24/05/2019, 08:26
—Kinaara, una retirada a tiempo es una victoria —respondió Eien, que volvía a entrelazar las manos en varios sellos—. Tú confía en mi y sígueme el rollo totalmente, le dibujaré una bonita historia en esa cabeza repugnante de tabacalero.
Ella asintió, aún inquieta. Y cuando Daruu realizó su técnica ilusoria dejó que invadiera su territorio sin rechistar. Ayame retiró al fin su hipnosis, observando con cuidado las expresiones aparecidas en el rostro de Watanabe. Aunque no encontró mucho más aparte de esos ojos inexpresivos perdidos en el infinito.
Y al cabo de varios largos segundos...
—¡Wa... Watanabe-dono, no se ponga a... no se ponga así, ya nos vamos, ya nos vamos! ¡Lo siento! —exclamó Eien de repente, y Ayame comprendió que se trataba de parte de la actuación dentro del Genjutsu por lo que, como Kinnara, se abstuvo de dirigirle una mirada confundida—. ¡V-vámonos, Kinaara! ¡Vámonos!
Su compañero la tomó del brazo y volvió a arrastrarla fuera del despacho en un gesto que ya se estaba convirtiendo en una mala costumbre. Kinnara se dejó guiar, pero se soltó enseguida en cuanto estuvieron en el pasillo. Sin mediar palabra, los dos opulentos ricachones bajaron las escaleras apresuradamente, pero la mala fortuna querría que a mitad de camino se encontraran con el mozo de carga, que les miró extrañados desde detrás de una bandeja con tres copas.
«Al final sólo había ido a por bebidas...» Pensó Ayame, con una amarga desazón en el pecho. Pero Kinnara endureció la mirada al ver las copas —¿realmente fue un acto de Kinnara o de Ayame?—, y volvió a alzar la barbilla.
—Hmph, insectos desagradecidos... Esto no quedará así —continuó con la actuación, antes de dirigirse sin ningún tipo de reparo a la salida.
No sabía qué era lo que le había hecho Daruu a Watanabe; pero, a juzgar por sus últimas palabras, tenían que salir de allí y encontrar un lugar donde poner en orden sus ideas.
Y tenían que hacerlo ya.
Ella asintió, aún inquieta. Y cuando Daruu realizó su técnica ilusoria dejó que invadiera su territorio sin rechistar. Ayame retiró al fin su hipnosis, observando con cuidado las expresiones aparecidas en el rostro de Watanabe. Aunque no encontró mucho más aparte de esos ojos inexpresivos perdidos en el infinito.
Y al cabo de varios largos segundos...
—¡Wa... Watanabe-dono, no se ponga a... no se ponga así, ya nos vamos, ya nos vamos! ¡Lo siento! —exclamó Eien de repente, y Ayame comprendió que se trataba de parte de la actuación dentro del Genjutsu por lo que, como Kinnara, se abstuvo de dirigirle una mirada confundida—. ¡V-vámonos, Kinaara! ¡Vámonos!
Su compañero la tomó del brazo y volvió a arrastrarla fuera del despacho en un gesto que ya se estaba convirtiendo en una mala costumbre. Kinnara se dejó guiar, pero se soltó enseguida en cuanto estuvieron en el pasillo. Sin mediar palabra, los dos opulentos ricachones bajaron las escaleras apresuradamente, pero la mala fortuna querría que a mitad de camino se encontraran con el mozo de carga, que les miró extrañados desde detrás de una bandeja con tres copas.
«Al final sólo había ido a por bebidas...» Pensó Ayame, con una amarga desazón en el pecho. Pero Kinnara endureció la mirada al ver las copas —¿realmente fue un acto de Kinnara o de Ayame?—, y volvió a alzar la barbilla.
—Hmph, insectos desagradecidos... Esto no quedará así —continuó con la actuación, antes de dirigirse sin ningún tipo de reparo a la salida.
No sabía qué era lo que le había hecho Daruu a Watanabe; pero, a juzgar por sus últimas palabras, tenían que salir de allí y encontrar un lugar donde poner en orden sus ideas.
Y tenían que hacerlo ya.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)