22/09/2019, 21:46
Uno de los clones de Daruu avanzó a través de pasillos que giraban sinuosos hacia todos lados y ningún lugar. Algunas habitaciones estaban vacías, polvorientas, y en otras había signos de actividad reciente. «Un lugar muy grande ocupado por muy pocas personas», pensó. Las Náyades empleaban, como carroñeros, las zonas del subterráneo que más se adecuaban a sus propósitos. Muy pronto estaba a punto de descubrir, para su desgracia, uno de ellos.
A oídos del Kage Bunshin llegó un sollozo lastimero. Luego una voz. Quebrada, sufrida. Aceleró el paso y llegó hasta unas escaleras de caracol. Estuvo muy cerca de poner el primer pie en ellas, bajar corriendo, ayudar, abrir las celdas, y luego... «¿Y luego, qué? ¿Atraer la atención de las Náyades? ¿Una muerte segura para muchos de ellos?» Se detuvo. No, no era una buena idea. Pensándolo reflexivamente, había llegado a lo que parecía que eran las mazmorras. Unos calabozos donde mantener más que frescos los huéspedes originales de los ojos con los que traficaban. Quizás, no eran ojos lo que traficaban de ellos, sino otras manifestaciones de su Kekkei Genkai. O ellos mismos. Tráfico de personas... Daruu sintió un escalofrío. «Pero si esto es el calabozo, y es la última salida de esta dirección, los otros dos necesitan mi chakra. Lo mejor que podemos hacer es recordarlos, para cuando todo esto acabe notificar a Amegakure para que vengan a rescatarlos. O liberarnos nosotros mismos. Pero más tarde». Se acercó a la entrada de las escaleras, se mordió el dedo pulgar y dejó una marca de sangre, por si debía volver a aquél punto.
Asintió al aire, y se deshizo en una nube de humo blanco.
Daruu subió un peldaño y entró a un pequeño grupo de habitaciones. Fue entonces cuando sintió un pequeño vuelco al corazón. Esa sensación a la que uno tardaba en acostumbrarse. El retorno de las experiencias vividas por un Kage Bunshin. Dio un corto suspiro y se adentró con cuidado, mirando a través de cada puerta, buscando el peligro. Pero encontró camas, muebles armarios: allí eran donde dormían. Eso quería decir que quizás habría algún tipo de información vital que le convendría saber. Un diario, quizás, o alguna nota. ¿Algún arma útil? Sus ojos, desde luego no, a no ser que las informaciones implantadas en Nioka y que les había revelado Shanise hubiesen sido sólo una distracción. «Pero también esto es un punto muerto. No debo entretenerme demasiado, mi otro Kage Bunshin debe andar por buen camino. Será mejor que cotillee un poco y de media vuelta para ir con él.»
Si encontraba la habitación de Naia, esa en concreto, mejor que mejor. Entonces se dio cuenta de algo. «Cuatro». Nioka, Shannako, Naia, ¿y...? Había un eslabón sorpresa en aquella cadena. Preocupante. Tendría que darle un poco de tiempo a investigarlo. Por el momento debía de identificar los cuartos. Nioka parecía una mujer algo bruta, por lo que no esperaba grandes lujos en una habitación suya. Descartaría la más rudimentaria. De quien sí esperaría lujos era de la propia Naia. Buscó por los cuatro cuartos en busca de la que tuviera mejor aspecto, aspecto de la habitación de una líder. Incluso trató de identificarla por el olor, porque, aunque odiaba admitirlo, Naia dejaba una presencia embriagadora por allí donde pasase. Quizás surgía efecto.
Tras decidirse por un cuarto, Amedama Daruu se adentró en él y rebuscó en los cajones, bajo la cama, entre las sábanas, por los armarios... Después de terminar con uno, se dirigiría a los otros dos. No tenía mucha información de Shannako, salvo que usaba el Raiton, pero eso... eso no identificaría a nadie, y menos en una habitación, ¿no? De cualquier forma, dirigiría su atención a la habitación que menos sintiese de Shannako para intentar averiguar la identidad de esa cuarta persona que faltaba, si es que había cuatro y no es que les sobraba una habitación.
El otro clon había acabado su tarea, dejándole una nota residual amarga en el paladar. También amargo era que él fuese el que más cerca estaba de donde tocaba estar. Se arrodilló frente a la pequeña mancha de sangre que había en el suelo. Se mordió su pulgar y dejó una marca justo al lado, donde no llamase la atención. Observó el derrumbe cercano. «Aquí es donde me enfrenté a ellas antes con el otro clon». Se levantó y se rascó la barbilla. Había un derrumbe en una dirección, y si aquella bifurcación es la que se había encontrado el señuelo de Kiroe... trató de encontrar el camino que llevaba a la taberna, para orientarse. Dejaría una nueva marca de sangre en el almacén, y luego daría la vuelta sobre sus pasos y, desde la bifurcación, trataría de orientarse buscando el nido de serpientes.
