10/04/2020, 20:12
Los berridos de Datsue eclipsaron la súplica de Daruu. Por eclipsar, eclipsaron cualquier tipo de sonido existente alrededor.
—¡Datsue, baja la voz, podrían...! —le chistó Ayame, pero ni siquiera pudo terminar de hablar cuando el Uchiha se levantó de golpe y abrazó tanto a Kokuō como a Ayame con sendos brazos.
Fue como un abrazo de oso. Datsue, aún bajo los efectos de su propia técnica, no podía sentirlas, pero ellas a él sí y su fuerza era incomparable. Bijū y kunoichi se quedaron sin respiración mientras el Uchiha las zarandeaba y las hacía bailar con él.
—Chicas, chicas. Quiero deciros que… —Datsue las soltó al fin, y Ayame resolló tratando de recuperar el aliento cuando se vio libre de sus brazos. Las tomó a ambas por el hombro—. Desde el fondo de mi corazón. Quiero deciros que…
Fue tan rápido que a Ayame le costó unos segundos asimilar qué había pasado. Un destello blanco cruzó sus ojos, y al segundo siguiente Datsue estaba rodando por la hierba, vomitando como una fuente. El brazo de chakra que Kokuō había hecho aparecer de la nada, se desvaneció entre virutas de energía.
—¡Kokuō! —le reprendió Ayame.
—¿Qué? ¿No ha visto su cara? ¡Iba a vomitarnos encima! Y no sé usted, pero yo no voy a tolerar que un humano me vomite encima.
—¡Datsue, baja la voz, podrían...! —le chistó Ayame, pero ni siquiera pudo terminar de hablar cuando el Uchiha se levantó de golpe y abrazó tanto a Kokuō como a Ayame con sendos brazos.
Fue como un abrazo de oso. Datsue, aún bajo los efectos de su propia técnica, no podía sentirlas, pero ellas a él sí y su fuerza era incomparable. Bijū y kunoichi se quedaron sin respiración mientras el Uchiha las zarandeaba y las hacía bailar con él.
—Chicas, chicas. Quiero deciros que… —Datsue las soltó al fin, y Ayame resolló tratando de recuperar el aliento cuando se vio libre de sus brazos. Las tomó a ambas por el hombro—. Desde el fondo de mi corazón. Quiero deciros que…
Fue tan rápido que a Ayame le costó unos segundos asimilar qué había pasado. Un destello blanco cruzó sus ojos, y al segundo siguiente Datsue estaba rodando por la hierba, vomitando como una fuente. El brazo de chakra que Kokuō había hecho aparecer de la nada, se desvaneció entre virutas de energía.
—¡Kokuō! —le reprendió Ayame.
—¿Qué? ¿No ha visto su cara? ¡Iba a vomitarnos encima! Y no sé usted, pero yo no voy a tolerar que un humano me vomite encima.