11/08/2019, 19:34
¡Bám! Amedama Daruu clavó sendo puñetazo en el rostro de Nioka, que se había visto pasmada del más absoluto terror al escuchar aquella voz. No sólo por de quién provenía aquélla, sino de lo inexplicable de su actual situación: hace dos segundos estaba en Shinogi-To, y ahora tenía frente a sí a su jodida verdugo.
De más está decir que le dolió más a Daruu el golpe que a la mismísima Náyade, cuyo cuerpo era tan duro como una jodida roca. Ella sólo retrajo el rostro por pura inercia, y quedó mirando al suelo durante unos segundos que se sintieron toda una eternidad de introspección y realización personal. Nioka pensaba. Ataba hilos. Unía cabos. Ese nombre era el eslabón que faltaba. Amedama, Amedama, Amedama... ahora lo entendía todo. Al final, los presagios de Nakura Naia se había cumplido. Habían ido a por los ojos de aquél muchacho. Los que había decidido no vender, para lograr consumar su venganza. El problema es que no fue la hija de puta de Kiroe quien les siguió el rastro. Sino otros ninjas. Y la mismísima Arashikage estaba detrás de todo el parapeto. Mala suerte.
»Además, tendrán que interrogar a esta. Y si me deja usted mucho tiempo con ella, le c...
—¡Arghhhhhhhhh! —primero fue el cuchillo que blandió justo en el momento en el que Daruu se dio la vuelta. Luego fue el alarido de guerra que presagió un asesinato rastrero y por la espalda.
— ¡Kagemane no Jutsu! —espetó la misma guardia que había recibido a Ayame minutos antes. Un hilillo de sombra se había colado por las rendijas de la celda y se había unido a la tenue sombra que generaba el inmenso cuerpo de Nioka, para impedir que se moviera.
—Nunca te fíes de un depredador acorralado —espetó Yui, mientras abría la celda, sin quitar la mirada de su hija traviesa, la cuál llevaba mucho tiempo escapándose de casa—. Ayame estuvo hace cinco minutos aquí, y trajo a esos dos —no le hizo falta señalar a nadie: las otras dos celdas estaban también ocupadas por el carruajero, y Ryaku.
—¡Estaba muy exhausta! pero cuando fui a buscar a Arashikage-sama y volví, ya había desaparecido de nuevo!
Ayame no tenía muchas opciones. O bien seguía tomando riesgos, a costa de las consecuencias que podrían traer consigo; o sentaba cabeza y meditaba mejor sus acciones. ¿Adónde podía haber ido Daruu a parar? ¿quién había capturado a quién, en todo caso?
¿habían conversado acerca de la posibilidad de que ésto sucediera?
¿si se separaban, en dónde se iban a encontrar?
Muchas preguntas. Pocas respuestas.
Mucho tiempo para accionar.
De más está decir que le dolió más a Daruu el golpe que a la mismísima Náyade, cuyo cuerpo era tan duro como una jodida roca. Ella sólo retrajo el rostro por pura inercia, y quedó mirando al suelo durante unos segundos que se sintieron toda una eternidad de introspección y realización personal. Nioka pensaba. Ataba hilos. Unía cabos. Ese nombre era el eslabón que faltaba. Amedama, Amedama, Amedama... ahora lo entendía todo. Al final, los presagios de Nakura Naia se había cumplido. Habían ido a por los ojos de aquél muchacho. Los que había decidido no vender, para lograr consumar su venganza. El problema es que no fue la hija de puta de Kiroe quien les siguió el rastro. Sino otros ninjas. Y la mismísima Arashikage estaba detrás de todo el parapeto. Mala suerte.
»Además, tendrán que interrogar a esta. Y si me deja usted mucho tiempo con ella, le c...
—¡Arghhhhhhhhh! —primero fue el cuchillo que blandió justo en el momento en el que Daruu se dio la vuelta. Luego fue el alarido de guerra que presagió un asesinato rastrero y por la espalda.
— ¡Kagemane no Jutsu! —espetó la misma guardia que había recibido a Ayame minutos antes. Un hilillo de sombra se había colado por las rendijas de la celda y se había unido a la tenue sombra que generaba el inmenso cuerpo de Nioka, para impedir que se moviera.
—Nunca te fíes de un depredador acorralado —espetó Yui, mientras abría la celda, sin quitar la mirada de su hija traviesa, la cuál llevaba mucho tiempo escapándose de casa—. Ayame estuvo hace cinco minutos aquí, y trajo a esos dos —no le hizo falta señalar a nadie: las otras dos celdas estaban también ocupadas por el carruajero, y Ryaku.
—¡Estaba muy exhausta! pero cuando fui a buscar a Arashikage-sama y volví, ya había desaparecido de nuevo!
. . .
Ayame no tenía muchas opciones. O bien seguía tomando riesgos, a costa de las consecuencias que podrían traer consigo; o sentaba cabeza y meditaba mejor sus acciones. ¿Adónde podía haber ido Daruu a parar? ¿quién había capturado a quién, en todo caso?
¿habían conversado acerca de la posibilidad de que ésto sucediera?
¿si se separaban, en dónde se iban a encontrar?
Muchas preguntas. Pocas respuestas.
Mucho tiempo para accionar.
