9/06/2019, 13:32
(Última modificación: 9/06/2019, 13:35 por Aotsuki Ayame. Editado 1 vez en total.)
—El Mizugakure es mucho más práctico y seguro en nuestro País. Siempre está encharcado. En tu caso, puedes licuarte directamente. Yo domino la técnica y puedo moverme despacio sin que me noten —opinó Daruu, y Ayame asintió. Era precisamente a eso a lo que se había referido con utilizar el agua como escondite. Pero su compañero dio varios pasos más allá en aquel plan improvisado—. Además. Como ya es evidente, de esa reunión NO deben salir. Vivos o muertos, debemos llevarlos a Amegakure. Si utilizamos ambos el Kirigakure no Jutsu, crearemos una niebla tan espesa que sólo nosotros podremos desenvolvernos con naturalidad. Estarán en total desventaja. Ambos tenemos antepasados que vivieron en la Aldea Oculta de la Niebla, y el legado que dejaron en Amegakure es excelente. Dentro de dos días, el espíritu de Kirigakure se cobrará dos víctimas.
Un extraño escalofrío de emoción recorrió a Ayame al escuchar aquellas últimas palabras, aunque no supo bien por qué.
—No obstante, no dejar cabos sueltos —continuó hablando Daruu—. Hay que estar preparados para que lo contraataquen y tengamos que improvisar. —Miró a Shanise y clavó una pequeña reverencia—. Senpai, no quiero exigirle demasiado, ni está en mi posición. ¿Pero cree que podríamos pasar mañana a Amegakure para colocar esas marcas en las celdas? Quizás, nos convendría abastecernos de alguna herramienta en la armería también.
Ajena a unas sonrisas inapreciables en aquellas irisadas siluetas que se plantaban frente a ellos, Ayame aguardó con impaciente paciencia a la respuesta por parte de los superiores. Y entonces...
Aquel golpe seco le hizo dar un brinco en el sitio, y su corazón se aceleró hasta cuotas insospechadas. Aterrorizada, Ayame aguardó por la bronca que estaba a punto de caerles...
—Que no se diga más —dijo la Arashikage, sin embargo—. Vuelvan mañana, que Shanise se ocupará de prepararte un calabozo para que elabores tu técnica; y pasad por la armería a coger lo que os plazca. No más errores. No más compromisos.
—Buena suerte, chicos. Confiamos en vosotros —añadió Shanise.
—Larga vida a Amegakure, y muerte a sus traidores —culminó Hida.
—¡Larga vida a Amegakure, y muerte a sus traidores! —repitieron los dos muchachos al unísono.
Y las tres siluetas se desvanecieron en el aire.
Y Ayame dejó escapar su alma en un último suspiro y se derrumbó en la cama con los brazos estirados sobre la cabeza.
—Al final echaba de menos a Shanise —comentó Daruu.
Y Ayame dejó escapar una risilla.
—Ya te dije que Shanise-senpai era la mejor del mundo —afirmó, girando la cabeza hacia Daruu. Y entonces sus ojos se ensombrecieron ligeramente. Las últimas palabras de Hida la habían marcado, y le habían traído a la mente otra clase de pensamientos—: No puedo evitar pensar en Kaido... Él también fue enviado a una misión de infiltración, similar a la nuestra... ¿Qué le hizo cambiar de bando de un día para otro? Creía que admiraba profundamente a Yui, él mismo se hizo cargo de un traidor a la aldea con sus propias manos... Y nos ayudó con los Kajitsu... No puedo creer que se haya convertido en otro traidor.
Un extraño escalofrío de emoción recorrió a Ayame al escuchar aquellas últimas palabras, aunque no supo bien por qué.
—No obstante, no dejar cabos sueltos —continuó hablando Daruu—. Hay que estar preparados para que lo contraataquen y tengamos que improvisar. —Miró a Shanise y clavó una pequeña reverencia—. Senpai, no quiero exigirle demasiado, ni está en mi posición. ¿Pero cree que podríamos pasar mañana a Amegakure para colocar esas marcas en las celdas? Quizás, nos convendría abastecernos de alguna herramienta en la armería también.
Ajena a unas sonrisas inapreciables en aquellas irisadas siluetas que se plantaban frente a ellos, Ayame aguardó con impaciente paciencia a la respuesta por parte de los superiores. Y entonces...
¡BAM!
Aquel golpe seco le hizo dar un brinco en el sitio, y su corazón se aceleró hasta cuotas insospechadas. Aterrorizada, Ayame aguardó por la bronca que estaba a punto de caerles...
—Que no se diga más —dijo la Arashikage, sin embargo—. Vuelvan mañana, que Shanise se ocupará de prepararte un calabozo para que elabores tu técnica; y pasad por la armería a coger lo que os plazca. No más errores. No más compromisos.
—Buena suerte, chicos. Confiamos en vosotros —añadió Shanise.
—Larga vida a Amegakure, y muerte a sus traidores —culminó Hida.
—¡Larga vida a Amegakure, y muerte a sus traidores! —repitieron los dos muchachos al unísono.
Y las tres siluetas se desvanecieron en el aire.
Y Ayame dejó escapar su alma en un último suspiro y se derrumbó en la cama con los brazos estirados sobre la cabeza.
—Al final echaba de menos a Shanise —comentó Daruu.
Y Ayame dejó escapar una risilla.
—Ya te dije que Shanise-senpai era la mejor del mundo —afirmó, girando la cabeza hacia Daruu. Y entonces sus ojos se ensombrecieron ligeramente. Las últimas palabras de Hida la habían marcado, y le habían traído a la mente otra clase de pensamientos—: No puedo evitar pensar en Kaido... Él también fue enviado a una misión de infiltración, similar a la nuestra... ¿Qué le hizo cambiar de bando de un día para otro? Creía que admiraba profundamente a Yui, él mismo se hizo cargo de un traidor a la aldea con sus propias manos... Y nos ayudó con los Kajitsu... No puedo creer que se haya convertido en otro traidor.

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