15/09/2019, 22:39
La sombra de una Kiroe falsa avanzaba por un pasillo lleno de más sombras, las que proyectaban dos hileras de antorchas. Pronto dejó de pisar suelo y pisó la tierra. Daruu vislumbró la bifurcación desde antes de llegar a ella, y trató de mantener ojo avizor a una posible emboscada. ¿Posible? No, certera. Allá le estaban esperando, o mejor dicho, estaban esperando a su madre. No tardó en percatarse de sus presencias. Luego, se sobresaltó cuando alguien cerró la puerta detrás de él.
«¿Pero sabes qué? Muchísimo mejor.»
El chisporroteo de un aura eléctrica, peligrosa, llamó un segundo su atención, pero toda se centró un instante más tarde en Nakura Naia. La inconfundible voz de la Náyade le produjo escalofríos. Daruu sintió un punzante recuerdo en las cuencas de los ojos. Doloroso.
—Por favor, Shannnako. ¿Qué son esos modales? —canturreó, a medida de que la luz etérea del calabozo iluminaba su rostro—. bienvenida, Kiroe-kun. He estado esperándote, durante mucho, pero mucho tiempo.
Allí estaba ella, tan irresistible como siempre. Cuerpo de ángel. Alma de demonio. Kiroe se volteó hacia ella ignorando a Shannako y dio un paso adelante, lentamente. Luego otro.
—No lo dudo —dijo—. Sabía que estarías esperándome, Naia. Porque sabías que no iba a perdonar lo que le hiciste a Daruu.
—¿Cómo está Daruu, cielo? déjame decirte que es un jovencito bastante encantador.
Kiroe se encogió de hombros. Dio un par de pasos más adelante.
—Es de eso de lo que vengo a hablar. Vengo a ofrecerte un trato —dijo—. Sobre sus ojos. —Caminó un poco más cerca, para tenerla más cerca. Su olor era embriagador. Pero eso sólo le enfurecía más—. He estado dando una vuelta por el barrio. ¿Sabes qué lugar me ha parecido precioso? La Plaza de los Delfines. Precioso, sí.
»El trato es el siguiente, Naia: yo recupero los ojos de Daruu. Y tú te mueres, puta. Te espero.
Kiroe se llevó la mano al pecho. Estiró de sus ropas, y explotó. Explotó violentamente, reventándolo todo. Reventando el suelo, reventando las paredes, reventando el techo. Reventando aquella preciosa mazmorra, y si fuera posible, la bella e impoluta cara de Naia.
No sabía si allá, en la Plaza de los Delfines, Ayame había podido sentir el temblor. Pero él había cumplido su parte.
«¿Mensaje? Enviado.»
Daruu cerró la tapa del alcantarillado, y sintió un vuelco en el pecho.
«Lo he hecho», se dijo.
Al final, Daruu se había decidido por la entrada numerada con un 2, por simple elección aleatoria, o porque había que elegir una y era la de enmedio. En cualquier caso, con la destrucción de su Kage Bunshin, a él le tocaba darse prisa e infiltrarse en la guarida. Consultó su mapa, y después, tapándose la nariz, trató de desplazarse con todo el cuidado del mundo tratando de entrar al susodicho subterráneo que conectaba con la red de circulación de la ciudad.
«¿Pero sabes qué? Muchísimo mejor.»
El chisporroteo de un aura eléctrica, peligrosa, llamó un segundo su atención, pero toda se centró un instante más tarde en Nakura Naia. La inconfundible voz de la Náyade le produjo escalofríos. Daruu sintió un punzante recuerdo en las cuencas de los ojos. Doloroso.
—Por favor, Shannnako. ¿Qué son esos modales? —canturreó, a medida de que la luz etérea del calabozo iluminaba su rostro—. bienvenida, Kiroe-kun. He estado esperándote, durante mucho, pero mucho tiempo.
Allí estaba ella, tan irresistible como siempre. Cuerpo de ángel. Alma de demonio. Kiroe se volteó hacia ella ignorando a Shannako y dio un paso adelante, lentamente. Luego otro.
—No lo dudo —dijo—. Sabía que estarías esperándome, Naia. Porque sabías que no iba a perdonar lo que le hiciste a Daruu.
—¿Cómo está Daruu, cielo? déjame decirte que es un jovencito bastante encantador.
Kiroe se encogió de hombros. Dio un par de pasos más adelante.
—Es de eso de lo que vengo a hablar. Vengo a ofrecerte un trato —dijo—. Sobre sus ojos. —Caminó un poco más cerca, para tenerla más cerca. Su olor era embriagador. Pero eso sólo le enfurecía más—. He estado dando una vuelta por el barrio. ¿Sabes qué lugar me ha parecido precioso? La Plaza de los Delfines. Precioso, sí.
»El trato es el siguiente, Naia: yo recupero los ojos de Daruu. Y tú te mueres, puta. Te espero.
Kiroe se llevó la mano al pecho. Estiró de sus ropas, y explotó. Explotó violentamente, reventándolo todo. Reventando el suelo, reventando las paredes, reventando el techo. Reventando aquella preciosa mazmorra, y si fuera posible, la bella e impoluta cara de Naia.
No sabía si allá, en la Plaza de los Delfines, Ayame había podido sentir el temblor. Pero él había cumplido su parte.
«¿Mensaje? Enviado.»
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Daruu cerró la tapa del alcantarillado, y sintió un vuelco en el pecho.
«Lo he hecho», se dijo.
Al final, Daruu se había decidido por la entrada numerada con un 2, por simple elección aleatoria, o porque había que elegir una y era la de enmedio. En cualquier caso, con la destrucción de su Kage Bunshin, a él le tocaba darse prisa e infiltrarse en la guarida. Consultó su mapa, y después, tapándose la nariz, trató de desplazarse con todo el cuidado del mundo tratando de entrar al susodicho subterráneo que conectaba con la red de circulación de la ciudad.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)