17/02/2020, 20:13
(Última modificación: 18/04/2020, 23:21 por Himura Ren. Editado 1 vez en total.)
— NO LLEGO NO LLEGO NO LLEGO NO LLEGOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO — dijo una apresurada genin morena corriendo por las calles, corriendo y salpicando a los transeúntes a la misma velocidad que se disculpaba sin detener su marcha.
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Eran las diez y media de la mañana; el pequeño negocio de Nanashi "El dragón de Amegakure", ya llevaba una hora y pico abierto. Como generalmente se basaba en comidas y cenas, no solía venir mucha gente por las mañanas, aunque Oda era el cliente habitual a cualquier hora de este local; era un hombre con unos años bien llevados, empezaba a rondar ya los sesenta de edad. Otros comensales no venían con esa misma regularidad, pero a Nanashi no le importaba, ya que era a medio día y por la noche cuando solía brillar su local, por lo que a esas horas Ren si solía ayudarle. Ren llevaba durmiendo a pierna suelta y roncando tan tranquila, hasta que un Nanashi enfurecido, subió las escaleras directo a su habitación; corrió la puerta con fuerza y se dirigió a una soñadora genin, que levantó —en su línea habitual— con ninguna delicadeza. Agarro la parte inferior de su futón, haciendo que rodase un par de metros por el suelo de forma brusca.
— ¡¿PERO SE PUEDE SABER QUE TE PASA, MALDITO VIEJO?! — chilló en su pijama de colores azulados, adornado con diversos dibujos de armas ninjas.
— ¿Que es esto? — dijo agitando un papel. — Se te ha asignado un tutor, y tenias que reunirte con él hace media hora.
Nanashi soltó aquel trozo de papel, que cayó suavemente sobre los pies descalzos de Ren, está lo recogió y confusa empezó a leerlo todo lo rápido que podía procesarlo su cerebro, que era más bien lento y poco.
— DEJA DE QUEDARTE AHÍ PASMADA, Y LEVANTATE. NO QUIERO TENER BRONCA CON YUI
Entre la confusión de estar todavía dormida, soltó un agudo chillido tras aquel grito; y se levantó directa a su armario tropezándose una vez por el camino, para empezar a tirar ropa una tras otra en la habitación. Minutos más tarde, bajo a la habitación donde regía su negocio Nanashi, tras una barra de madera desgastada, estaba él junto a sus fogones, en la barra estaba el viejo Oda y en algunas de las mesas del local, alguna persona leyendo un periódico. Al verla aparecer de forma precipitada, deslizó un plato con dos rebanadas de pan tostado sin nada en estas, y un pequeño vaso que contenía un zumo de color anaranjado.
— PODRÍAS HABERME PUESTO ALGO DE MERMELADA
— Y TU PODRÍAS SER RESPONSABLE, SAL DE AQUÍ ANTES DE QUE DECIDA GOLPEARTE CON ALGO QUE NO SEA UN CUCHARON.
— ERES UN CARACULO, Y TE VAN A SALIR ARRUGAS SI SIGUES ASÍ. NO TE VAS A ECHAR Novia EN LA VIDA. —gritó saliendo por la puerta tras haberse bebido del tirón el vaso, y con las tostadas en la mano.
—MOCOSA INSOLENTE, TE VOY A MATAR CUANDO VUELVAS. —Nanashi se alzó, poniendo uno de los pies sobre la barra, dispuesta a saltarle al cuello si se quedaba más rato allí.
— Ponme otra taza de té, me has tirado la mía — replicó la seca y áspera voz de Oda, mirando una taza de té a la que le quedaba poco, pero el mismo la había tirado a propósito en el mar de confusión.
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Finalmente cuando faltaban un par de minutos para las once, una jovencita irrumpió en el local, dando largas bocanadas de aire de forma torpe. En una ocasión incluso aguanto la respiración para intentar enviar una señal de calma a su cuerpo, pero siguió durante un poco más. Caminó jadeante por el local, hasta que se fijo en que alguien seguramente la estaba siguiendo con la mirada, y al ver unos metros más atrás unos papeles sobre la mesa y una placa reluciente en un hombro, supo que muy seguramente ese era su nuevo tutor.
— ¡Disculpe mi tardanza, lo siento mucho! ¡No tengo excusa, me quede dormida, por favor no se enfade! — dijo con sinceridad delante de él, inclinándose más allá de noventa grados, y sin alzarse hasta que este diera respuesta.