28/03/2020, 00:34
—Oh, sí, vaya que si la pagó el pobre infeliz. Ya se encargó mi madre de ello —respondió Daruu, agitando la mano en el aire en un afán por restarle importancia.
Pero Ayame se estremeció al oírlo. Conocía a Kiroe, y conocía su amor por su pastelería, y conocía también lo rencorosa y malvada que podía ser a veces. En esas ocasiones en las que aquella mujer le recordaba a una bruja, pero no a la típica bruja fea, malvada y con verruga en la nariz; no, a una bruja traviesa, que sabe muy bien cómo utilizar sus pociones y sus hechizos. Ese tipo de bruja.
Un brusco rugido la sacó de su ensimismamiento. El estómago de Daruu estaba hambriento, y reclamaba atención.
—¡Oye! —dijo el Hyūga de pronto—. Creo que tenemos algo pendiente por celebrar, ¿no?
Ayame soltó una risilla, avergonzada, pero enseguida se volvió hacia Datsue.
—¡Y hablando de deudas! ¡Tú y yo tenemos una pendiente!
Pero Ayame se estremeció al oírlo. Conocía a Kiroe, y conocía su amor por su pastelería, y conocía también lo rencorosa y malvada que podía ser a veces. En esas ocasiones en las que aquella mujer le recordaba a una bruja, pero no a la típica bruja fea, malvada y con verruga en la nariz; no, a una bruja traviesa, que sabe muy bien cómo utilizar sus pociones y sus hechizos. Ese tipo de bruja.
Un brusco rugido la sacó de su ensimismamiento. El estómago de Daruu estaba hambriento, y reclamaba atención.
—¡Oye! —dijo el Hyūga de pronto—. Creo que tenemos algo pendiente por celebrar, ¿no?
Ayame soltó una risilla, avergonzada, pero enseguida se volvió hacia Datsue.
—¡Y hablando de deudas! ¡Tú y yo tenemos una pendiente!