Buscando su antigua luz.
A oídos del Kage Bunshin llegó un sollozo lastimero. Luego una voz. Quebrada, sufrida. Aceleró el paso y llegó hasta unas escaleras de caracol. Estuvo muy cerca de poner el primer pie en ellas, bajar corriendo, ayudar, abrir las celdas, y luego... «¿Y luego, qué? ¿Atraer la atención de las Náyades? ¿Una muerte segura para muchos de ellos?» Se detuvo. No, no era una buena idea. Pensándolo reflexivamente, había llegado a lo que parecía que eran las mazmorras. Unos calabozos donde mantener más que frescos los huéspedes originales de los ojos con los que traficaban. Quizás, no eran ojos lo que traficaban de ellos, sino otras manifestaciones de su Kekkei Genkai. O ellos mismos. Tráfico de personas... Daruu sintió un escalofrío. «Pero si esto es el calabozo, y es la última salida de esta dirección, los otros dos necesitan mi chakra. Lo mejor que podemos hacer es recordarlos, para cuando todo esto acabe notificar a Amegakure para que vengan a rescatarlos. O liberarnos nosotros mismos. Pero más tarde». Se acercó a la entrada de las escaleras, se mordió el dedo pulgar y dejó una marca de sangre, por si debía volver a aquél punto.
Asintió al aire, y se deshizo en una nube de humo blanco.
Daruu subió un peldaño y entró a un pequeño grupo de habitaciones. Fue entonces cuando sintió un pequeño vuelco al corazón. Esa sensación a la que uno tardaba en acostumbrarse. El retorno de las experiencias vividas por un Kage Bunshin. Dio un corto suspiro y se adentró con cuidado, mirando a través de cada puerta, buscando el peligro. Pero encontró camas, muebles armarios: allí eran donde dormían. Eso quería decir que quizás habría algún tipo de información vital que le convendría saber. Un diario, quizás, o alguna nota. ¿Algún arma útil? Sus ojos, desde luego no, a no ser que las informaciones implantadas en Nioka y que les había revelado Shanise hubiesen sido sólo una distracción. «Pero también esto es un punto muerto. No debo entretenerme demasiado, mi otro Kage Bunshin debe andar por buen camino. Será mejor que cotillee un poco y de media vuelta para ir con él.»
Si encontraba la habitación de Naia, esa en concreto, mejor que mejor. Entonces se dio cuenta de algo. «Cuatro». Nioka, Shannako, Naia, ¿y...? Había un eslabón sorpresa en aquella cadena. Preocupante. Tendría que darle un poco de tiempo a investigarlo. Por el momento debía de identificar los cuartos. Nioka parecía una mujer algo bruta, por lo que no esperaba grandes lujos en una habitación suya. Descartaría la más rudimentaria. De quien sí esperaría lujos era de la propia Naia. Buscó por los cuatro cuartos en busca de la que tuviera mejor aspecto, aspecto de la habitación de una líder. Incluso trató de identificarla por el olor, porque, aunque odiaba admitirlo, Naia dejaba una presencia embriagadora por allí donde pasase. Quizás surgía efecto.
Tras decidirse por un cuarto, Amedama Daruu se adentró en él y rebuscó en los cajones, bajo la cama, entre las sábanas, por los armarios... Después de terminar con uno, se dirigiría a los otros dos. No tenía mucha información de Shannako, salvo que usaba el Raiton, pero eso... eso no identificaría a nadie, y menos en una habitación, ¿no? De cualquier forma, dirigiría su atención a la habitación que menos sintiese de Shannako para intentar averiguar la identidad de esa cuarta persona que faltaba, si es que había cuatro y no es que les sobraba una habitación.
El otro clon había acabado su tarea, dejándole una nota residual amarga en el paladar. También amargo era que él fuese el que más cerca estaba de donde tocaba estar. Se arrodilló frente a la pequeña mancha de sangre que había en el suelo. Se mordió su pulgar y dejó una marca justo al lado, donde no llamase la atención. Observó el derrumbe cercano. «Aquí es donde me enfrenté a ellas antes con el otro clon». Se levantó y se rascó la barbilla. Había un derrumbe en una dirección, y si aquella bifurcación es la que se había encontrado el señuelo de Kiroe... trató de encontrar el camino que llevaba a la taberna, para orientarse. Dejaría una nueva marca de sangre en el almacén, y luego daría la vuelta sobre sus pasos y, desde la bifurcación, trataría de orientarse buscando el nido de serpientes.
Buscando su antigua luz.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)