9/04/2020, 15:47
(Última modificación: 9/04/2020, 15:48 por Aotsuki Ayame.)
—Un shinobi debe aprovechar todos sus recursos. Y el entorno —proclamó Daruu, en un tono solemne—. Siempre que voy a un sitio nuevo lo hago. Y en este Pizza Puzzle tienen una oferta diferente. Hay que investigar.
«¿Se toma tan en serio las misiones como las pizzas?» Se preguntó Ayame, inquieta. «¿O se toma las pizzas tan en serio como las misiones?» La verdad, no sabía si quería conocer la respuesta, porque tampoco estaba segura de cuál opción era peor.
—Ah, típico en Daruu —respondió Datsue—. ¿Piña? Pero, ¿quién le va a poner piña a una pizza? —preguntó, perplejo, y Ayame se cruzó de brazos y asintió varias veces con los ojos cerrados. «Completamente de acuerdo. Sí. Sí.»—. A mí me parece bien la elección… para empezar. Luego hay que pedirse otras, ¿eh? ¡Hay que aprovechar el buffet!
—Hooombre, ¡ya te digo! ¡Al menos dos o tres por cabeza!
—E... Espera, ¿qué? —preguntó, Ayame, asustada.
Pero Daruu no pareció escucharla. Estaba en su salsa.
—¡Vamos a arrasar!
Varias horas después, los tres shinobi se habían sentado, recostados, sobre el tronco de un enorme árbol.
—Chicos, estoy mareado... —dijo Daruu, quien se acariciaba la barriga con las mejillas encendidas.
No era el único. Ayame, incapaz de moverse siquiera, se abrazaba el vientre como si temiera que fuera a explotar si lo soltaba. Tal era la hinchazón que llevaba, que incluso le costaba respirar con normalidad.
—Uuuughhh... —fue lo único que fue capaz de pronunciar, ladeando la cabeza a un lado.
Se quería morir.
«¿Se toma tan en serio las misiones como las pizzas?» Se preguntó Ayame, inquieta. «¿O se toma las pizzas tan en serio como las misiones?» La verdad, no sabía si quería conocer la respuesta, porque tampoco estaba segura de cuál opción era peor.
—Ah, típico en Daruu —respondió Datsue—. ¿Piña? Pero, ¿quién le va a poner piña a una pizza? —preguntó, perplejo, y Ayame se cruzó de brazos y asintió varias veces con los ojos cerrados. «Completamente de acuerdo. Sí. Sí.»—. A mí me parece bien la elección… para empezar. Luego hay que pedirse otras, ¿eh? ¡Hay que aprovechar el buffet!
—Hooombre, ¡ya te digo! ¡Al menos dos o tres por cabeza!
—E... Espera, ¿qué? —preguntó, Ayame, asustada.
Pero Daruu no pareció escucharla. Estaba en su salsa.
—¡Vamos a arrasar!
. . .
Varias horas después, los tres shinobi se habían sentado, recostados, sobre el tronco de un enorme árbol.
—Chicos, estoy mareado... —dijo Daruu, quien se acariciaba la barriga con las mejillas encendidas.
No era el único. Ayame, incapaz de moverse siquiera, se abrazaba el vientre como si temiera que fuera a explotar si lo soltaba. Tal era la hinchazón que llevaba, que incluso le costaba respirar con normalidad.
—Uuuughhh... —fue lo único que fue capaz de pronunciar, ladeando la cabeza a un lado.
Se quería morir.