21/03/2020, 01:38
(Última modificación: 21/03/2020, 01:38 por Aotsuki Ayame.)
Ayame había notado el fastidio y la irritación en el rostro de Daruu cuando rozó el tema de Kusagakure, pero no quiso hundir el dedo en la llaga. Ella también se sentía contrariada por la actitud de la Morikage a la hora de romper la Alianza —¡Después de todo lo que había costado forjarla y todo lo que estaba en juego con ella!—, pero no podía culpar a los shinobi que conocía de allí de ello.
Después de todo, había sido el mismísimo Juro el que había asesinado a su Morikage sin ningún tipo de explicación.
Y además...
«Yota también me tiene miedo...» Pensó, con los hombros hundidos.
Por su parte, las excursiones al País del Bosque se habían terminado hasta nuevo aviso. Lo último que deseaba era provocar innecesariamente la ira de la nueva Morikage.
—«Estos pasteles tienen buena pinta, pero lo podríamos dejar para el postre» —terminó por responder Daruu a su propuesta, con una risilla. Ayame infló los mofletes—. Sería mejor que busquemos alguna tabernita de gyozas. Recuerdo que había algunas muy buenas por a... —Daruu se interrumpió de golpe, erguido y tenso en toda su estatura al tiempo que señalaba entre la multitud hacia el otro extremo de la calle—. ¡¡¡AAAAAAAH!!! ¡¡DATSUE, TÍO!!!
—¿Eh? ¿Datsue? —repitió Ayame, poniéndose de puntillas y estirando el cuello para ver mejor.
Después de todo, había sido el mismísimo Juro el que había asesinado a su Morikage sin ningún tipo de explicación.
Y además...
«Yota también me tiene miedo...» Pensó, con los hombros hundidos.
Por su parte, las excursiones al País del Bosque se habían terminado hasta nuevo aviso. Lo último que deseaba era provocar innecesariamente la ira de la nueva Morikage.
—«Estos pasteles tienen buena pinta, pero lo podríamos dejar para el postre» —terminó por responder Daruu a su propuesta, con una risilla. Ayame infló los mofletes—. Sería mejor que busquemos alguna tabernita de gyozas. Recuerdo que había algunas muy buenas por a... —Daruu se interrumpió de golpe, erguido y tenso en toda su estatura al tiempo que señalaba entre la multitud hacia el otro extremo de la calle—. ¡¡¡AAAAAAAH!!! ¡¡DATSUE, TÍO!!!
—¿Eh? ¿Datsue? —repitió Ayame, poniéndose de puntillas y estirando el cuello para ver mejor.