11/04/2020, 22:41
Una extraña y bizarra partida de ping pong. En eso se había convertido el supuesto entrenamiento. Y en una realmente asquerosa, cabía decir.
Daruu, aún tirado de cualquier manera en el suelo, sólo pudo alzar una mano en dirección a la fuente voladora con forma humana en la que se había convertido Datsue y expeler una corriente de chakra para alejarlo de él. El Uchiha rebotó de vuelta contra Ayame y Kokuō, que interrumpieron bruscamente su discusión.
—¡Cuidado!
Kokuō y Ayame desaparecieron al unísono. La primera, en apenas una boluta de humo, la segunda dejando en el aire apenas una neblina tras su rastro. Sólo Ayame apareció de nuevo, una milésima de segundo más tarde, junto a Daruu.
—¡Bueno, basta ya! ¡Esto es asqueroso! —exclamó Ayame, cruzándose de brazos con gesto indignado—. ¡Cuando os encontréis mejor me buscáis!
Dicho y hecho, Ayame se dio media vuelta y echó a andar entre pesados pisotones, alejándose de los dos shinobi todo lo que pudiera para dejar atrás aquella asquerosa visión y el fétido olor que traía consigo.
Daruu, aún tirado de cualquier manera en el suelo, sólo pudo alzar una mano en dirección a la fuente voladora con forma humana en la que se había convertido Datsue y expeler una corriente de chakra para alejarlo de él. El Uchiha rebotó de vuelta contra Ayame y Kokuō, que interrumpieron bruscamente su discusión.
—¡Cuidado!
Kokuō y Ayame desaparecieron al unísono. La primera, en apenas una boluta de humo, la segunda dejando en el aire apenas una neblina tras su rastro. Sólo Ayame apareció de nuevo, una milésima de segundo más tarde, junto a Daruu.
—¡Bueno, basta ya! ¡Esto es asqueroso! —exclamó Ayame, cruzándose de brazos con gesto indignado—. ¡Cuando os encontréis mejor me buscáis!
Dicho y hecho, Ayame se dio media vuelta y echó a andar entre pesados pisotones, alejándose de los dos shinobi todo lo que pudiera para dejar atrás aquella asquerosa visión y el fétido olor que traía consigo.