2/07/2019, 03:45
Para su pesar —el de aquella copia barata de Ooyu—. Nioka no pareció prestarle demasiada atención al hecho de que él creyese que a Ooyu le había pasado algo malo. Daba la sensación de que no le importaba en lo absoluto lo que pudiera haber sido de ese tipo. Total, negocios son negocios. Todos en algún momento acaban convirtiéndose en fichas descartables. La Náyade se acercó sonriente al carruaje como si estuviese a punto de abrir los regalos de navidad, pasó magistralmente del viejo carretero que permaneció tan impertérrito como las yeguas que aprovechaban el descanso para comer un poco de pasto; y apretujó el compartimiento que abrió de par en par la lona que cubría la parte trasera del raído carruaje.
—La jefa estará contenta. Oh, sí, muy contenta.
Era una colección... alarmante. Bizarra. Ojos, ojos, y más ojos. Frascos llenos de ellos. Una súbita punzada en forma de recuerdo albergó los rincones más lúcidos de la mente de Daruu, y creyó sentir un intenso dolor en la cuenca de sus ojos. Como aquél día. El día en el que creyó que no volvería a contemplar la dulce mirada purpúrea de su madre. El día en el que creyó que no podría deleitarse de las tiernas y hermosas facciones de su amada, Ayame. El día en el que supo, mejor que nadie en éste mundo; lo que era vivir en oscuridad.
Nioka cerró la lona de un manotazo y se torció hacia Ryaku, mientras se llevaba al oído un comunicador avanzado que retiró de su portaobjetos.
—Llegaron los botines, partimos en cinco —soltó, a alguien al otro lado de la línea—. bien, Ryaku, es hora de que hagas tu parte. Como viene siendo habitual, el otro cincuenta porciento del pago cuando la mercancía esté a salvo en Mal de Ojo. Asumo que podrás encargarte de la requisa de los guardias como bien lo hacía tu socio, ¿no es así?
—La jefa estará contenta. Oh, sí, muy contenta.
Era una colección... alarmante. Bizarra. Ojos, ojos, y más ojos. Frascos llenos de ellos. Una súbita punzada en forma de recuerdo albergó los rincones más lúcidos de la mente de Daruu, y creyó sentir un intenso dolor en la cuenca de sus ojos. Como aquél día. El día en el que creyó que no volvería a contemplar la dulce mirada purpúrea de su madre. El día en el que creyó que no podría deleitarse de las tiernas y hermosas facciones de su amada, Ayame. El día en el que supo, mejor que nadie en éste mundo; lo que era vivir en oscuridad.
Nioka cerró la lona de un manotazo y se torció hacia Ryaku, mientras se llevaba al oído un comunicador avanzado que retiró de su portaobjetos.
—Llegaron los botines, partimos en cinco —soltó, a alguien al otro lado de la línea—. bien, Ryaku, es hora de que hagas tu parte. Como viene siendo habitual, el otro cincuenta porciento del pago cuando la mercancía esté a salvo en Mal de Ojo. Asumo que podrás encargarte de la requisa de los guardias como bien lo hacía tu socio, ¿no es así?
