14/04/2020, 20:44
—Sí, muy buena idea. Así podemos hablar a gusto sobre cómo un ninja de Uzushiogakure le ha partido el cráneo a un Kusajin.
La información cayó sobre Ayame como una pesada maza. La kunoichi, aún convaleciente de sus propias heridas, se tambaleó peligrosamente. Si no hubiese sido por la mano de Kōri, que se cerró como una garra gélida en torno a su brazo, probablemente se hubiese caído al suelo de la impresión.
—C... ¿Cómo?
—Pues mejor que en la entrada de un jodido hospital donde cualquiera puede escucharnos —replicó Zetsuo, que giró la cabeza hacia un hombre que se había quedado parado en el sitio, mirándolos con ojos abiertos como platos. La mirada del médico debió de amedrentarlo lo suficiente, porque no tardó en apretar el paso para salir de allí a toda velocidad—. Y te recuerdo que llevamos desde esta mañana sin comer nada —gruñó, de mal humor.
Con el disgusto que le habían dado los dos muchachos, no había podido probar bocado alguno desde que habían terminado los combates.
Ayame abrió y cerró la boca varias veces, deseando poder preguntar más al respecto, pero su padre no le dio ninguna tregua. Sin darles tiempo siquiera a replicar, se había dado la vuelta y había echado a andar hacia el interior de Sendōshi.
La información cayó sobre Ayame como una pesada maza. La kunoichi, aún convaleciente de sus propias heridas, se tambaleó peligrosamente. Si no hubiese sido por la mano de Kōri, que se cerró como una garra gélida en torno a su brazo, probablemente se hubiese caído al suelo de la impresión.
—C... ¿Cómo?
—Pues mejor que en la entrada de un jodido hospital donde cualquiera puede escucharnos —replicó Zetsuo, que giró la cabeza hacia un hombre que se había quedado parado en el sitio, mirándolos con ojos abiertos como platos. La mirada del médico debió de amedrentarlo lo suficiente, porque no tardó en apretar el paso para salir de allí a toda velocidad—. Y te recuerdo que llevamos desde esta mañana sin comer nada —gruñó, de mal humor.
Con el disgusto que le habían dado los dos muchachos, no había podido probar bocado alguno desde que habían terminado los combates.
Ayame abrió y cerró la boca varias veces, deseando poder preguntar más al respecto, pero su padre no le dio ninguna tregua. Sin darles tiempo siquiera a replicar, se había dado la vuelta y había echado a andar hacia el interior de Sendōshi.