el dolor de tarro.
Ariba contuvo un suspiro de alivio y, sin embargo...
—Venga ya, Yamatsuki, no me jodas. ¿Cuándo vas a dejar de tratarme como mi mamá, que en paz descanse? Póngame una cerveza, pero sin alcohol. Tampoco hay que tentar a la suerte.
—Claro, Ariba-san. No he visto otro bar en este rincón de mala muerte, así que este tendrá que servir —respondió, antes de acercarse a ella para añadir algo en un susurro—. Quedará raro que con ese aspecto te pidas un zumo de naranja, Ariba.
Ariba palideció bruscamente. No había pensado en ello, pero Yamatsuki tenía toda la razón. ¿Pero qué podía hacer? ¡Se negaba en rotundo a beber cualquier bebida con alcohol!
«¡Oh, vamos, Ayame, eres una kunoichi! ¡Actúa como tal y manten tu disfraz! Por una vez... por una vez... ¡NO, NO, NO, NO!»
Durante su dilema moral interno, Yamatsuki había entrado en el local y se había acercado con decisión a la barra. Ariba le siguió de cerca, tratando de disimular la profunda angustia que sentía y cotilleando a su alrededor con largas miradas.
—Buenas. Pónme una cerveza. Cortita.
Ariba apretó sendos puños al escuchar a Yamatsuki. Tuvo que contenerse de dirigirle una mirada asesina, pero lo cierto era que la tabernera estaba esperando su petición. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la mujer era completamente ciega.
«¿Pero entonces cómo sabe lo que debe ponernos...?» Se preguntó Ayame.
—Eh... yo... —balbuceó, mientras su cerebro buscaba desesperadamente entre sus archivos de información cualquier tipo de bebida no alcohólica que pudiera pedir sin llamar una atención indeseada.
—Joder, Ariba-san, ¿otra vez? Te dije que no te pasaras con la bebida anoche —intervino Yamatsuki, con predisposición a echarle un cable—. Póngale un vaso de agua a mi compañero, anda. El pusilánime no sabe beber y luego pasa lo que pasa. A ver si así se le va el dolor de tarro.
Ariba contuvo un suspiro de alivio y, sin embargo...
—Venga ya, Yamatsuki, no me jodas. ¿Cuándo vas a dejar de tratarme como mi mamá, que en paz descanse? Póngame una cerveza, pero sin alcohol. Tampoco hay que tentar a la suerte.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)