15/08/2019, 17:15
Ahora que estaba más tranquilo, Daruu se dio cuenta de los muchos frutos que habían dado sus continuos entrenamientos. Había desarrollado su energía física con largas carreras en la madrugada, bajo la inclemente lluvia del País de la Tormenta. Había hecho crecer su energía espiritual mediante la continua práctica de técnicas de Ninjutsu, una y otra vez, día tras día. Así, se dio cuenta que, tras haber usado el Sunshin no Jutsu y, de seguido, el Chishio Kuchiyose, ni siquiera estaba realmente agotado. Casi más le dolían los golpetazos del monstruo de Nioka, el forcejeo que había tenido con ella.
Y ahora, tras un rato de reposo, estaba fresco como una rosa. Tal vez sus reservas de chakra no estuviesen al máximo, pero estaba prácticamente recuperado. Sonrió para sí, apretó el puño con decisión y se retiró a un callejón solitario. Si había que desaparecer misteriosamente, incluso en tu propia aldea, mejor en algún sitio donde no te viera nadie hacerlo. La gente solía escandalizarse bastante cuando alguien desaparecía sin más, era comprensible.
Daruu formuló los sellos, y emitiendo un destello del color de la sangre, se hizo aparecer en la habitación de la Bruma Negra. Cayó acucliyándose en el suelo, cerca de su mesita de noche. La retiró instintivamente, y se mordió el dedo para dibujar un nuevo símbolo tras ella. No había ni rastro de Ayame ni de sus gatos. La primera aún no había llegado. Los segundos hacía tiempo que debían haberse marchado a descansar, allá a donde fueran cuando se acababa el contrato de invocación.
El muchacho bostezó, todo el cansancio del mundo cayéndole encima de los hombros como una pesada losa. Ni el miedo a seguir actuando de subterfugio contra las Náyades, ni la anticipación de saber qué información podían sonsacarle a Nioka: lo que quedaba en él era un sencillo y poco ambicioso cansancio. De modo que se metió en la ducha, se puso un kimono cómodo y lavó un poco su ropa. La tendió suavemente de una cuerdecita en la bañera y se tumbó en la cama a tomarse un merecido descanso. Había pocos motivos para sonreír, muy pocos. Pero aún así, sonrió de puro gusto, se arrebujó entre las sábanas y se quedó dormido como un bebé.
Y ahora, tras un rato de reposo, estaba fresco como una rosa. Tal vez sus reservas de chakra no estuviesen al máximo, pero estaba prácticamente recuperado. Sonrió para sí, apretó el puño con decisión y se retiró a un callejón solitario. Si había que desaparecer misteriosamente, incluso en tu propia aldea, mejor en algún sitio donde no te viera nadie hacerlo. La gente solía escandalizarse bastante cuando alguien desaparecía sin más, era comprensible.
Daruu formuló los sellos, y emitiendo un destello del color de la sangre, se hizo aparecer en la habitación de la Bruma Negra. Cayó acucliyándose en el suelo, cerca de su mesita de noche. La retiró instintivamente, y se mordió el dedo para dibujar un nuevo símbolo tras ella. No había ni rastro de Ayame ni de sus gatos. La primera aún no había llegado. Los segundos hacía tiempo que debían haberse marchado a descansar, allá a donde fueran cuando se acababa el contrato de invocación.
El muchacho bostezó, todo el cansancio del mundo cayéndole encima de los hombros como una pesada losa. Ni el miedo a seguir actuando de subterfugio contra las Náyades, ni la anticipación de saber qué información podían sonsacarle a Nioka: lo que quedaba en él era un sencillo y poco ambicioso cansancio. De modo que se metió en la ducha, se puso un kimono cómodo y lavó un poco su ropa. La tendió suavemente de una cuerdecita en la bañera y se tumbó en la cama a tomarse un merecido descanso. Había pocos motivos para sonreír, muy pocos. Pero aún así, sonrió de puro gusto, se arrebujó entre las sábanas y se quedó dormido como un bebé.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)