11/06/2020, 14:33
— Vale, cierra los ojos. Te prometo que no te voy a hacer nada esta vez. Tú cierralos.
No había ninguna masa de agua gigante por allí cercana, asi que no podría tirarla por sorpresa, pensó haciéndole caso. Cuando notó el tacto de sus manos, no pudo evitar ponerse nerviosa; recordaba nítidamente lo que aconteció la última vez que le pidió cerrar los ojos; el tacto, la suavidad, la calidez.
— Ahora, piensa en todo lo que ha pasado desde que llegamos a los dojos. Cuando entraste por primera vez en tu habitación y empezaste a guardar tus cosas, aunque seguramente te tiraste a la cama solo entrar — había acertado de lleno, era como un libro abierto ¿Tan simple era? — Recuerda la primera vez que nos vimos, el primer combate, la primera vez que estuviste en el hospital. Recuerda lo bueno y lo malo, todo es importante — pero eso seguía sin compensar lo estúpida que había sido, formando una pataleta infantil sin motivo alguno. — Sigue al segundo combate, no te olvides de todas las mañanas que entrenamos juntas, aunque aguantabas bastante poco concentrada. Seguro que tú recuerdas cuando yo estuve ingresada mejor que yo. Y sigue con todo hasta aquí, hasta este preciso instante. No abras los ojos todavía.
Y tanto que se acordaba de como daba tumbos y se dormía cada veinte minutos después de despertar, entre balbuceos. Toda esa experiencia le resultaba demasiado extraña ¿A donde quería llegar Hana? Pues el revoltijo de sentimientos que sentía entre sus recuerdos, no terminaba de formar una decisión clara.
— Ahora imagínate cómo hubiese sido si yo no hubiese estado, si en mi lugar hubiese venido cualquier otro ninja de Uzushiogakure. No hubiese ido a buscarte aquel primer día, no habríamos tenido un combate tan desastroso y no habrían habido entrenamientos matutinos ni visitas al hospital. Ahora abre los ojos.
>> ¡Tachán!
— ¿T-Tachán? — dijo sonriente y algo afligida sin saber muy bien porqué; se acarició uno de sus propios ojos, pues se le había saltado una lágrima.
No había ninguna masa de agua gigante por allí cercana, asi que no podría tirarla por sorpresa, pensó haciéndole caso. Cuando notó el tacto de sus manos, no pudo evitar ponerse nerviosa; recordaba nítidamente lo que aconteció la última vez que le pidió cerrar los ojos; el tacto, la suavidad, la calidez.
— Ahora, piensa en todo lo que ha pasado desde que llegamos a los dojos. Cuando entraste por primera vez en tu habitación y empezaste a guardar tus cosas, aunque seguramente te tiraste a la cama solo entrar — había acertado de lleno, era como un libro abierto ¿Tan simple era? — Recuerda la primera vez que nos vimos, el primer combate, la primera vez que estuviste en el hospital. Recuerda lo bueno y lo malo, todo es importante — pero eso seguía sin compensar lo estúpida que había sido, formando una pataleta infantil sin motivo alguno. — Sigue al segundo combate, no te olvides de todas las mañanas que entrenamos juntas, aunque aguantabas bastante poco concentrada. Seguro que tú recuerdas cuando yo estuve ingresada mejor que yo. Y sigue con todo hasta aquí, hasta este preciso instante. No abras los ojos todavía.
Y tanto que se acordaba de como daba tumbos y se dormía cada veinte minutos después de despertar, entre balbuceos. Toda esa experiencia le resultaba demasiado extraña ¿A donde quería llegar Hana? Pues el revoltijo de sentimientos que sentía entre sus recuerdos, no terminaba de formar una decisión clara.
— Ahora imagínate cómo hubiese sido si yo no hubiese estado, si en mi lugar hubiese venido cualquier otro ninja de Uzushiogakure. No hubiese ido a buscarte aquel primer día, no habríamos tenido un combate tan desastroso y no habrían habido entrenamientos matutinos ni visitas al hospital. Ahora abre los ojos.
>> ¡Tachán!
— ¿T-Tachán? — dijo sonriente y algo afligida sin saber muy bien porqué; se acarició uno de sus propios ojos, pues se le había saltado una lágrima.