Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#4
Hyūga Kyoko levantó sus ojos perlados y los clavó en Datsue, luego en Reiji. Pareció encogerse sobre sí misma, retrocedió un paso y juntó los dedos índice de ambas manos.

N... no, lo siento. No está disponible, y lleva ya u-una hora sin poder atender a nadie —tartamudeó—. E-está re-reunido con... con... con... —La chica palideció y abrió mucho la boca, con los ojos clavados en la escalinata de piedra que llevaba pisos superiores—. ¡Ah!

¡ZAPONK!

Como disparada por un muelle, Kyoko dobló el torso en una reverencia exagerada, golpeando la frente contra el escritorio. Todo su cuerpo temblaba, quizás por miedo, quizás por tener que aguantar el dolor sin decir palabra. En el fondo era lo mismo.

Datsue-kun, ¡cuánto tiempo! —dijo una voz conocida, aunque ahora distante en el recuerdo.

¿ConocesaMishiko-sama-dono? —susurró Kyoko, casi incomprensiblemente, con voz de pito.

Tres personas bajaban por la escalinata. La que se había dirigido a Datsue era una Uzumaki de cabello corto, ojos afilados y una sonrisa algo traviesa, aunque ahora el Uchiha no podía evitar fijarse en que estaba torcida. Era como una de esas sonrisas que uno pone cuando un amigo le cuenta un chiste inocente... tras el velatorio de un familiar muerto. Una de esas sonrisas a gusto, pero con sabor extremadamente amargo.

Los otros dos le dedicaron a Datsue, a Reiji y también a Kyoko una pequeña reverencia rutinaria a modo de saludo. Había otra Uzumaki. Sanona. Reiji no la conocía, pero había algo en ella que la hacía extremadamente familiar. El restante, Uzumaki Ryūkajīn, el más viejo y sabio de los tres, lo demostraba como siempre con su barba, larga como la de un mago de las leyendas.

Ya os dejamos a Hanabi-kun tranquilo, no os preocupéis —dijo, serio. Cansado—. Lo siento por lo que tuvisteis que vivir en el Torneo, chicos —añadió, dedicándoles una mirada amable y apoyando una de sus manos en el hombro del Uchiha, específicamente.

Algún día pagarán por lo que han hecho —dijo Sanona—. Pero ahora tenemos que mirar por nuestro país.

Eso me temo. Pero mejor que dejemos que Hanabi se termine por decidir, Sanona. —Sanona asintió, y Ryūkajīn hizo entender a Datsue con un ademán de la cabeza que tenían que marchar—. Si vais a contarle malas noticias, será mejor que seáis suaves con él. Dadle algo de charla antes de nada. Las cosas no están... del todo bien, y ha pasado por mucho últimamente. Lo encontraréis en la sala de reuniones del primer piso.

Los Tres Sabios Uzumaki salieron del edificio cuchicheando entre ellos. Antes de que sus voces se apagaran, llegaron a escuchar:

Una cosa hay que reconocerle. Los tiene bien puestos.

Por la cuenta que nos trae a todos, que así sea. El último deseo de Rasen...

Es el único que puede hacerlo cumplir.
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RE: La flor del cerezo se viste de negro - por Sarutobi Hanabi - 30/08/2020, 22:36


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