21/03/2020, 20:00
— Demos entonces una vuelta, y a ver que encontramos supongo...
Hana le contestó con una sonrisa.
— Vale. — salió tras Ren, agarrandola de la mano y tirando de ella en dirección a la ciudad, con un andar rápido fruto de su alegría, al fin y al cabo, iba a pasar otro día con Ren.
En cuanto pusieron un pie en la ciudad, fuera ya de la zona residencial reservada a los ninjas, les detuvo una voz.
— ¡Hana-chan! — el llamamiento fue seguido de unos pasos acelerados, Hana giró la cabeza para ver a un chico rubio vestido con una camisa amarilla chillona de manga corta con el logotipo de un samurai carmesí dibujado en el pecho, unos pantalones cortos de color negro y unas chanclas de gomaspuma.
No podía haber indumentaria más despreocupada ni que denotase más que era un turista y no un residente de aquellos dojos. Hana reaccionó al momento, devolviendole una sonrisa y apretando con fuerza la mano de Ren para evitar, si a ésta se le ocurría intentarlo, que se soltase.
— ¡Jiro-kun! — la rubia saludó con su mano libre pero no se movió del sitio, y Jiro no tardó en estar a dos pasos de ellas y detenerse a conversar. — ¿Como que ya estás aquí?
— En realidad llevamos aquí varias semanas, con toda la tensión que hay estos días el viejo prefirió hacer el viaje antes de que todas las miradas estuviesen puestas en los dojos. Supongo que vosotras acabais de llegar. — dijo echandole una mirada a Ren y a las manos entrelazadas de ambas. — Yo ya me conozco un poco esto, si queréis...
— No. — cortó Hana en un gesto maleducado e impropio de ella. — Quiero decir, bueno... — quiso rectificar pero sin saber muy bien como decirle que Ren era suya y solo suya y que no quería más compañía en aquel momento, ni guía ni hostias.
Se avergonzó levemente y apartó la mirada, lo cual Jiro malinterpretó por completo.
— Oh. Ooooohhh. Vaya, entiendo. — su sonrisa cambió a una triste y en su mirada se veía una profunda decepción. — No sabía... Pensaba que te gustaban los chicos, supongo que supuse de más en el festival.
— ¿Qué? No es eso, Ren-chan y yo somos como hermanas. — esta vez se giró a la morena. — ¿No?
No sabía qué estaba diciendo a esas alturas. No sabía qué había supuesto Jiro, pero entre Ren y ella no había nada de eso, es más, ni siquiera sabía qué era eso. Ni sabía si soportaría saberlo o se le freiría el cerebro de pensarlo. Toda su vida había vivido en una inocencia y en una suerte de mentalidad simplona que no le daba problemas y ahora con Ren todo se estaba complicando a ritmos agigantados, tenía que procesar cosas que nunca se había imaginado que sentiría.
— Las dos compartimos apellido y no tenemos familia así que, bueno, cogimos confianza, supongo, y le pregunté si podía tratarla como a una hermana. — cerró la boca al darse cuenta de que estaba dando explicaciones que no le había pedido nadie.
Apretó de nuevo el agarre con Ren para pedirle ayuda, si volvía a abrir la boca volvería a liarla
Hana le contestó con una sonrisa.
— Vale. — salió tras Ren, agarrandola de la mano y tirando de ella en dirección a la ciudad, con un andar rápido fruto de su alegría, al fin y al cabo, iba a pasar otro día con Ren.
En cuanto pusieron un pie en la ciudad, fuera ya de la zona residencial reservada a los ninjas, les detuvo una voz.
— ¡Hana-chan! — el llamamiento fue seguido de unos pasos acelerados, Hana giró la cabeza para ver a un chico rubio vestido con una camisa amarilla chillona de manga corta con el logotipo de un samurai carmesí dibujado en el pecho, unos pantalones cortos de color negro y unas chanclas de gomaspuma.
No podía haber indumentaria más despreocupada ni que denotase más que era un turista y no un residente de aquellos dojos. Hana reaccionó al momento, devolviendole una sonrisa y apretando con fuerza la mano de Ren para evitar, si a ésta se le ocurría intentarlo, que se soltase.
— ¡Jiro-kun! — la rubia saludó con su mano libre pero no se movió del sitio, y Jiro no tardó en estar a dos pasos de ellas y detenerse a conversar. — ¿Como que ya estás aquí?
— En realidad llevamos aquí varias semanas, con toda la tensión que hay estos días el viejo prefirió hacer el viaje antes de que todas las miradas estuviesen puestas en los dojos. Supongo que vosotras acabais de llegar. — dijo echandole una mirada a Ren y a las manos entrelazadas de ambas. — Yo ya me conozco un poco esto, si queréis...
— No. — cortó Hana en un gesto maleducado e impropio de ella. — Quiero decir, bueno... — quiso rectificar pero sin saber muy bien como decirle que Ren era suya y solo suya y que no quería más compañía en aquel momento, ni guía ni hostias.
Se avergonzó levemente y apartó la mirada, lo cual Jiro malinterpretó por completo.
— Oh. Ooooohhh. Vaya, entiendo. — su sonrisa cambió a una triste y en su mirada se veía una profunda decepción. — No sabía... Pensaba que te gustaban los chicos, supongo que supuse de más en el festival.
— ¿Qué? No es eso, Ren-chan y yo somos como hermanas. — esta vez se giró a la morena. — ¿No?
No sabía qué estaba diciendo a esas alturas. No sabía qué había supuesto Jiro, pero entre Ren y ella no había nada de eso, es más, ni siquiera sabía qué era eso. Ni sabía si soportaría saberlo o se le freiría el cerebro de pensarlo. Toda su vida había vivido en una inocencia y en una suerte de mentalidad simplona que no le daba problemas y ahora con Ren todo se estaba complicando a ritmos agigantados, tenía que procesar cosas que nunca se había imaginado que sentiría.
— Las dos compartimos apellido y no tenemos familia así que, bueno, cogimos confianza, supongo, y le pregunté si podía tratarla como a una hermana. — cerró la boca al darse cuenta de que estaba dando explicaciones que no le había pedido nadie.
Apretó de nuevo el agarre con Ren para pedirle ayuda, si volvía a abrir la boca volvería a liarla