28/09/2019, 17:11
(Última modificación: 28/09/2019, 17:44 por Amedama Daruu. Editado 1 vez en total.)
Daruu recibió la bienvenida que esperaba de Amekoro Yui. Al final, su reputación la hacía predecible. No obstante, e ignorando todo lo que le parecería razonable en una situación normal —aquella no lo era—, avanzó a grandes zancadas hacia ella sin contestar inmediatamente a su pregunta.
—No hay tiempo para permisos ni para disculpas, Yui-sama —apremió Daruu—. Soy un Kage Bunshin. He encontrado pruebas de que un cuarto miembro de las Náyades podría estar escondiéndose en la aldea y pasándoles información. ¿En la celda el otro día no había un Nara con Nioka? De cualquier forma, la caza de traidores dentro de la aldea es una tarea que seguro que deseará emprender usted más que yo con todo el gusto del mundo. —Daruu levantó el brazo. Llevaba una extraña carpeta en él. El expediente sobre su padre—. Y hablando de eso. Le recomiendo que eche un vistazo a estos documentos y saque usted sus propias conclusiones. —Lo arrojó en el escritorio e hizo una inclinación de cabeza—. Ahora, si me disculpa, tengo que ir a exterminar a esos insectos para siempre. Por justicia.
»Vendré con las Náyades o con sus cadáveres. Siento la intromisión. —Y el Kage Bunshin desapareció con una nube de humo.
Daruu observó la antorcha, que caía rebotando por las escaleras. Vislumbró el recorrido, si estaba limpio o no, y también la zanja en sí: un auténtico nido de víboras. Tragó saliva. Porque lo que había custodiando el frasco era una serpiente gigantesca que le recibió con un espeluznante siseo.
El muchacho esperó un poco, meditando qué hacer. Al fin tuvo una idea. Se llevó la mano izquierda al portaobjetos, y flexionó el brazo derecho. Entonces, con un rápido y diestro movimiento, tres saetas envueltas en electricidad fueron a parar al cuerpo de aquella boa para atravesar sus escamas, herirla y que aflojase el agarre. El otro brazo, al mismo tiempo, se convirtió en caramelo negro y cruzó la zanja a salvo del resto de sierpes, para tomar el frasco y luego retraerse rápidamente, devolviendo a su legítimo dueño sus tan preciados ojos.
—No hay tiempo para permisos ni para disculpas, Yui-sama —apremió Daruu—. Soy un Kage Bunshin. He encontrado pruebas de que un cuarto miembro de las Náyades podría estar escondiéndose en la aldea y pasándoles información. ¿En la celda el otro día no había un Nara con Nioka? De cualquier forma, la caza de traidores dentro de la aldea es una tarea que seguro que deseará emprender usted más que yo con todo el gusto del mundo. —Daruu levantó el brazo. Llevaba una extraña carpeta en él. El expediente sobre su padre—. Y hablando de eso. Le recomiendo que eche un vistazo a estos documentos y saque usted sus propias conclusiones. —Lo arrojó en el escritorio e hizo una inclinación de cabeza—. Ahora, si me disculpa, tengo que ir a exterminar a esos insectos para siempre. Por justicia.
»Vendré con las Náyades o con sus cadáveres. Siento la intromisión. —Y el Kage Bunshin desapareció con una nube de humo.
Daruu observó la antorcha, que caía rebotando por las escaleras. Vislumbró el recorrido, si estaba limpio o no, y también la zanja en sí: un auténtico nido de víboras. Tragó saliva. Porque lo que había custodiando el frasco era una serpiente gigantesca que le recibió con un espeluznante siseo.
El muchacho esperó un poco, meditando qué hacer. Al fin tuvo una idea. Se llevó la mano izquierda al portaobjetos, y flexionó el brazo derecho. Entonces, con un rápido y diestro movimiento, tres saetas envueltas en electricidad fueron a parar al cuerpo de aquella boa para atravesar sus escamas, herirla y que aflojase el agarre. El otro brazo, al mismo tiempo, se convirtió en caramelo negro y cruzó la zanja a salvo del resto de sierpes, para tomar el frasco y luego retraerse rápidamente, devolviendo a su legítimo dueño sus tan preciados ojos.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)