22/05/2020, 19:04
Era raro escuchar la palabra “belleza” al lado de “brutal y agotador”. Pero Kazuma era un poeta, así que Ranko le concedió aquel punto con una risita.
—Me pregunto si… Si estas plantas florecerán e-en algún momento… —Una flor en un desierto. Eso sí le parecería poético.
El camino era cansado, pero se mantuvo constante. La arena le disgustaba a Ranko más y más a cada paso. Era tosca, áspera e irritante, y se metía por doquier. El río al lado del cual caminaban parecía mantener el aire lo suficientemente fresco como para no agobiarlos demasiado. Entre alguno que otro comentario, las sombras se acortaron y alargaron, hasta que el sol fue cayendo en el horizonte. Coincidieron en que era momento de parar la marcha por la jornada.
Ranko asistió al peliblanco, buscando entre la escasa vegetación las suficientes ramas para hacer una hoguera. No había mucho de dónde escoger, y le llevó algunos minutos hacerse de la madera necesaria. Cuando la hubieron adaptado al sorpresivo frío que había en el desierto, y Ranko alistaba su bolsa de dormir, se escuchó en el mini-campamento la voz de Kazuma, quien canturreaba algo sobre hombres haciendo un viaje en las arenas del tiempo. Por alguna razón le sonó a una canción bastante masculina. La chica sonrió.
—Ca-Canciones a la luz de la hoguera… S-suena genial —Entonces, la kunoichi vio lo que su amigo había estado preparando: una especie de hamaca entres las palmeras . ¡Woah! ¡Kazuma-san, es genial! Yo… —Miró a su bolsa de dormir, sobre la arena, entre maleza y una palmera joven. No sabía cómo el espadachín había logrado construir eso. Tal vez le preguntaría después —. S-sí. La arena no está caliente a esta hora. ¡Qué interesante la noche en el desierto!
Ranko echó un vistazo en derredor. La luna y las estrellas se notaban hermosas, más que nunca, en especial porque no había nubes que las cubrieran. La temperatura había bajado bastante, al punto en que Ranko se había echado otra muda de ropa encima. Algo que también se le hacía extraño era la ausencia de sonidos de animales. ¿Dónde estaban las aves? ¿Las bestias? Sabía que había criaturas en tal bioma, ¿cuándo las vería? Algo le molestaba.
—¿Cree Kazuma-san que haya que hacer guardias? —preguntó casi sin querer.
—Me pregunto si… Si estas plantas florecerán e-en algún momento… —Una flor en un desierto. Eso sí le parecería poético.
El camino era cansado, pero se mantuvo constante. La arena le disgustaba a Ranko más y más a cada paso. Era tosca, áspera e irritante, y se metía por doquier. El río al lado del cual caminaban parecía mantener el aire lo suficientemente fresco como para no agobiarlos demasiado. Entre alguno que otro comentario, las sombras se acortaron y alargaron, hasta que el sol fue cayendo en el horizonte. Coincidieron en que era momento de parar la marcha por la jornada.
Ranko asistió al peliblanco, buscando entre la escasa vegetación las suficientes ramas para hacer una hoguera. No había mucho de dónde escoger, y le llevó algunos minutos hacerse de la madera necesaria. Cuando la hubieron adaptado al sorpresivo frío que había en el desierto, y Ranko alistaba su bolsa de dormir, se escuchó en el mini-campamento la voz de Kazuma, quien canturreaba algo sobre hombres haciendo un viaje en las arenas del tiempo. Por alguna razón le sonó a una canción bastante masculina. La chica sonrió.
—Ca-Canciones a la luz de la hoguera… S-suena genial —Entonces, la kunoichi vio lo que su amigo había estado preparando: una especie de hamaca entres las palmeras . ¡Woah! ¡Kazuma-san, es genial! Yo… —Miró a su bolsa de dormir, sobre la arena, entre maleza y una palmera joven. No sabía cómo el espadachín había logrado construir eso. Tal vez le preguntaría después —. S-sí. La arena no está caliente a esta hora. ¡Qué interesante la noche en el desierto!
Ranko echó un vistazo en derredor. La luna y las estrellas se notaban hermosas, más que nunca, en especial porque no había nubes que las cubrieran. La temperatura había bajado bastante, al punto en que Ranko se había echado otra muda de ropa encima. Algo que también se le hacía extraño era la ausencia de sonidos de animales. ¿Dónde estaban las aves? ¿Las bestias? Sabía que había criaturas en tal bioma, ¿cuándo las vería? Algo le molestaba.
—¿Cree Kazuma-san que haya que hacer guardias? —preguntó casi sin querer.
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