21/07/2019, 12:20
(Última modificación: 21/07/2019, 12:23 por Aotsuki Ayame. Editado 1 vez en total.)
Ya fuera por las heridas que sufría o por el terror que sentía, el pobre conductor no se movió ni articuló una sola palabra. Ayame agachó la cabeza, sombría, y comenzó a acercarse a él para apoyar el pie sobre su pecho...
El otro hombre soltó un desgarrador alarido de dolor cuando la flecha perforó su antebrazo, atravesando músculos y tendones, e impidiéndole buscar lo que fuera que quisiera que alcanzar. Ayame entrecerró ligeramente los ojos al escucharle; pero, pese a la opresión que sintió en el pecho, aquello no la amedrentó. Y es que...
—¡Zorra inmunda! ¡vas a morir, vas a moriirrrrrrrr!
Y es que un hombre dispuesto a hacer negocio con ojos arrancados a decenas de personas en contra de su voluntad no merecía ningún tipo de compasión. Además, Daruu necesitaba su ayuda. No podía perder más tiempo con aquello.
—Oh, no. Yo no pienso morir. Hoy no —siseó entre dientes, replegando de nuevo el arco sobre su muñeca. Con un gesto rápido y seco, Ayame extendió la muñeca derecha, sacó el kunai que escondía en el mecanismo oculto y se hizo un pequeño corte a sí misma en la palma de la mano izquierda. Su sangre bañó el metal sediento, que cayó al suelo con un leve tintineo tras aquel acto, y entonces la kunoichi se abalanzó sobre el hombre mientras sus manos se entrelazaban en una serie de sellos: Carnero, Mono, Perro, Pájaro, Jabalí...
El último sello coincidiría cuando la kunoichi llegara hasta la posición del hombre y pisara con fuerza su brazo sano contra el suelo para inmovilizarlo. Y hacer contacto con él.
Si todo salía como deseaban, las dos Ayame darían la palmada prácticamente al unísono y ambas desaparecerían con apenas un destello del color de la sangre.
Próxima parada: las celdas de Amegakure.
. . .
El otro hombre soltó un desgarrador alarido de dolor cuando la flecha perforó su antebrazo, atravesando músculos y tendones, e impidiéndole buscar lo que fuera que quisiera que alcanzar. Ayame entrecerró ligeramente los ojos al escucharle; pero, pese a la opresión que sintió en el pecho, aquello no la amedrentó. Y es que...
—¡Zorra inmunda! ¡vas a morir, vas a moriirrrrrrrr!
Y es que un hombre dispuesto a hacer negocio con ojos arrancados a decenas de personas en contra de su voluntad no merecía ningún tipo de compasión. Además, Daruu necesitaba su ayuda. No podía perder más tiempo con aquello.
—Oh, no. Yo no pienso morir. Hoy no —siseó entre dientes, replegando de nuevo el arco sobre su muñeca. Con un gesto rápido y seco, Ayame extendió la muñeca derecha, sacó el kunai que escondía en el mecanismo oculto y se hizo un pequeño corte a sí misma en la palma de la mano izquierda. Su sangre bañó el metal sediento, que cayó al suelo con un leve tintineo tras aquel acto, y entonces la kunoichi se abalanzó sobre el hombre mientras sus manos se entrelazaban en una serie de sellos: Carnero, Mono, Perro, Pájaro, Jabalí...
El último sello coincidiría cuando la kunoichi llegara hasta la posición del hombre y pisara con fuerza su brazo sano contra el suelo para inmovilizarlo. Y hacer contacto con él.
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¡PLAS!
Si todo salía como deseaban, las dos Ayame darían la palmada prácticamente al unísono y ambas desaparecerían con apenas un destello del color de la sangre.
Próxima parada: las celdas de Amegakure.
1 AO mantenida
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![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)