15/08/2019, 18:56
Daruu dormía un plácido sueño sin sueño. Todo era un negro sobre negro, tranquilizador, ausente, silencioso. Y de pronto, el estruendo. Los golpes. El susto.
—¡Aaaay, coño! —gritó, al tiempo que se levantaba de golpe y se subía encima del colchón colocando las manos delante del cuerpo. Como si Nioka todavía estuviera delante de él. Como si todavía tuviera que pelear.
Pero sólo se encontró a Ayame, tirada en el suelo de cualquier manera.
Se hubiera preocupado, por supuesto. De no ser porque debajo de aquella maraña de pelos, venía un debil sonido, un ronquido agudo y tenue. Estaba durmiendo. Agotada. ¿Pero por qué se había tirado allí de cualquier manera? Le miró la ropa. Estaba llena de barro. Si se daba la vuelta iba a manchar las sábanas, y eso no podía ser. Daruu se quedó pensativo. Se adelantó y fue a coger el faldón morado de la muchacha. Entonces se puso todo rojo.
«¿¡Pero cómo vas a quitarle la ropa, idiota!?» Sacudió la cabeza. Incluso si el pensamiento había sido sólo fruto de la confusión y no había mala intención alguna, Daruu apartó la mirada, sintiéndose sucio. Se agachó frente a Ayame, trató de apartarla del colchón y bajarle las piernas al suelo, y le dio la vuelta.
Plac, plac, plac, plac, le dio con la mano en la mejilla.
—Ayame, eh, Ayame. Ayame.
—¡Aaaay, coño! —gritó, al tiempo que se levantaba de golpe y se subía encima del colchón colocando las manos delante del cuerpo. Como si Nioka todavía estuviera delante de él. Como si todavía tuviera que pelear.
Pero sólo se encontró a Ayame, tirada en el suelo de cualquier manera.
Se hubiera preocupado, por supuesto. De no ser porque debajo de aquella maraña de pelos, venía un debil sonido, un ronquido agudo y tenue. Estaba durmiendo. Agotada. ¿Pero por qué se había tirado allí de cualquier manera? Le miró la ropa. Estaba llena de barro. Si se daba la vuelta iba a manchar las sábanas, y eso no podía ser. Daruu se quedó pensativo. Se adelantó y fue a coger el faldón morado de la muchacha. Entonces se puso todo rojo.
«¿¡Pero cómo vas a quitarle la ropa, idiota!?» Sacudió la cabeza. Incluso si el pensamiento había sido sólo fruto de la confusión y no había mala intención alguna, Daruu apartó la mirada, sintiéndose sucio. Se agachó frente a Ayame, trató de apartarla del colchón y bajarle las piernas al suelo, y le dio la vuelta.
Plac, plac, plac, plac, le dio con la mano en la mejilla.
—Ayame, eh, Ayame. Ayame.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)