28/05/2019, 03:26
Aunque Komachi parecía algo distante, se alegraba de que todos hubiesen llegado con relativo bien. No solo por su hija, pues era muy importante mantener la integridad de todos los genin de la aldea, aunque se hubiesen dado “de cabeza contra el suelo”.
—Excelente, excelente… —habría susurrado antes de ponerse en marcha.
Al entrar los tres humanos y el can al herbolario, sintieron de nuevo aquel ataque aromático tan extraño que percibieron la primera vez. Taitama Kumoko estaba sentada detrás del mostrador, con lo que parecía una bebida fría en mano. Parecía querer levantarse para saludar a la pelirroja, mas Sagisō Komachi parecía estarle insistiendo en que no lo hiciera, por la condición de su pierna.
—¡Ooh, los chicos y Ranko-sama también han vuelto! ¿Cómo están? ¡Muéstrenmelas! —Su tono era bastante alegre. Dejó la bebida sobre el mostrador y se limpió ambas manos con sus ropas. Tal vez los chicos no se darían cuenta, pero ese “¿cómo están?” se refería a las hierbas, y no a ellos —¿Tuvieron algún problema al recolectarlas?
Ranko se desató las dos bolsitas de su cinto y entregó las rafure y el mannerikko a la mujer.
—P-pues… —Mas no alcanzó a decir más.
Komachi tomó palabra mientras los chicos respondían a la mujer.
—Felicidades, chicos, han cumplido informalmente una misión más —La jounin no sabía el récord de misiones de Etsu o de Kazuma, aunque sí sabía que era la primera ninmu de su hija —. Y digo informalmente porque solo hace falta un paso (una vez que entreguen las hierbas, por supuesto). Inuzuka-kun, aún tienes el pergamino de la misión, ¿verdad? Te lo di al partir. ¿Serías tan amable de prestármelo? Taitama-san tiene que confirmar el cumplimiento satisfactorio de la misión. Acto seguido iremos a con el Morikage (bueno, con alguno de los encargados. Creo que a esta hora Kamisho-san ya se ha retirado…) para que les entreguen su recompensa. ¿Está bien, queridos? —les regaló una cálida sonrisa, como si fuese la madre de los chicos.
—Excelente, excelente… —habría susurrado antes de ponerse en marcha.
Al entrar los tres humanos y el can al herbolario, sintieron de nuevo aquel ataque aromático tan extraño que percibieron la primera vez. Taitama Kumoko estaba sentada detrás del mostrador, con lo que parecía una bebida fría en mano. Parecía querer levantarse para saludar a la pelirroja, mas Sagisō Komachi parecía estarle insistiendo en que no lo hiciera, por la condición de su pierna.
—¡Ooh, los chicos y Ranko-sama también han vuelto! ¿Cómo están? ¡Muéstrenmelas! —Su tono era bastante alegre. Dejó la bebida sobre el mostrador y se limpió ambas manos con sus ropas. Tal vez los chicos no se darían cuenta, pero ese “¿cómo están?” se refería a las hierbas, y no a ellos —¿Tuvieron algún problema al recolectarlas?
Ranko se desató las dos bolsitas de su cinto y entregó las rafure y el mannerikko a la mujer.
—P-pues… —Mas no alcanzó a decir más.
Komachi tomó palabra mientras los chicos respondían a la mujer.
—Felicidades, chicos, han cumplido informalmente una misión más —La jounin no sabía el récord de misiones de Etsu o de Kazuma, aunque sí sabía que era la primera ninmu de su hija —. Y digo informalmente porque solo hace falta un paso (una vez que entreguen las hierbas, por supuesto). Inuzuka-kun, aún tienes el pergamino de la misión, ¿verdad? Te lo di al partir. ¿Serías tan amable de prestármelo? Taitama-san tiene que confirmar el cumplimiento satisfactorio de la misión. Acto seguido iremos a con el Morikage (bueno, con alguno de los encargados. Creo que a esta hora Kamisho-san ya se ha retirado…) para que les entreguen su recompensa. ¿Está bien, queridos? —les regaló una cálida sonrisa, como si fuese la madre de los chicos.
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